sábado, 1 de mayo de 2010

Y más deseos...

He deseado que seas lo único que toque mi piel, con hambre, causando furia en el interior de mis volcanes, con la boca que envuelve mi lujuria y mi locura, mientras yo giro con desesperación por desearte tanto.
He deseado que seas como el viento, que se me envuelva más fuego para quemar la humedad de tu lengua.
He deseado ser una ola del mar, donde tu submarino navega por mi intensidad de sal y agua en ebullición.
Te dejo plantar tu semilla entre mis piernas, para que junto a mi te conviertas eterno, así...


Ana Átman
"Y sentí tu cuerpo desnudo tendido en deseos, pude sentir como te habrías ante mis ojos dejándome profanar cada uno de tus rincones. Sentí mi legua salada recorrer cada esquina de tu cuerpo, en piel abierta e inundada en sales de evidente deseo... Recorrí la profundidad de tu sexo sorbiendo cada pliegue tibio y húmedo en tu piel delicada, mojada, ardiendo en quemante excitación... mis dedos querían grabar en la mente , cada resto de piel ungida en sangre, resultando en ebullición, los aromas guardados después de sueños eróticos, donde el sabor escapaba entre tus labios, donde tu piel endurecida por la pasión, hacían de mi boca el caudal irrefrenable de néctar salobre, como olas de mar en inquieta tormenta... y luego de abrir tu imaginación, y ablandar los caminos más ajustados, penetré entre tus nalgas liberando tus gemidos de deseo y dolor... te deshacías entre mis besos, te abrías ante mis jadeos de inmensurable profundidad, dejando escapar los gritos y jadeos de aprobación a cada embestida... rendida a cada uno de mis caprichos y deseos... mis dedos se introducían entre los tibios pliegues vaginales haciendo que tu cuerpo temblara mientras tus labios se apretaban y gemían palabras gemidas inentendibles y borrosas ante los observadores nocturnos que disfrutaban de nuestro placer salvaje y animal... hasta que por fin se liberaron los ríos contenidos dentro de tu alma mojándolo todo... mientras yo desaparecía en cremosos y líberos gritos de éxtasis, habías sido mía en toda tu extensión. te había poseído como un demonio angélico.... y había abierto tu mente a los deseos más básicos de una mujer...ser poseída entera por la fiera de un macho hambriento... luego vinieron las caricias sobre tu piel, y tu corazón bajaba el ritmo para dejarse llevar por mis labios entre sueños y susurrados gemidos ronroneados a mis oídos, como una gata satisfecha y furiosamente derrotada por la virilidad de una amante extinto."
Don Juan De Marco.