Seducidos

sábado, 8 de octubre de 2016

Mis juegos con Elena, (una vez cuando niños).

Cuando su cuerpo salió del agua, las telas de sus bragas se habían adherido a su sexo llano y puro. Mi ojos no querían alejarse de esa hermosa visión... sus brazos se cruzaban cubriendo sus nacientes pechos, y dos casquillos empezaban a brotar. El frío le hizo pedir que le abrazara, sin lugar a dudas, lo más exquisito que había he hecho en mi vida. Y nos fuimos recuperando del frío, a la espera de que nuestra ropa interior se secara, con el poco sol que iba quedando.
Sus dedos empezaron a juguetear con su sexo, y sus piernas se fueron abriendo al baile de sus dedos, yo estaba extasiado. Su rostro, no se, si se desfiguraba o tomaba la forma más exquisita que había visto. Ese Brillo en sus ojos, y la delicadeza con que lo tocaba, cada movimiento parecía suceder en otra dimensión. Sus dientes se dibujaban apretando sus labios y su rostro se fue languideciendo de a poco, sus ojos se cerraban a cada caricia que ella le daba a su sexo. Sus pequeños pezones se disparaban y sus pechos se redondeaban. Su vientre dibujaba bellas figuras serpenteantes. Los gemidos eran dulces ronroneos. 
Su espalda se apoyó sobre mi, y su calor fue mojando mi cuerpo...el ritmo de su corazón era increíble, ese olor que sentía en el aire me envolvía. Llevó uno de sus dedos a mis labios y me hizo probar y oler, yo reía nervioso pero encantado de su fragancia... de pronto, su cuerpo se dobló y un gemido se ahogó entre sus labios, su cuerpo temblaba como una hoja en otoño queriendo escapar de las ramas, y tendiéndose sobre mis rodillas me pidió que agitara mi sexo hasta que yo sintiera lo mismo... a los pocos instantes, el semen brotó entre mis dedos saltando lejos, y parte de él, cayendo sobre sus manos que me acariciaban las rodillas... Ambos nos sorprendimos del resultado de ese juego... y se quedó mirándome a los ojos un poco asustada...
Con eso, que parecía denso al tacto entre sus dedos... luego una risotada saltó en el aire ... y ella se llevó los dedos a la boca para probar su sabor...

Juan De Marco

El Castigo y el perdón...

Dejé que mis dedos se deslizaran sobre su sexo abriendo las carnes enojadas, sentí como sus armas se rendían, y volteaba para que mis dedos gozaran de su piel, hasta que sintió los dedos dentro, y un gemido marcaba su rendición... pero su soberbia merecía un castigo... y antes de encender un orgasmo entre sus piernas, subí delicadamente por su vientre, mientras dejaba que su sexo se enfriara para atacar a sus senos descuidados y duros, y manipulando los pezones  como perillas, hice que su agonía fuera aún más larga, para volver a bajar por su vientre acariciando cada espacio de su piel... la rabia la consumía, porque era tan débil.
Ella quería que todo fuera más rápido para explotar y voltear hasta el otro día y no hablarme por un largo tiempo. Tenía rabia, pero esos dedos la derretían...y su ofuscación se transformó en jadeos...
La luz permanecía apagada, eso ayudaba a que su excitación no se notara, escondiendo su delirio... Quiso por un instante voltear para seguir con el castigo que se había propuesto cumplir, pero al sentir mis ágiles dedos detuvieron el movimiento sosteniéndole los muslos, y la mano se posó de lleno en su sexo apretado entre sus piernas, las que volvían a separarse encendiendo su delirio... los dedos no dejaban de buscar la humedad y fueron abriendo su vulva que se entregó levantando la bandera blanca...La rabia se volvió gemidos entonces, y su vagina se abría para someterse al motivo del castigo que quería imponer, pero la rabia se rinde al deseo, y se deja ultrajar por los dedos del que le desea. Ese hombre que somete con amor a las débiles carnes de su verdugo...

Juan de Marco

La viuda.


"...Mis manos separaron las telas del escote, para liberar sus senos llenos de deseo, y beber de ellos cada gota que emergía aprisionada por el tiempo, su cuello entregado a la caricia de mi barba des afeitada, fue convirtiendo la piel mustia en arroyo vivo, y el sudor volvió a aparecer en su cuerpo. Esos labios que sólo sabían de llanto, volvieron a descubrir los gemidos... y esa nariz siempre mojada, se secó para volver a sentir la fragancia y el sudor vivo de una nueva piel. 

Sus ojos cristalinos volvieron a tomar vida, y ya no se cerraban sólo para dormir la tristeza, sino que para dejar que las sensaciones le ahogaran cada lágrima y convertirlas en luces que se iban prendiendo en su interior, volviendo a chispear alegremente en el globo de sus ojos.

Fue así como su cuerpo volvió a sentir el deseo, hasta que sintió que la daga le separaba la piel para volver a sentirla viva dentro de sí, fue cortando los hilos de su tristeza para transformar sus murallas secas en manantiales de aceites untados por el deseo y suavemente sintió que la muerte la alcanzaba para volverla a la vida... entonces la otra imagen volvió al espejo para reflejar la alegría de sentirse una mujer deseada y complacida, que había borrado su tristeza... "

Juan de Marco... y la viuda.

La espera...

Me aferré a tus nalgas, mientras tus dedos, lo acomodaban entre los muslos, duro y desafiante... no decías nada... Mi sexo buscó entre tus labios vaginales, sin entrar, sólo resbalando entre tus carnes, dibujando cual pincel, lo resbaladizo de tu sexo, el que acoplado a mis deseos, resbaló por la vertical mojada hasta rozar el fruto almendrado que guardabas dentro, que ya se disparaba endurecido por las caricias... El vaivén de mis caderas acompañaba las delicias del  deleite que sentías.  Untado en tus fluidos, fue mojándose entre tus piernas apretadas, bañando de  húmedad tu piel mojada.
 La sensación exquisita que sentía, luego de la larga espera, hacía que lo resbaladizo del sendero, endureciera e hiciera palpitar mi cabeza  que fue llenándose de sangre para satisfacer el deseo que te consumía ... El baile frenético de mi cuerpo fue anunciando en húmedos fluidos, el fin de unos meses sin tocarnos. Tus nalgas se pegaron a ese ritmo de locura y frenesí, levantando tu pierna sobre mis caderas, permitiste el paso para desapareciera dentro, apoderándome de tu deseo, y palpitando, hizo que este reventara derramando el viscoso néctar entre tus piernas, las que no dejaron de moverse empapadas por la excitación, hasta clavarse la punta fuerte empujando tu clítoris deliciosamente para derramarte conmigo adentro...

Juan De Marco

Al amanecer...

"...Cuando sentí que su boca se abrió reclamando placer y sus piernas chorreaban, la di vuelta hacia el espejo y entré lentamente entre sus carnes, sacando lágrimas de sus ojos envueltos en rubor , y la embestí profundamente... mientras ella miraba en el espejo su rostro desfigurado de deseo ... arremetí contra ella hasta arrancar una seguidilla de orgasmos a cada embestida... finalmente mi cuerpo soltó todo el ardor que ella había acumulado en mi cuerpo durante la noche... ambos terminamos de rodillas en el suelo, tratando de recuperar el aliento, mientras, unas seguidilla de gemidos y jadeos se sucedían unos a otros..."

Juan De Marco

A la luz de la ventana.

"
Su cuerpo esta agitado, su deseo no la deja respirar y la levanto apoyándola en la ventana, entro suave entre sus piernas... gime y susurra delicias entre jadeos ahogados, entonces, su vientre tiembla... una y otra vez... su excitación no se deja esperar, y mis entradas hacen que su cuerpo reaccione... salgo y meto mi boca entre sus piernas, succiono suavemente su piel... explota... y su cuerpo se entrega a las delicias sin oponer resistencia... los orgasmos se suceden uno a uno, y antes de que su cuerpo se reponga vuelvo a entrar en ella con un sexo erguido... y profundamente me apodero de ella... sus nalgas se aprietan a la ventana... y sus senos golpetean mi boca... sorbo las gotas que corren mientras su cuerpo empaña el vidrio... hasta que su cuerpo resbala y cae al suelo extenuado... mis ojos no dejan de mirar el mar y su boca vuelve a cogerlo... lame suavemente sintiendo su olor y gusto en su rostro... es su olor, es su gusto mezclado con el mio... vuelvo a derramarme en su rostro... ríe nerviosa, pero no deja de volverlo a llevar a sus labios hasta extraer la última gota... el termostato marca 35º y yo me deshago entre sus labios una y otra vez... vuelvo a la cama y me recuesto desnudo, ella reposa sobre mi cuerpo manteniendo su boca ocupada con mi sexo, y juega a verlo desaparecer... llueve.. detrás de los cristales ... llueve..."

Juan De Marco

Amanteseres...

Sus bragas delatan , el encaje negro se despide de su cuerpo y recorre sus piernas llegando a sus tobillos, sus piernas se doblan y con las manos se quita la prenda completa, se levanta y recorre desnuda la habitación, sus nalgas tiemblan a cada paso, camina hacia mí y abriendo las piernas, se sienta a horcajadas , puedo sentir su aliento dulce y cálido bajando por mi cuello, me abraza, y baila sobre las telas delgadas de mi pantalón, dibujando con su sexo el mío, como si dos engranajes ensamblaran delicadamente. Mi erección siente su cuerpo y despide unas gotas, ella me recorre con la mano sobre las telas, cada detalle de mi Verga, despega las braguetas, y mete sus bragas para seducirme sin clemencia, sus manos entran delicadamente con ellas y tantean el flujo que que cae sutilmente, dibujando con sus dedos su erecta figura. 
Se levanta y vuelve nuevamente a la cama, desordena las sabanas enredándolas entre sus piernas, su sexo puede verse desnudo y abierto por fugaces momentos, cuando la luz blanca de la ventana golpea su desnudez. Sus pechos son perfectos y sus pezones están erectos al sentirse observada, la canción termina, la aguja vuelve a su lugar. Ella hace una reverencia y se despide aventando besos el aire. 

Juan De Marco

La maestra.


Cuando se acerco a mi, sentí que mis piernas temblaban. Sus manos acariciaron mi cara con suavidad, sentía como limpiaba mis deseos al roce de sus dedos, largos y suaves. Me tomó de la mano llevándome a su habitación. Al desnudarme lo hizo con ternura y cariño, dejando deslizar la ropa sobre mi cuerpo. Sus manos tibias recorrían mi cuerpo, sus dedos iban dejando la huella sobre mi piel, mis vellos se erizaban al roce.

Mi sexo se erguía como un bastión, sus labios recorrían mis pechos con dulces besos mientras sus manos iban descubriendo mi cuerpo. Al quedar desnudo, sus labios fueron surcando el camino al deseo, cada pliegue de piel se abría al depurado rozar de la suya contra la mía. Hilos de saliva iban marcando cuidadosamente su recorrido, como telarañas transparentes, se tejían, queriendo atrapar mi sexo en una cárcel de seda. 
Palpitante mi verga se contraía a sus caricias, sin ella haberla tocado, como una rama azotada suavemente por un riachuelo. buscando ser acariciado por las tranquilas aguas.

Sobre mi cuerpo, a horcajadas, se podían ver sus senos tempestuosos y la caída hasta sus caderas. Ante mis ojos, desnudando su piel, su corsé, se habría tira a tira cuando sus dedos desenredaban el complicado laberinto de sujetadores, que con gran esfuerzo lograban contener los abultados senos. Las aureolas de sus pezones se dejaban ver adornadas por encajes, que al soltarlo, dejó rebotando sus senos por un instante llenando un gran vacío. Los posó delicadamente sobre mis labios ofreciendo su néctar, semitransparente y blanquecino, dos gotas asomaban sobre sus puntas como perlas, los que fueron succionados por mi sedienta boca. Sus pezones eran duros como copas de mármol, oscuros y enrojecidos. Las gotas brillaban contra la luz tenue del cuarto. Bebí de ellos succionando gota tras gota, hasta liberar finos chorros que se disparaban sin dirección mojando mi cara. Tomando mi cabeza, me deslizó por su vientre, donde la suavidad de su piel acariciaba mis mejillas, que se iban humedeciendo entre el sudor y su deseo. Mis labios temblaban, hasta quedar entre sus piernas. Quise ir a su sexo, pero ella hábilmente me llevó entre sus muslos que deseaban ser besados antes que llegara ahí.
 - aprende lo que deseamos las mujeres.- Me desconcertaba, pero a la vez me fascinaba su forma de dirigir.
Su piel brillante por el sudor, me agitaba. Disfrutaba cada uno de los surco, que afloraban


como delicadas lineas, marcando la frontera entre el goce y el placer.
Sus piernas se fueron abriendo lentamente empezando a revelar sus secretos. Sus labios se hinchaban al roce de los míos, cada surco era dibujaba por mi lengua. Las gotas de sudor bajaban por su cuerpo, y eran recogidas suavemente por mis labios, como queriendo beber de sus pecados, los que brotaban uno tras otro, suplicando que me acercara a la miel de su carne. Sentí como su sexo buscaba mis labios intensamente, retorciéndose entre jadeos y gemidos. Finalmente ante mi, brillaban sus labios vaginales despegándose con hilos sedosos, y densos hilillos de fluidos que emergían del interior. Su apretada vulva, se dilataba, dejando ver su interior, pardo rojizo y bañado de miel, los que mediante sus brillos iban liberando la pequeña cabeza de oro, que asomaba tímidamente entre los pliegues húmedos. 
Mi lengua terminó se romper los hilillos que quedaban vírgenes,  rodié envolviendo la cabecilla entre mis labios succionando suavemente, su cuerpo se estremecía, dejaba correr un liquido que chocaba con mis pestañas provocando un intenso ardor, sus vellos púbicos se enredaban entre mis dedos dibujando el promontorio monte de Venus, donde caían sus deseos palpitando, dejándolos untados, mientras mi lengua jugueteaba entre sus carnosos deseos separando los labios. lamiendo y recogiendo el manantial que emanaba de su interior. Entre jadeos y gemidos su espalda se retorcía clamando para no detener el flujo de placer que brotaba, sus manos sujetaban mi cabeza entre sus labio aplastando su sexo contra mi rostro, su espalda se dobló bruscamente liberando toda la energía por su columna vertebral, hasta reventar entre gritos de placer. 
Me reincorpore enterrando mi sexo en ella, la que empujaba suplicando suavidad, pero embestí con fuerza hasta topar el último rincón de su alma, separando con violencia sus piernas bañadas de sudor, y me dejé caer sobre su vientre mordiendo sus labios bañados de saliva seca, arrancando y ahogando con frenesí, cada grito y gemido de su boca. Mi cuerpo batía el suyo sin piedad,  hasta reventar dentro de ella liberando mi energía  y mis horas de espera, para aprender de sus muslos los mil secretos que escondían, hasta caer sobre sus pechos hinchados de los que aún brotaba leche a goteos intermitentes. Finalmente tranquilizamos nuestros cuerpos entre besos y caricias dormidas de placer.

Don Juan De Marco "Donde se abren los labios de una mujer, siempre habrá sed, y un gusto que guardarás para siempre en tu memoria"

Blasfemia.

Su pasión por cristo lo traía a la vida para convertirlo en carne, beber del sudor de su cuerpo. Los labios de la monja circundaron los pezones del Cristo. La religiosa extasiada por la aparición demostraba su adoración bajando con su boca por el cuerpo que no dejaba de temblar entre sus dedos, hasta colgarse del genero que cubría el sexo sagrado de aquella imagen, que tantas veces había imaginado en sus sueños. El vientre de Cristo entumecido por los labios de la monja se convertía en agua, mientras su sexo erecto se dejaba ver sin pudor en gloria y majestad. La monja temblando entre sus dudas, lo rodeó con sus dedos para sostener el sagrado miembro del que nunca se había hablado, y menos , alguna vez blasfemado. Tirando de la delicada piel que le cubría, lo besó con pasión y deseo, mientras que de los labios del Cristo hecho carne, se escapaban delicados gemidos. Con ternura y amor, casi mágicamente, los dedos de la monja liberaron, clavo a clavo, las manos y pies del Cristo, que ya habían dejado de sangrar, y apoyando las perforadas manos en sus pechos, dejó que los delgados y finos dedos la desnudaran. La monja mordía sus labios dejando que el amor que le profesaba, hinchara sus senos y emergieran sus pezones levantados por el deseo, los que se fueron endureciendo entre los delgados dedos de Cristo. El hábito que cubría su cuerpo se fue deslizando por sus hombros hasta mostrarse en completa desnudez ante los ojos llorosos de la imagen convertida, ella se arrodilló, acercó su rostro hasta el sexo endurecido, para delicadamente tragarlo con deseo.
Don Juan De Marco

El último Deseo.


Las piernas separadas de Andrea, clamaban mojadas. El ying y el yang en perfecta armonía, buscaban sus sexos, ambos estaban bebiendo la energía del otro mientras sus cuerpos se dejaban beber mutuamente. Los que se convertían en lágrimas de deseo al engullirse. Ella, al deslizar sus labios por el duro miembro erguido por las venas llenas de sangre, él, entregado a los de ella, que engullía como una fruta jugosamente abierta por sus caricias y el juego de sus labios. 
Cada embestida de su boca, iban doblando las rodillas de Marco , quién la sujetaba en andas sobre sus hombros, hasta que por fin liberaron todas sus bendiciones en la boca de Andrea, la que al sentir el caliente zumo que escapaba y la enmudecía, caía extasiada sobre el frío suelo de roca, dejando abiertas sus piernas para ofrecer su cálido interior santificado por las promesas de fidelidad y sacrificio. Al despertar del éxtasis, sintió como el sexo duro de Marco le poseía. Angustiada por el deseo que sentía, dejó que su cuerpo bañado en fluidos, se entregara a la intensa penetración, y abriendo sus labios gimió su nombre:
-Marco......
Los delicados y celestiales movimientos en su interior, fueron sofocando su corazón, y entre contracciones y gemidos el aire se fue de su vientre para explotar en placer, espasmos y jadeos.... hasta que su corazón se detuvo para siempre...


Juan de Marco

La ducha.


Ella, tiró de la sabana, para dejarme desnudo y expuesto. Miró fijamente mi sexo en erección, se agachó para alcanzar mis labios, mientras mis manos daban exquisitos masajes en sus senos,  rozando sus pezones con delicadeza. Pero no quería detenerme ahí, y la tomé con fuerza tirándola encima de mí, procurando que su sexo quedara en contacto con el mío, y mis manos pudieran disfrutar de sus nalgas redondas y tiernas, las que apretaba con suavidad procurando que sintiera mis manos sin dañar su piel. La tendí sobre el colchón, y entre con mi rostro entre sus piernas apenas rozando su sexo húmedo, estaba mojada, extasiada por mi ímpetu y deseo… hasta que alcancé su clítoris, el que se fue hinchando entre golpeteo y chasquido de mi lengua, le vi crecer, le sentí mojarse, sentí como su sexo se convertía en charco, empujaba para que yo pudiera profundizar en su interior. Su fragancia era intensa y su sabor empalagoso… denso.. pero tan suave como jamás le habría podido adivinar. Su vientre se batía entre contracciones,su voz parecía desaparecer a ratos, y sus senos al masaje de mis manos, se fueron endureciendo, creando una locura en mi mente, mientras mis dedos torneaban sus pezones endurecidos para soltarlos y estirarlos suavemente mientras crecían duros entre mis dedos. Mi lengua quería separar y entrar lo más adentro que se podía, ella jadeaba y gemía de placer hasta las lagrimas, mientras su corazón amenazaba con escapar entre sus senos… su vientre era una serpiente enloquecida, que no dejaba de contraerse ante las abatidas de mi boca que no dejaban de saborear el manjar que más le apetecía, la miel más pura que jamás probaría, los gritos y jadeos se apoderaron del viejo cuarto, su cuerpo agitado hacía gruñir el somier, el bronce golpeaba las murallas, luego una corriente de néctar empapó mi garganta, me baño en miel espesa, ahogándome hasta la locura… abrí sus piernas y me deslicé dentro de ella hasta topar el fondo acerado y mojado de su interior… y baile mientras ella jadeaba y gritaba de placer, agarrada a mis nalgas las que  rasguñaba desesperada, clavando sus uñas en mi piel, hasta lacerar mis duras nalgas que no dejaban de clavarse en ella, hasta que por fin exploté dentro de ella soltando todo el caudal  que había retenido mientras  se bañaba y preparaba su sexo bajo las aguas de la ducha para mi… 

Juan de Marcos.

Taurus y Arkantis

La tendí delicadamente sobre la cama, y mis manos recorrieron su cuerpo llegando a sus pechos. Los presioné con fuerza espculpiéndolos con mis dedos, hasta terminar con un ligero pellizco en sus pezones. Me alejé de ella para desnudarme y asegurándome, que sus ojos, en un acto vouyerista, no se perdiera detalle. En la cama una vez desnudo, tomé las caderas de Arkantis para traerla hacia mi, y abriendo sus piernas e introduciendo las mías entre sus muslos, dejé caer mi sexo sobre el suyo. Comenzó a sentir como entraba dentro de su cuerpo y salia de ella mientras presionaba con fuerza sus senos. Arkantis, no soportaba las ganas de gemir y de gritar.... Doblé mi espalda hasta alcanzar su cuello y la besé apasionadamente hasta alcanzar con mis labios sus pezones, los que rozaba con mi lengua, hasta que mis dientes empezaron a morder, mientras la penetraba. Su deseo cada vez era mayor, jadeaba con fuerza y contenía el aire en cada embestida mientras la devoraba, y anunciándome su orgasmo, mientras su cuerpo se contraía, salí de ella con fuerza alzando mis caderas, expulsé todo el semen como blanca espuma sobre sus pechos, al tiempo que ella convulsionaba de éxtasis contrayendo su vientre como las olas del mar y soltando ahogados gemidos enajenados de delirio, mientras los fluidos que caían sobre sus senos recorrían su torso desnudo y agitado hasta depositarse en su ombligo, donde quedaban atrapados y esposados a la vez que nuestros cuerpos caían agotados por el deseo esparramado por todos los rincones de la cálida habitación ..
Delirios de Juan De Marco

Shang Yue...La perla

Las manos de ambos no permanecían sordas; parecía que ambos sabían que el tiempo apremiaba y no querían perderle. De un giro brusco, la puse de espalda y hacia la pared, subí el kimono empinando sus nalgas y bajé para lamerle el sexo donde el néctar, fluía entre sus piernas marcando las telas de la delicada prenda de seda que le protegía. Mis manos, empujaron entre sus piernas, para acariciar por encima de las bragas mojadas. Ella , jadeaba y gemía complacida... extasiada. Bajé mientras sus piernas temblaban y ella ayudándome a quitarlas, movía las piernas para facilitarme las cosas. Las bajé hasta sus rodillas, para emerger entre sus piernas y comerle el bulbo abierto introduciendo mi lengua a pulsos. Húmeda, emanaba fluidos desde el centro de su alma, aumentando aún más el lívido de la asiática. Sang Yue, se puso en pompas, semi horizontal, apoyada sobre el mesón, con las nalgas abiertas y abrió aún más las piernas para suplicar que le entrara con violencia, facilitando todo con esa posición. Tomando mi sexo, lo colocó ayudándose de su mano y la clavó con un impulso brusco, empujando todo su cuerpo hacia mi. Entregada al deseo, empezó a mover sus caderas mientras yo embestía entre sus piernas, empujando sin parar.
No podía sujetar las ganas de gritar por el placer que estaba estaba sintiendo, por lo que le tapé su boca con la palma de la mano, mientras la seguía enculando. Justo en el mismo momento que iba a explotar, vuelve a entrar la mujer, y al verla Sang Yue, soltó un orgasmo entre delirios y jadeos de placer, arrancando mi sexo y haciéndome acabar encima de sus nalgas abiertas, y en su desesperación por salir, tropezó cayéndose encima de un montón de barreños y palanganas que se encontraban detrás del mostrador, formando un desorden y estruendoso ruido ante el rostro de la sorprendida mujer.

Don Juan de Marco

viernes, 7 de octubre de 2016

Extraños...

Me miraba con unos ojos asustados he inquietos... mis pasos lentos sólo resaltaban bajo mi pantalón un alborotado sexo...hasta que posó  sus manos con impecable destreza y con un ligero apretón, susurró palabras de agradecimiento a quien me había traído hasta ella. Abrió lentamente la cremallera, y sacándolo de entre las telas, sus dedos lo recorrieron suavemente, como dibujándolo en su memoria... me acerque aún más a ella, y la dejé acariciar todo, sus manos eran verdaderos pinceles recorriendo mi sexo  erecto  frente a sus ojos. Mis rodillas se doblaban, tras cada roce de su boca, y mi corazón se apretaba dentro asfixiando mis pensamientos...
Entonces me dejé caer en su lecho, Ella como serpiente se fue enredando en mi, deslizando su ardiente cuerpo sobre mi piel... como si estuviera bañada en aceites. Mientras ella se deslizaba, mis manos acariciaban sus tibias nalgas y mi nariz, aprovechaba sus fragancias... ese particular olor formado por deseo y sudor. hasta que por fin nuestras bocas se acomodaron para beber mutuamente de nuestros cuerpos.
 Gozar del sexo del otro,  compactarse en exquisito vaivén como dos engranajes moviendo la fuerza del deseo.... los gemidos de ambos, acallaron las olas e hicieron desaparecer el mar. Eramos sólo nosotros, bebiendo de nuestros sexos mojados...temblábamos como niños en su primera vez, no nos conocíamos, pero sabíamos exactamente que hacer. Cada movimiento, cada caricia, cada beso...caían justo donde tenían que caer. Y luego como si fuéramos velas encendidas, nos fuimos mezclando entre aromas y sabores. Los jadeos y orgasmos, se desprendían de nuestros labios mientras absorbíamos las energías emergentes de dos cuerpos excitados, sobrepasados por el placer de bebernos, y se acercó a nuestras mentes el éxtasis de un pronto orgasmo. 
Entonces se tendió en la cama y abrió sus piernas de para en par, para que yo entrara en ella, aún entre temblores, y mi cuerpo se hizo al de ella, para resbalar a su interior quebrando las barreras de la angustia y el deseo, que ambos rogábamos obtener... y caímos en el abismo, eructando orgasmos que se sucedieron uno tras de otro, hasta caer extenuados entre las sábanas desordenadas, donde se había conocido el deseo de un encuentro de dos desconocidos.....
Don Juan... a ciegas,

De niña a mujer.

...Abrió sus piernas, dejando resbalar la punta de su lengua, entre las carnes agitadas, recorriendo, desde la base de la húmeda caverna del amor, entre las carnes trémulas, hasta la rozada y suave cabecilla que era ahorcada por labios llenos de deseo, creando convulsiones en el vientre de la primeriza, haciendo temblar el frenillo en delicioso compás. Mientras por la comisura de los labios corría lascíba y cálida, la sed de conocer la vid del deseo que generaba el fuego interior. 
La lengua , volvía a bajar por el mismo sendero... encendiéndola cada vez más y haciendo desaparecer a la niña. Su sexo se iba dilatando, dejando chorrear el viscoso deseo. Las manos no tocaban ni un pelo del cuerpo, sin embargo, su lengua la hacía fallecer entre súplicas pidiendo de una vez, ser poseída, y volvía hasta el clítoris de la princesa, para golpetear en apasionados compases la carne débil que emergía entre sus pliegues, dejando caer la cálida saliva en la encendida y rozada cabecilla, tornando suave el suplicio entre sus labios. Se estremecía por la excitación, gemía y corcoveaba entre los fuertes brazos del amante profesor, hasta que por fin dejó escapar el silencio, y gritando del placer, expulsó sus jugos más íntimos y empalagosos, explotando su piel, y cayó entre las convulsiones sobre la húmeda tierra a orillas del río, hasta conocer el primer orgasmo de su vida.


Don Juan De Marco.

Betsabe, la flor gitana.

"Betsabe, más decidida que nunca, abría sus piernas para exhibir sus muslos que iban a terminar en su rosado sexo, sus manos acariciaban su propia piel y sin despegar sus ojos de Marco, subía cuidadosamente sus faldas para dejarse ver. Sus labios vaginales brillaban al sol, donde cada rayo se reflejaba sobre la humedad que escapaba entre sus piernas. Las abría y cerraba, mientras su vientre temblaba, para expulsar su dulzona fragancia, revoloteaban inquietas cuando sus dedos apenas se acercaban. Marco alzó su vista, el cuerpo de la gitana se estremeció, y sin control empezó a temblar desde su interior. Sin hacer mueca visible, fijó la vista en la piel de cobalto que mostraba Betsabe entregada al roce de sus dedos. Marco, apretando sus dientes y mordiendo sus labios, se acercó a las piernas de la gitana, y sin decir nada, las separó con sus fuertes manos, dejando que su rostro se hundiera entre los muslos de aquella excitada ilusionista llena de deseo, para dejar que sus mejillas se deslizaran por la suave piel de la hembra en celo, hasta que su nariz, se fue a posar en el sexo mojado y ardiente, que sin pudor empujaba su sexo hacia él para sentir su aliento. El cuerpo de la muchacha se quebró en jadeos y un suave gemido se arrancó de sus labios entregada a los goces de los labios de Marco, hasta deshacerse entre ellos..".

Don Juan De Marco.