viernes, 7 de octubre de 2016

De niña a mujer.

...Abrió sus piernas, dejando resbalar la punta de su lengua, entre las carnes agitadas, recorriendo, desde la base de la húmeda caverna del amor, entre las carnes trémulas, hasta la rozada y suave cabecilla que era ahorcada por labios llenos de deseo, creando convulsiones en el vientre de la primeriza, haciendo temblar el frenillo en delicioso compás. Mientras por la comisura de los labios corría lascíba y cálida, la sed de conocer la vid del deseo que generaba el fuego interior. 
La lengua , volvía a bajar por el mismo sendero... encendiéndola cada vez más y haciendo desaparecer a la niña. Su sexo se iba dilatando, dejando chorrear el viscoso deseo. Las manos no tocaban ni un pelo del cuerpo, sin embargo, su lengua la hacía fallecer entre súplicas pidiendo de una vez, ser poseída, y volvía hasta el clítoris de la princesa, para golpetear en apasionados compases la carne débil que emergía entre sus pliegues, dejando caer la cálida saliva en la encendida y rozada cabecilla, tornando suave el suplicio entre sus labios. Se estremecía por la excitación, gemía y corcoveaba entre los fuertes brazos del amante profesor, hasta que por fin dejó escapar el silencio, y gritando del placer, expulsó sus jugos más íntimos y empalagosos, explotando su piel, y cayó entre las convulsiones sobre la húmeda tierra a orillas del río, hasta conocer el primer orgasmo de su vida.


Don Juan De Marco.

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En mi jardín el deseo no tiene límites.