viernes, 7 de octubre de 2016

Betsabe, la flor gitana.

"Betsabe, más decidida que nunca, abría sus piernas para exhibir sus muslos que iban a terminar en su rosado sexo, sus manos acariciaban su propia piel y sin despegar sus ojos de Marco, subía cuidadosamente sus faldas para dejarse ver. Sus labios vaginales brillaban al sol, donde cada rayo se reflejaba sobre la humedad que escapaba entre sus piernas. Las abría y cerraba, mientras su vientre temblaba, para expulsar su dulzona fragancia, revoloteaban inquietas cuando sus dedos apenas se acercaban. Marco alzó su vista, el cuerpo de la gitana se estremeció, y sin control empezó a temblar desde su interior. Sin hacer mueca visible, fijó la vista en la piel de cobalto que mostraba Betsabe entregada al roce de sus dedos. Marco, apretando sus dientes y mordiendo sus labios, se acercó a las piernas de la gitana, y sin decir nada, las separó con sus fuertes manos, dejando que su rostro se hundiera entre los muslos de aquella excitada ilusionista llena de deseo, para dejar que sus mejillas se deslizaran por la suave piel de la hembra en celo, hasta que su nariz, se fue a posar en el sexo mojado y ardiente, que sin pudor empujaba su sexo hacia él para sentir su aliento. El cuerpo de la muchacha se quebró en jadeos y un suave gemido se arrancó de sus labios entregada a los goces de los labios de Marco, hasta deshacerse entre ellos..".

Don Juan De Marco.

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En mi jardín el deseo no tiene límites.