jueves, 2 de noviembre de 2017

Humedad en su vientre.

Ella olía a cipreses , a helechos, a humedad... su cuerpo sudaba fresco. Podía sentir su fragancia mustia, como si ,el moho el paisaje se apoderara de ella, cuando me envolvía con sus brazos... Entonces, parecía poseer toda esa fragancia que se siente al sur del mundo, perdido en la patagonia, donde la Lenga y la tierra siempre permanece mojada, donde las maderas se asomagaban descomponiéndose entre las hojas eternas y acumuladas. 
Sin embargo, al acariciar su cuerpo, deslizándome por su piel, esa humedad se volvía tibia y fuerte. Ella sudaba deseo, sus piernas me ataban a sus caderas y el olor de sus piernas abiertas, me indicaba la huella que debían dejar mis besos. Su humedad lo mojaba todo, nada obligaba ni pedía, su cuerpo se dejaba amar sin condiciones, entonces apretaba sus muslos y me encadenaba a su sexo. Sus lagrimas de deseo, que aparecían de lo más profundo de la cavidad de su sexo, me encarcelaba entre las sabanas, mientras sus gemidos y jadeos se ahogaban en su garganta, como gime el viento frío del sur cuando se acerca el verano... 
En su cuarto colgaban los cueros recién curtidos que ahogaban la humedad que salía de su piel. cada vez que embestía, entre sus piernas aumentaba el calor en la pequeña habitación, donde los viejos maderos de verde Coigüe crujían, actuando como cómplices, escondiendo sus gemidos después de cada orgasmo... entonces y sólo entonces... ella me volteaba dejándome caer, para luego, montándose sobre mis caderas y en ritmo cadencioso, buscaba el mio empujando con sus caderas y resoplando suavemente, esperando los temblores de mi cuerpo que anunciaban, que el amante pasajero, entraba en el delirante camino a su propio orgasmo, deshaciéndome entre sus piernas, jadeando cada tres o cuatro balanceos y empujando  sus caderas hacia mi... 
El salvaje ritmo aumentaba junto con el ritmo hilarante de sus caderas, la que le habían deseado,
desde el otro lado de la barra, mientras sus labios se apretaban, los hielos se golpeaban entre si:,Esa mujer cabizbaja y sombría, la que  me miraba con ojos lujuriosos, mientras sus labios se humedecían a cada sorbo del fuerte brebaje, me calentaba por dentro. En ese momento fue cuando decidí que esa noche no dormiría solo. 
De pronto sentí que volvía entre las sabanas revueltas y los jadeos de aquella salvaje, que me había encontrado momentos antes entre las sombras del bar, al otro lado de la barra, y que descaradamente me había insinuado escaparse a tener sexo . Entonces al sentirla que se venía  y explotaba, me dejó llevar elevando sus gemidos y dejándome abusar . Luego, llegaría la flojedad tibia entre la aspereza de la manta y una espalda muda que me dejaba vestirme y que me fuera cuando quisiera.
Al día siguiente sólo guardaba un escaso recuerdo de su rostro en la cálida pieza de mi hostal , pero su olor estaba impregnado en mi, en mi cuerpo, en mi piel y una extraña sensación me tranquilizaba, aunque no sabia como había llegado .ahí, y sólo escuchaba la algarabía de las Bandurrias, Tiuques y Halcones que me llenaban un amanecer diferente.

Juan de Marco, perdido en la patagonia.

lunes, 23 de octubre de 2017

Mary de Venus

...y frente a ella, tan llena de contradicciones y recetas para huir de mi, me acerqué mirándola a los ojos, puse mi dedo para hacerla callar entre sus labios y baje lentamente el dedo por el cuello buscando la profundidad de su escote. Ella trataba de seguirlo con su vista, pero al entrar en su escote, elevo su mirada a las alturas dejándose llevar por el momento... sus defensas estaban quebradas, subí por los tirantes de su vestido, y con un ligero movimiento, deslice la tela por sus hombros hasta ver caer el vestido frente a mis ojos. Sus senos estaban indefensos, y una lagrima de sudor corría desbocada hasta caer por su escote, hasta perderse libremente entre sus senos.
 Mi mano no tardo en bajar deslizándose por su piel hasta medir la copa de sus pechos, mientras ella cerraba los ojos para dejar desnudo e indefenso su cuello para que bajara con mis besos. La atraje hacia mi, y tomándola de las caderas, ayudándome con mis dedos que engarzaban su sexo , juntamos el salvaje juego de dos genitales que querían ensamblar a dos furtivos amantes deseosos de lujuria y deseo.
 Lo demás fue unas piernas que se amarraban a mis caderas, haciéndome sentir único entre todos los que estaban en ese estudio, un suspiro, y luego un cuerpo en vilo que caía estrepitosamente entre las sabanas de raso negro, dos manos que desanudaban mi corbata y se apuraba en jalar de los botones despejando el camino para que sus manos se hicieran dueñas de mi, pero aún quedaban unas cartas bajo la manga, y no haciéndola sentir la dueña de la ocasión , baje con mi boca por su cintura saboreando cada espacio de piel desnuda, hasta perderme entre sus piernas... la habitación fue ahogada de gemidos... vi como su vientre se batía en oleajes de  angustia , mientras sus deseos se convertían en su peor enemigo. Mi boca se convirtió en un tormento para su sexo y sentí como se desvanecía entre mis labios.. el juego había empezado y era tarde para volver atrás. Nada que hubiese planificado para no rendirse a mis embestidas daba resultado, su cuerpo se movía paralelo a su mente, y nada evitaría el orgasmo que se venía...

Juan de Marco.

miércoles, 18 de octubre de 2017

El deseo...

El hombre de esta historia podría ser uno de los tantos a los que todos conocemos en su arquetipo de “Don Juan”, pero no, soy Juan De Marco y se lo que quieren y lo que quiero. Favorecido por la madre naturaleza, dotado de una demoníaca pasión, capaz de cautivar con una sola mirada a la más indómita criatura humana. Conocedor de esos poderes , juego con la destreza de un alquimista a enamorar sus almas. Cuanto más se resisten, más las asedio, siempre con respeto, pero con un dejo de perversión…
Esas, que se muestran  ingenuas y tiernas, como el capullo de una flor a punto de abrirse al suspiro del sol…, esas me despiertan mi más profundo instinto de cazador, su lascivia y el ardiente deseo de poseerlas mucho antes que alguien pudiera posar sobre ellas la mirada.
Sin abandonar mi seductora sonrisa que no conoce las barreras, asumo un rol de truhan y recibo con agrado los honores de sentirme el mejor. No desconozco las reglas que se necesitan para construir una leyenda , sólo  requiero de  carisma y seducción..
….Penetrar en sus mentes lentamente, como la claridad de la aurora, voy quitando de nuestra vista las sombras, como el lejano sonido de un barco adentrándose en las profundidades del océano, como las gotas de rocío, humedeciendo cada pétalo de una rosa… Asimismo, habré de ser la conquista de sus almas, y es que no alcanza con capturarles su atención y embelesarlas…eso es para principiantes, para polluelos aprendices de galanes. Lo verdaderamente grandioso y subyugante ha de ser bucear en ellas, atravesando todos los laberintos, ir por su sangre hasta llegar al centro de sus corazones a la humedad de su sexo… allí, donde reinan las verdaderas y las más sublimes de las pasiones.

Me dispuse a buscar entre sábanas lo dibujado en su mente, forcé y doblegé sus fuerzas para resistir la coalición de hormonas, entre el desliz de su cuerpo, aterricé entre un audaz beso de labios hinchados por la expectación , unos endurecidos senos  y unas piernas abiertas, y me recibió, como la roca espera a las olas... Intentando devorar el alma, cómo si fuese aquel último aliento.  

Que oportuna dirección señalaba mientras sujetaba sus manos sudorosas por encima de su cabeza, mis ojos clavados en los de ella , cómo si de perversión se tratase aquella belleza sublime. 

Mis ojos insisten en perder compostura, que mejor que complacer una dama en sus lujurias,
mientras derrito mi boca en su cuello, su boca entre abierta, cautiva mis instintos, disuelvo con mis labios la piel, sintiendo la hoguera, bajando hacia  el infierno entre un respiro cálido, la tomo, la doy vuelta para disfrutar de su piel en la espalda, en el cuello, caderas, entre sus nalgas habidas de ser devoradas, perfecciono cada beso en la medida que alcanzo las lagrimas de su sexo, cada apretón de dientes y labios , cada lamida. Vuelvo a voltearla , para enterrarme entre sus labios vaginales, para succionar cada gota que derrama mientras regurgita el deseo

Un sin fin de notas musicales emitida por sus cuerdas vocales escapan como gemidos. Es que así cada disfrute, cada locura se arremete en ella disparando su cuerpo contra el mío, mojandola por dentro, jadeando a cada arremetida, hasta verla deshacerse entre mis manos.... entro lentamente dejandola disfrutar de la profundidad y la forma de mi sexo, me detengo y vuelvo a embestir con fuerza.. una y otra vez siendo sus dientes mordiendo mis orejas, silenciado sus gritos de deseo, hasta sentir que su cuerpo se parte bajo el mío, una y otra vez, hasta dejar de escuchar su corazón, detenido por la excitación, colgando de un abismo en la que la dejaré caer hasta rebotar sobre las colchas y la almohada.. cerrar sus ojos y dejarla ir a libre albedrío entre sus sensaciones  ahogadas por un orgasmo, empujándola al fondo del abismo, y flotar entre las nubes rojas anaranjadas , cocida en sus propios jugos, su fuego, y sentir como se derrama bajo el calor de mi cuerpo sudado, mi calor, mis deseos... 

 Cada una sabe lo que espera , te lo dirá en el momento menos sospechado y si no estas atento puede que lo desaproveches, pero allí está la clave : Aprender a oírlas.


Juan de Marco. Adaptación de " la mujer con cara de plato.-" De María Ferretti.

lunes, 9 de octubre de 2017

La mañana del Hostal.

Empecé a andar por los pasillos de la vieja hostería, las antiguas baldosas de la terraza rojas y
blancas reflejaban el sol de oriente que rebotaba sobre ellas, desgastadas, recuperaban el brillo a esa hora de la mañana. Al pasar cerca de la cocina, la chica del aseo recogía las toallas del tendedero para cambiar las de las habitaciones antes de asearlas como todos los días; al empinarse para recogerlas, su delantal se levantaba hasta mostrar los relucientes muslos torneados como si fueran lustrosas carnes de mármol hasta la curvatura de sus nalgas con delicadas lineas marcadas por las estrías, de lo que suponía, que sería un embarazo. La miré lujuriosa y descaradamente, mientras ella se empinaba aún más para dejarme ver la linea de su ropa interior que las apretaban haciéndolas aún más deseables.   Entendió mi mirada porque no me había alejado ni 15 pasos, cuando de refilón, le vi que venía tras de mí.
Mi dormitorio estaba en el segundo piso, me detuve, pero ella esquivando el inminente diálogo, se apuro para alcanzar las escaleras sin dejar de mirarme directamente a los ojos y bajar la vista tímidamente, disimulando una mirada, que lujuriosamente, buscaba el bulto que se dibujaba debajo de mi pantalón, que no sé , si casualmente, o intencionalmente, esa mañana estaba sin ropa interior buscando provocar justamente esa mirada que tanto nos gusta a los hombres. La sensación fue excitante, al punto que le dejé pasar para subir las escaleras detrás de ella, procurando mantener la distancia para que , los empinados escalones me dejará mirar un poco más arriba de sus muslos. Al sentir que la seguía , dejó caer una toalla para agacharse y ofrecerme el más hermoso de los espectáculos, unas piernas desnudas y separadas por dos escalones, y un pequeño trozo de tela que dejaba escapar unos vellos claros que se escapaban entre los elásticos... y que descaradamente fueron peinados por sus dedos para esconderlos...
Todo esto me llevó al borde de la locura. Sin pensar quise alcanzarla con mis manos, pero volteó para mirarme nuevamente a los ojos, el mundo parecía detenerse justo en ese instante, sus ojos estaban muy abiertos y chispeaban al brillo de la luz que entraba por las ventanas... Se acomodó el delantal, y siguió subiendo las escaleras. Sin pensarlo, seguí tras de ella y cuando estaba a punto de cerrarse las puertas de la habitación , después del último escalón, entré tras de ella para cerrarla a mis espaldas.
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Según cerré la puerta, me cogió de la cintura y apretó sus senos contra mi. me dijo:
- “sólo tengo 10 minutos… “
- “más que suficiente…”- respondi
Me agarró por los brazos y me hizo sentar en la cama, se arrodilló y me separo con ambas manos las piernas, sin dejar de mirarme a los ojos, deslizo sus manos hasta agarrar mi cremallera y abrirla para dejarme expuesto a ella y sus caprichos.... sólo atinó a decir
-vaya, pensé que sería más difícil-.
Con mi sexo en su mano, la olía, acababa de bañarme, y la fragancia del jabón estaba en todo mi cuerpo. Un  flujo cristalino salía desde adentro, como un caramelo que se derretía en el brillo de la luz, pareció volverse loca, y sin preámbulo, su lengua salió para recogerlo y untarlo en sus labios con lasciva mirada.
Jamás había visto como una mujer se transformaba oliendo y saboreando  mi sexo. Aquello hizo que mi libido se disparase.
Introdujo su cabeza entre mis piernas, noté como me lamía con la lengua  subía hacia la corona por el tronco hasta envolverlo con sus tibios labios, sentí como la punta de su lengua recorría cada espacio de piel, luchando por tragarlo todo.
Mi sexo temblaba entre sus manos, palpitaba en su boca haciendo que mi cabeza diera vueltas en mi interior dibujando luces chispeantes, mis ojos permanecían cerrados aguantando cada embiste de sus boca, hasta que topaba en el fondo de su garganta , tan suave y lentamente , que no había caricia que se le comparase.
Saco su cabeza de entre mis piernas y me terminó de desnudar, tendiéndome en la cama. Sabía que es lo qué me iba a hacer. bajó el pantalón y mientras volvía a meter mi sexo en su boca, desabrochaba su delantal y se desvestía apuradamente. Luché por levantarme hasta hasta que logre tomarla por sus caderas y empujandola hacia un lado , la tome para acostarla de boca en el colchón desnudo. Separando sus nalgas empecé a lamer entre ellas hasta mojarla completamente, . Introduje un dedo hasta que logre juntar dos y hacer el espacio para empujar con mi sexo suavemente,  empezó a gemir y ceder  entre la saliva que había posado en él. Nos habíamos estado mirando cada mañana durante dos días.
No era mi primera vez que jodía por el culo, ni la suya, pero nunca de forma tan directa, sin preliminares, apenas había pasado unos segundos que había sentido un dedo en su agujero cuándo notó que una polla luchaba por penetrarla…aun estaba seca por dentro pero así y todo  pujaba y pujaba, parecía una fiera atacando a un animal indefenso…aquellas embestidas era lo que ella deseaba, se sentía como una puta usada, lo jadeaba a mis oídos, procurando que no escapara de la habitación, y eso la hacia sentirse muy perra.
Al cabo de unos minutos conseguí meterla entera dentro…sentía ganas de correrme …mis gruñidos debían ser increíbles pero yo ni me daba cuenta…por cada embestida su gozo era mayor.
Giré y me eche boca arriba sobre la cama, separe las piernas y le dije: nos quedan 5 minutos…se echo encima mio y sin ningún tipo de preámbulo, ni beso, ni caricia, agarro mi polla con la mano, la encamino hacia su sexo y la dejó deslizarse suavemente hasta dentro…sus caderas empujaban como una prensa endemoniada, fue todo tan violento, que el placer y el dolor fue todo uno. La saco aliviándose la presión, mojó su sexo y volvió a meterla, esta vez sí, todo fue placer.
Mientras nos mirábamos a los ojos, sin darnos ni un solo beso, estuvo enterrándose y sacándola hasta que  llegó el orgasmo. Fue intenso violento, y apretando sus dientes y labios se dejó caer sobre mi clavando sus dientes sobre mi pecho , mientras jadeaba hasta quedar rendida. Respirando y tomando aire suavemente, y con temblores en la voz, me preguntó que quería ahora, Levante sus caderas la tiré sobre la cama y separando sus piernas la embestí con mi sexo, hasta clavarme dentro de ella, empece a empujar , mientras apretaba con mis muslos los de ella, y  levantandole las caderas y él culo, no me detuve hasta  hasta correrme dentro, mientras le hundía la cabeza en la almohada , impidiendo que sus gritos se escucharan. Caí sobre su espalda y me mantuve dentro hasta que terminé de correrme. Sudados nos quedamos así hasta que nuestros cuerpos se calmaron, mientras temblábamos como niños.
Me subí los pantalones mientras ella se  secaba toda, y sin retirar los ojos de los míos dijo:
-¿Eso era lo que quería el caballero?
-Anda vete que ahora bajo…le vi salir mientras recogía sus bragas del suelo deseando volver a follar ... sus ojos parecían pedir más, aún su corazón estaba agitado…
-Esta noche voy a ser una perra y mi marido tendrá que follarme como una puta…- Refregó la pequeña prenda en mi nariz, y besó mis labios agradeciendo todo...la puso en mi mano diciendo:
- mañana volveré por tí.-

Juan De Marco, Seducido o seductor.?

domingo, 18 de diciembre de 2016

Simbiosis y paradigmas.

Es tarde y no puedo dormir, mi corazón bombea excitado. Tu duermes semi desnuda entre las sábanas y la fragancia sale de tu cuerpo , el sudor, baña tu piel, excita mi cuerpo. Das vueltas en la cama, haciendo caer los senos de un lado a otro, como si estuvieran danzando para seducirme, tu cuerpo parece intranquilo, tu piel roza mis dedos y no puedo dejar de desearte cuando estás así.
Tu vientre respira intranquilo, ´deslizo mis dedos suavemente por tu piel, la tibieza y el sudor que siento resbalar por tu cuerpo me obliga a acercarme para tocarte apenas con mis labios y recoger las gotas que corren por tu vientre con mi boca. Te beso y no dejo de pensar en ese sabor que tantas veces he probado mientras duermes. Tu olor ahoga mi deseo por poseer cada rincón de tu cuerpo. Te beso y descubro la suavidad que tanto me estremece. Te deseo, y dejo que mis dedos me ayuden a despejar esa sensación que te intranquiliza, y aunque pareces no percibirlo conscientemente, cuando mis dedos entran por tu pequeña calzón, tu vientre danza excitado.
Estoy exhausto, pero te deseo hasta el cansancio. Siento como mis dedos se enredan en los vellos que aparecen al deslizar delicadamente esa prenda interior , hundo mi nariz hasta extasiarme entre tus piernas mientras el ritmo de tus caderas se empieza a acelerar, y tus piernas tratan de cerrarme el paso. Pero nada puedes hacer estas dormida, y mi nariz ya alcanzo la humedad que escapa de tu interior. Escucho tu susurro... nooo por favor... y dejo que mis labios te despierten besando tu sexo.
Ahora gimes y dejas que tus piernas se separen para recibir el cálido aliento que escapa de mi boca entre la humedad que ahora te desborda, jadeas aún semi dormida, pero te dejas sin reclamar y en
silencio, Tus senos se endurecen al roce de mis manos y tus pezones crecen entre mis dedos. Te deseo y no dejó de repetirlo a tus oídos. Me deslizo por tu vientre atrapando todo el sudor que me alimenta. Me detengo para hacer cosquillas en tu ombligo hasta despertarte,  el hormigueo de mi lengua recorriendo la profundidad de ese pequeño agujero que divide tu cuerpo en dos grandes placeres, tus senos y tu sexo sensible a mi deseo. Tu vientre se agita y murmura el encanto que te produce la magia de mis besos, hasta sentir como de convierte en mareas y deseos atrapados.  
Te deseo... y no dejo que tus gemidos y jadeos se detengan, para hundir mi rostro entre tus piernas y luego subir para llevar el sabor de tu deseo hasta tus labios. Nuestros labios y lengua se enredan en un placer más que divino, te entregas a mis caricias como el junco al paso del rio. 
Tus manos me empujan hacia abajo y tu boca ruega que me hunda entre tus carnes, separas las piernas para recibirme, mientras tu cuerpo tiembla y suplica. Es tarde para detenerse, y el éxtasis te hace  divagar entre el sueño y tus deseos... parece que estuvieras tan lejos cuando me pierdo en tu sexo , cuando mis labios besan tu delicada y excitada piel,  siento que levitas entre el deseo y el placer, entre la vida y la muerte, entre el paraíso y el infierno y me someto a tus caprchos que son los míos. 
El silencio se apodera de todo, estás a punto de explotar, y buscas mi sexo para aferrarte a él, lo agitas

y cuando estás a punto, lo llevas a tu boca y sientes como me corro y te dejas llevar por el éxtasis formando una simbiosis perfecta, única y dejamos que nuestros jugos fluyan alimentándonos de ellos mutuamente, hasta develar los paradigmas más profundos del deseo de convertirnos en un sólo ser, y fluir cada uno por separado de nuestro éxtasis...
Luego , volvemos a separar nuestras mentes para dejarnos batir por el sueño , mientras nuestros cuerpos se acarician , despejando la inquietud que nos había mantenido inquietos momentos antes de poseernos. 

Don Juan De Marco, tranquilizando el alma. 

sábado, 8 de octubre de 2016

Mis juegos con Elena, (una vez cuando niños).

Cuando su cuerpo salió del agua, las telas de sus bragas se habían adherido a su sexo llano y puro. Mi ojos no querían alejarse de esa hermosa visión... sus brazos se cruzaban cubriendo sus nacientes pechos, y dos casquillos empezaban a brotar. El frío le hizo pedir que le abrazara, sin lugar a dudas, lo más exquisito que había he hecho en mi vida. Y nos fuimos recuperando del frío, a la espera de que nuestra ropa interior se secara, con el poco sol que iba quedando.
Sus dedos empezaron a juguetear con su sexo, y sus piernas se fueron abriendo al baile de sus dedos, yo estaba extasiado. Su rostro, no se, si se desfiguraba o tomaba la forma más exquisita que había visto. Ese Brillo en sus ojos, y la delicadeza con que lo tocaba, cada movimiento parecía suceder en otra dimensión. Sus dientes se dibujaban apretando sus labios y su rostro se fue languideciendo de a poco, sus ojos se cerraban a cada caricia que ella le daba a su sexo. Sus pequeños pezones se disparaban y sus pechos se redondeaban. Su vientre dibujaba bellas figuras serpenteantes. Los gemidos eran dulces ronroneos. 
Su espalda se apoyó sobre mi, y su calor fue mojando mi cuerpo...el ritmo de su corazón era increíble, ese olor que sentía en el aire me envolvía. Llevó uno de sus dedos a mis labios y me hizo probar y oler, yo reía nervioso pero encantado de su fragancia... de pronto, su cuerpo se dobló y un gemido se ahogó entre sus labios, su cuerpo temblaba como una hoja en otoño queriendo escapar de las ramas, y tendiéndose sobre mis rodillas me pidió que agitara mi sexo hasta que yo sintiera lo mismo... a los pocos instantes, el semen brotó entre mis dedos saltando lejos, y parte de él, cayendo sobre sus manos que me acariciaban las rodillas... Ambos nos sorprendimos del resultado de ese juego... y se quedó mirándome a los ojos un poco asustada...
Con eso, que parecía denso al tacto entre sus dedos... luego una risotada saltó en el aire ... y ella se llevó los dedos a la boca para probar su sabor...

Juan De Marco

El Castigo y el perdón...

Dejé que mis dedos se deslizaran sobre su sexo abriendo las carnes enojadas, sentí como sus armas se rendían, y volteaba para que mis dedos gozaran de su piel, hasta que sintió los dedos dentro, y un gemido marcaba su rendición... pero su soberbia merecía un castigo... y antes de encender un orgasmo entre sus piernas, subí delicadamente por su vientre, mientras dejaba que su sexo se enfriara para atacar a sus senos descuidados y duros, y manipulando los pezones  como perillas, hice que su agonía fuera aún más larga, para volver a bajar por su vientre acariciando cada espacio de su piel... la rabia la consumía, porque era tan débil.
Ella quería que todo fuera más rápido para explotar y voltear hasta el otro día y no hablarme por un largo tiempo. Tenía rabia, pero esos dedos la derretían...y su ofuscación se transformó en jadeos...
La luz permanecía apagada, eso ayudaba a que su excitación no se notara, escondiendo su delirio... Quiso por un instante voltear para seguir con el castigo que se había propuesto cumplir, pero al sentir mis ágiles dedos detuvieron el movimiento sosteniéndole los muslos, y la mano se posó de lleno en su sexo apretado entre sus piernas, las que volvían a separarse encendiendo su delirio... los dedos no dejaban de buscar la humedad y fueron abriendo su vulva que se entregó levantando la bandera blanca...La rabia se volvió gemidos entonces, y su vagina se abría para someterse al motivo del castigo que quería imponer, pero la rabia se rinde al deseo, y se deja ultrajar por los dedos del que le desea. Ese hombre que somete con amor a las débiles carnes de su verdugo...

Juan de Marco

La viuda.


"...Mis manos separaron las telas del escote, para liberar sus senos llenos de deseo, y beber de ellos cada gota que emergía aprisionada por el tiempo, su cuello entregado a la caricia de mi barba des afeitada, fue convirtiendo la piel mustia en arroyo vivo, y el sudor volvió a aparecer en su cuerpo. Esos labios que sólo sabían de llanto, volvieron a descubrir los gemidos... y esa nariz siempre mojada, se secó para volver a sentir la fragancia y el sudor vivo de una nueva piel. 

Sus ojos cristalinos volvieron a tomar vida, y ya no se cerraban sólo para dormir la tristeza, sino que para dejar que las sensaciones le ahogaran cada lágrima y convertirlas en luces que se iban prendiendo en su interior, volviendo a chispear alegremente en el globo de sus ojos.

Fue así como su cuerpo volvió a sentir el deseo, hasta que sintió que la daga le separaba la piel para volver a sentirla viva dentro de sí, fue cortando los hilos de su tristeza para transformar sus murallas secas en manantiales de aceites untados por el deseo y suavemente sintió que la muerte la alcanzaba para volverla a la vida... entonces la otra imagen volvió al espejo para reflejar la alegría de sentirse una mujer deseada y complacida, que había borrado su tristeza... "

Juan de Marco... y la viuda.

La espera...

Me aferré a tus nalgas, mientras tus dedos, lo acomodaban entre los muslos, duro y desafiante... no decías nada... Mi sexo buscó entre tus labios vaginales, sin entrar, sólo resbalando entre tus carnes, dibujando cual pincel, lo resbaladizo de tu sexo, el que acoplado a mis deseos, resbaló por la vertical mojada hasta rozar el fruto almendrado que guardabas dentro, que ya se disparaba endurecido por las caricias... El vaivén de mis caderas acompañaba las delicias del  deleite que sentías.  Untado en tus fluidos, fue mojándose entre tus piernas apretadas, bañando de  húmedad tu piel mojada.
 La sensación exquisita que sentía, luego de la larga espera, hacía que lo resbaladizo del sendero, endureciera e hiciera palpitar mi cabeza  que fue llenándose de sangre para satisfacer el deseo que te consumía ... El baile frenético de mi cuerpo fue anunciando en húmedos fluidos, el fin de unos meses sin tocarnos. Tus nalgas se pegaron a ese ritmo de locura y frenesí, levantando tu pierna sobre mis caderas, permitiste el paso para desapareciera dentro, apoderándome de tu deseo, y palpitando, hizo que este reventara derramando el viscoso néctar entre tus piernas, las que no dejaron de moverse empapadas por la excitación, hasta clavarse la punta fuerte empujando tu clítoris deliciosamente para derramarte conmigo adentro...

Juan De Marco

Al amanecer...

"...Cuando sentí que su boca se abrió reclamando placer y sus piernas chorreaban, la di vuelta hacia el espejo y entré lentamente entre sus carnes, sacando lágrimas de sus ojos envueltos en rubor , y la embestí profundamente... mientras ella miraba en el espejo su rostro desfigurado de deseo ... arremetí contra ella hasta arrancar una seguidilla de orgasmos a cada embestida... finalmente mi cuerpo soltó todo el ardor que ella había acumulado en mi cuerpo durante la noche... ambos terminamos de rodillas en el suelo, tratando de recuperar el aliento, mientras, unas seguidilla de gemidos y jadeos se sucedían unos a otros..."

Juan De Marco

A la luz de la ventana.

"
Su cuerpo esta agitado, su deseo no la deja respirar y la levanto apoyándola en la ventana, entro suave entre sus piernas... gime y susurra delicias entre jadeos ahogados, entonces, su vientre tiembla... una y otra vez... su excitación no se deja esperar, y mis entradas hacen que su cuerpo reaccione... salgo y meto mi boca entre sus piernas, succiono suavemente su piel... explota... y su cuerpo se entrega a las delicias sin oponer resistencia... los orgasmos se suceden uno a uno, y antes de que su cuerpo se reponga vuelvo a entrar en ella con un sexo erguido... y profundamente me apodero de ella... sus nalgas se aprietan a la ventana... y sus senos golpetean mi boca... sorbo las gotas que corren mientras su cuerpo empaña el vidrio... hasta que su cuerpo resbala y cae al suelo extenuado... mis ojos no dejan de mirar el mar y su boca vuelve a cogerlo... lame suavemente sintiendo su olor y gusto en su rostro... es su olor, es su gusto mezclado con el mio... vuelvo a derramarme en su rostro... ríe nerviosa, pero no deja de volverlo a llevar a sus labios hasta extraer la última gota... el termostato marca 35º y yo me deshago entre sus labios una y otra vez... vuelvo a la cama y me recuesto desnudo, ella reposa sobre mi cuerpo manteniendo su boca ocupada con mi sexo, y juega a verlo desaparecer... llueve.. detrás de los cristales ... llueve..."

Juan De Marco

Amanteseres...

Sus bragas delatan , el encaje negro se despide de su cuerpo y recorre sus piernas llegando a sus tobillos, sus piernas se doblan y con las manos se quita la prenda completa, se levanta y recorre desnuda la habitación, sus nalgas tiemblan a cada paso, camina hacia mí y abriendo las piernas, se sienta a horcajadas , puedo sentir su aliento dulce y cálido bajando por mi cuello, me abraza, y baila sobre las telas delgadas de mi pantalón, dibujando con su sexo el mío, como si dos engranajes ensamblaran delicadamente. Mi erección siente su cuerpo y despide unas gotas, ella me recorre con la mano sobre las telas, cada detalle de mi Verga, despega las braguetas, y mete sus bragas para seducirme sin clemencia, sus manos entran delicadamente con ellas y tantean el flujo que que cae sutilmente, dibujando con sus dedos su erecta figura. 
Se levanta y vuelve nuevamente a la cama, desordena las sabanas enredándolas entre sus piernas, su sexo puede verse desnudo y abierto por fugaces momentos, cuando la luz blanca de la ventana golpea su desnudez. Sus pechos son perfectos y sus pezones están erectos al sentirse observada, la canción termina, la aguja vuelve a su lugar. Ella hace una reverencia y se despide aventando besos el aire. 

Juan De Marco

La maestra.


Cuando se acerco a mi, sentí que mis piernas temblaban. Sus manos acariciaron mi cara con suavidad, sentía como limpiaba mis deseos al roce de sus dedos, largos y suaves. Me tomó de la mano llevándome a su habitación. Al desnudarme lo hizo con ternura y cariño, dejando deslizar la ropa sobre mi cuerpo. Sus manos tibias recorrían mi cuerpo, sus dedos iban dejando la huella sobre mi piel, mis vellos se erizaban al roce.

Mi sexo se erguía como un bastión, sus labios recorrían mis pechos con dulces besos mientras sus manos iban descubriendo mi cuerpo. Al quedar desnudo, sus labios fueron surcando el camino al deseo, cada pliegue de piel se abría al depurado rozar de la suya contra la mía. Hilos de saliva iban marcando cuidadosamente su recorrido, como telarañas transparentes, se tejían, queriendo atrapar mi sexo en una cárcel de seda. 
Palpitante mi verga se contraía a sus caricias, sin ella haberla tocado, como una rama azotada suavemente por un riachuelo. buscando ser acariciado por las tranquilas aguas.

Sobre mi cuerpo, a horcajadas, se podían ver sus senos tempestuosos y la caída hasta sus caderas. Ante mis ojos, desnudando su piel, su corsé, se habría tira a tira cuando sus dedos desenredaban el complicado laberinto de sujetadores, que con gran esfuerzo lograban contener los abultados senos. Las aureolas de sus pezones se dejaban ver adornadas por encajes, que al soltarlo, dejó rebotando sus senos por un instante llenando un gran vacío. Los posó delicadamente sobre mis labios ofreciendo su néctar, semitransparente y blanquecino, dos gotas asomaban sobre sus puntas como perlas, los que fueron succionados por mi sedienta boca. Sus pezones eran duros como copas de mármol, oscuros y enrojecidos. Las gotas brillaban contra la luz tenue del cuarto. Bebí de ellos succionando gota tras gota, hasta liberar finos chorros que se disparaban sin dirección mojando mi cara. Tomando mi cabeza, me deslizó por su vientre, donde la suavidad de su piel acariciaba mis mejillas, que se iban humedeciendo entre el sudor y su deseo. Mis labios temblaban, hasta quedar entre sus piernas. Quise ir a su sexo, pero ella hábilmente me llevó entre sus muslos que deseaban ser besados antes que llegara ahí.
 - aprende lo que deseamos las mujeres.- Me desconcertaba, pero a la vez me fascinaba su forma de dirigir.
Su piel brillante por el sudor, me agitaba. Disfrutaba cada uno de los surco, que afloraban


como delicadas lineas, marcando la frontera entre el goce y el placer.
Sus piernas se fueron abriendo lentamente empezando a revelar sus secretos. Sus labios se hinchaban al roce de los míos, cada surco era dibujaba por mi lengua. Las gotas de sudor bajaban por su cuerpo, y eran recogidas suavemente por mis labios, como queriendo beber de sus pecados, los que brotaban uno tras otro, suplicando que me acercara a la miel de su carne. Sentí como su sexo buscaba mis labios intensamente, retorciéndose entre jadeos y gemidos. Finalmente ante mi, brillaban sus labios vaginales despegándose con hilos sedosos, y densos hilillos de fluidos que emergían del interior. Su apretada vulva, se dilataba, dejando ver su interior, pardo rojizo y bañado de miel, los que mediante sus brillos iban liberando la pequeña cabeza de oro, que asomaba tímidamente entre los pliegues húmedos. 
Mi lengua terminó se romper los hilillos que quedaban vírgenes,  rodié envolviendo la cabecilla entre mis labios succionando suavemente, su cuerpo se estremecía, dejaba correr un liquido que chocaba con mis pestañas provocando un intenso ardor, sus vellos púbicos se enredaban entre mis dedos dibujando el promontorio monte de Venus, donde caían sus deseos palpitando, dejándolos untados, mientras mi lengua jugueteaba entre sus carnosos deseos separando los labios. lamiendo y recogiendo el manantial que emanaba de su interior. Entre jadeos y gemidos su espalda se retorcía clamando para no detener el flujo de placer que brotaba, sus manos sujetaban mi cabeza entre sus labio aplastando su sexo contra mi rostro, su espalda se dobló bruscamente liberando toda la energía por su columna vertebral, hasta reventar entre gritos de placer. 
Me reincorpore enterrando mi sexo en ella, la que empujaba suplicando suavidad, pero embestí con fuerza hasta topar el último rincón de su alma, separando con violencia sus piernas bañadas de sudor, y me dejé caer sobre su vientre mordiendo sus labios bañados de saliva seca, arrancando y ahogando con frenesí, cada grito y gemido de su boca. Mi cuerpo batía el suyo sin piedad,  hasta reventar dentro de ella liberando mi energía  y mis horas de espera, para aprender de sus muslos los mil secretos que escondían, hasta caer sobre sus pechos hinchados de los que aún brotaba leche a goteos intermitentes. Finalmente tranquilizamos nuestros cuerpos entre besos y caricias dormidas de placer.

Don Juan De Marco "Donde se abren los labios de una mujer, siempre habrá sed, y un gusto que guardarás para siempre en tu memoria"

Blasfemia.

Su pasión por cristo lo traía a la vida para convertirlo en carne, beber del sudor de su cuerpo. Los labios de la monja circundaron los pezones del Cristo. La religiosa extasiada por la aparición demostraba su adoración bajando con su boca por el cuerpo que no dejaba de temblar entre sus dedos, hasta colgarse del genero que cubría el sexo sagrado de aquella imagen, que tantas veces había imaginado en sus sueños. El vientre de Cristo entumecido por los labios de la monja se convertía en agua, mientras su sexo erecto se dejaba ver sin pudor en gloria y majestad. La monja temblando entre sus dudas, lo rodeó con sus dedos para sostener el sagrado miembro del que nunca se había hablado, y menos , alguna vez blasfemado. Tirando de la delicada piel que le cubría, lo besó con pasión y deseo, mientras que de los labios del Cristo hecho carne, se escapaban delicados gemidos. Con ternura y amor, casi mágicamente, los dedos de la monja liberaron, clavo a clavo, las manos y pies del Cristo, que ya habían dejado de sangrar, y apoyando las perforadas manos en sus pechos, dejó que los delgados y finos dedos la desnudaran. La monja mordía sus labios dejando que el amor que le profesaba, hinchara sus senos y emergieran sus pezones levantados por el deseo, los que se fueron endureciendo entre los delgados dedos de Cristo. El hábito que cubría su cuerpo se fue deslizando por sus hombros hasta mostrarse en completa desnudez ante los ojos llorosos de la imagen convertida, ella se arrodilló, acercó su rostro hasta el sexo endurecido, para delicadamente tragarlo con deseo.
Don Juan De Marco

El último Deseo.


Las piernas separadas de Andrea, clamaban mojadas. El ying y el yang en perfecta armonía, buscaban sus sexos, ambos estaban bebiendo la energía del otro mientras sus cuerpos se dejaban beber mutuamente. Los que se convertían en lágrimas de deseo al engullirse. Ella, al deslizar sus labios por el duro miembro erguido por las venas llenas de sangre, él, entregado a los de ella, que engullía como una fruta jugosamente abierta por sus caricias y el juego de sus labios. 
Cada embestida de su boca, iban doblando las rodillas de Marco , quién la sujetaba en andas sobre sus hombros, hasta que por fin liberaron todas sus bendiciones en la boca de Andrea, la que al sentir el caliente zumo que escapaba y la enmudecía, caía extasiada sobre el frío suelo de roca, dejando abiertas sus piernas para ofrecer su cálido interior santificado por las promesas de fidelidad y sacrificio. Al despertar del éxtasis, sintió como el sexo duro de Marco le poseía. Angustiada por el deseo que sentía, dejó que su cuerpo bañado en fluidos, se entregara a la intensa penetración, y abriendo sus labios gimió su nombre:
-Marco......
Los delicados y celestiales movimientos en su interior, fueron sofocando su corazón, y entre contracciones y gemidos el aire se fue de su vientre para explotar en placer, espasmos y jadeos.... hasta que su corazón se detuvo para siempre...


Juan de Marco

La ducha.


Ella, tiró de la sabana, para dejarme desnudo y expuesto. Miró fijamente mi sexo en erección, se agachó para alcanzar mis labios, mientras mis manos daban exquisitos masajes en sus senos,  rozando sus pezones con delicadeza. Pero no quería detenerme ahí, y la tomé con fuerza tirándola encima de mí, procurando que su sexo quedara en contacto con el mío, y mis manos pudieran disfrutar de sus nalgas redondas y tiernas, las que apretaba con suavidad procurando que sintiera mis manos sin dañar su piel. La tendí sobre el colchón, y entre con mi rostro entre sus piernas apenas rozando su sexo húmedo, estaba mojada, extasiada por mi ímpetu y deseo… hasta que alcancé su clítoris, el que se fue hinchando entre golpeteo y chasquido de mi lengua, le vi crecer, le sentí mojarse, sentí como su sexo se convertía en charco, empujaba para que yo pudiera profundizar en su interior. Su fragancia era intensa y su sabor empalagoso… denso.. pero tan suave como jamás le habría podido adivinar. Su vientre se batía entre contracciones,su voz parecía desaparecer a ratos, y sus senos al masaje de mis manos, se fueron endureciendo, creando una locura en mi mente, mientras mis dedos torneaban sus pezones endurecidos para soltarlos y estirarlos suavemente mientras crecían duros entre mis dedos. Mi lengua quería separar y entrar lo más adentro que se podía, ella jadeaba y gemía de placer hasta las lagrimas, mientras su corazón amenazaba con escapar entre sus senos… su vientre era una serpiente enloquecida, que no dejaba de contraerse ante las abatidas de mi boca que no dejaban de saborear el manjar que más le apetecía, la miel más pura que jamás probaría, los gritos y jadeos se apoderaron del viejo cuarto, su cuerpo agitado hacía gruñir el somier, el bronce golpeaba las murallas, luego una corriente de néctar empapó mi garganta, me baño en miel espesa, ahogándome hasta la locura… abrí sus piernas y me deslicé dentro de ella hasta topar el fondo acerado y mojado de su interior… y baile mientras ella jadeaba y gritaba de placer, agarrada a mis nalgas las que  rasguñaba desesperada, clavando sus uñas en mi piel, hasta lacerar mis duras nalgas que no dejaban de clavarse en ella, hasta que por fin exploté dentro de ella soltando todo el caudal  que había retenido mientras  se bañaba y preparaba su sexo bajo las aguas de la ducha para mi… 

Juan de Marcos.

Taurus y Arkantis

La tendí delicadamente sobre la cama, y mis manos recorrieron su cuerpo llegando a sus pechos. Los presioné con fuerza espculpiéndolos con mis dedos, hasta terminar con un ligero pellizco en sus pezones. Me alejé de ella para desnudarme y asegurándome, que sus ojos, en un acto vouyerista, no se perdiera detalle. En la cama una vez desnudo, tomé las caderas de Arkantis para traerla hacia mi, y abriendo sus piernas e introduciendo las mías entre sus muslos, dejé caer mi sexo sobre el suyo. Comenzó a sentir como entraba dentro de su cuerpo y salia de ella mientras presionaba con fuerza sus senos. Arkantis, no soportaba las ganas de gemir y de gritar.... Doblé mi espalda hasta alcanzar su cuello y la besé apasionadamente hasta alcanzar con mis labios sus pezones, los que rozaba con mi lengua, hasta que mis dientes empezaron a morder, mientras la penetraba. Su deseo cada vez era mayor, jadeaba con fuerza y contenía el aire en cada embestida mientras la devoraba, y anunciándome su orgasmo, mientras su cuerpo se contraía, salí de ella con fuerza alzando mis caderas, expulsé todo el semen como blanca espuma sobre sus pechos, al tiempo que ella convulsionaba de éxtasis contrayendo su vientre como las olas del mar y soltando ahogados gemidos enajenados de delirio, mientras los fluidos que caían sobre sus senos recorrían su torso desnudo y agitado hasta depositarse en su ombligo, donde quedaban atrapados y esposados a la vez que nuestros cuerpos caían agotados por el deseo esparramado por todos los rincones de la cálida habitación ..
Delirios de Juan De Marco

Shang Yue...La perla

Las manos de ambos no permanecían sordas; parecía que ambos sabían que el tiempo apremiaba y no querían perderle. De un giro brusco, la puse de espalda y hacia la pared, subí el kimono empinando sus nalgas y bajé para lamerle el sexo donde el néctar, fluía entre sus piernas marcando las telas de la delicada prenda de seda que le protegía. Mis manos, empujaron entre sus piernas, para acariciar por encima de las bragas mojadas. Ella , jadeaba y gemía complacida... extasiada. Bajé mientras sus piernas temblaban y ella ayudándome a quitarlas, movía las piernas para facilitarme las cosas. Las bajé hasta sus rodillas, para emerger entre sus piernas y comerle el bulbo abierto introduciendo mi lengua a pulsos. Húmeda, emanaba fluidos desde el centro de su alma, aumentando aún más el lívido de la asiática. Sang Yue, se puso en pompas, semi horizontal, apoyada sobre el mesón, con las nalgas abiertas y abrió aún más las piernas para suplicar que le entrara con violencia, facilitando todo con esa posición. Tomando mi sexo, lo colocó ayudándose de su mano y la clavó con un impulso brusco, empujando todo su cuerpo hacia mi. Entregada al deseo, empezó a mover sus caderas mientras yo embestía entre sus piernas, empujando sin parar.
No podía sujetar las ganas de gritar por el placer que estaba estaba sintiendo, por lo que le tapé su boca con la palma de la mano, mientras la seguía enculando. Justo en el mismo momento que iba a explotar, vuelve a entrar la mujer, y al verla Sang Yue, soltó un orgasmo entre delirios y jadeos de placer, arrancando mi sexo y haciéndome acabar encima de sus nalgas abiertas, y en su desesperación por salir, tropezó cayéndose encima de un montón de barreños y palanganas que se encontraban detrás del mostrador, formando un desorden y estruendoso ruido ante el rostro de la sorprendida mujer.

Don Juan de Marco

viernes, 7 de octubre de 2016

Extraños...

Me miraba con unos ojos asustados he inquietos... mis pasos lentos sólo resaltaban bajo mi pantalón un alborotado sexo...hasta que posó  sus manos con impecable destreza y con un ligero apretón, susurró palabras de agradecimiento a quien me había traído hasta ella. Abrió lentamente la cremallera, y sacándolo de entre las telas, sus dedos lo recorrieron suavemente, como dibujándolo en su memoria... me acerque aún más a ella, y la dejé acariciar todo, sus manos eran verdaderos pinceles recorriendo mi sexo  erecto  frente a sus ojos. Mis rodillas se doblaban, tras cada roce de su boca, y mi corazón se apretaba dentro asfixiando mis pensamientos...
Entonces me dejé caer en su lecho, Ella como serpiente se fue enredando en mi, deslizando su ardiente cuerpo sobre mi piel... como si estuviera bañada en aceites. Mientras ella se deslizaba, mis manos acariciaban sus tibias nalgas y mi nariz, aprovechaba sus fragancias... ese particular olor formado por deseo y sudor. hasta que por fin nuestras bocas se acomodaron para beber mutuamente de nuestros cuerpos.
 Gozar del sexo del otro,  compactarse en exquisito vaivén como dos engranajes moviendo la fuerza del deseo.... los gemidos de ambos, acallaron las olas e hicieron desaparecer el mar. Eramos sólo nosotros, bebiendo de nuestros sexos mojados...temblábamos como niños en su primera vez, no nos conocíamos, pero sabíamos exactamente que hacer. Cada movimiento, cada caricia, cada beso...caían justo donde tenían que caer. Y luego como si fuéramos velas encendidas, nos fuimos mezclando entre aromas y sabores. Los jadeos y orgasmos, se desprendían de nuestros labios mientras absorbíamos las energías emergentes de dos cuerpos excitados, sobrepasados por el placer de bebernos, y se acercó a nuestras mentes el éxtasis de un pronto orgasmo. 
Entonces se tendió en la cama y abrió sus piernas de para en par, para que yo entrara en ella, aún entre temblores, y mi cuerpo se hizo al de ella, para resbalar a su interior quebrando las barreras de la angustia y el deseo, que ambos rogábamos obtener... y caímos en el abismo, eructando orgasmos que se sucedieron uno tras de otro, hasta caer extenuados entre las sábanas desordenadas, donde se había conocido el deseo de un encuentro de dos desconocidos.....
Don Juan... a ciegas,

De niña a mujer.

...Abrió sus piernas, dejando resbalar la punta de su lengua, entre las carnes agitadas, recorriendo, desde la base de la húmeda caverna del amor, entre las carnes trémulas, hasta la rozada y suave cabecilla que era ahorcada por labios llenos de deseo, creando convulsiones en el vientre de la primeriza, haciendo temblar el frenillo en delicioso compás. Mientras por la comisura de los labios corría lascíba y cálida, la sed de conocer la vid del deseo que generaba el fuego interior. 
La lengua , volvía a bajar por el mismo sendero... encendiéndola cada vez más y haciendo desaparecer a la niña. Su sexo se iba dilatando, dejando chorrear el viscoso deseo. Las manos no tocaban ni un pelo del cuerpo, sin embargo, su lengua la hacía fallecer entre súplicas pidiendo de una vez, ser poseída, y volvía hasta el clítoris de la princesa, para golpetear en apasionados compases la carne débil que emergía entre sus pliegues, dejando caer la cálida saliva en la encendida y rozada cabecilla, tornando suave el suplicio entre sus labios. Se estremecía por la excitación, gemía y corcoveaba entre los fuertes brazos del amante profesor, hasta que por fin dejó escapar el silencio, y gritando del placer, expulsó sus jugos más íntimos y empalagosos, explotando su piel, y cayó entre las convulsiones sobre la húmeda tierra a orillas del río, hasta conocer el primer orgasmo de su vida.


Don Juan De Marco.

Betsabe, la flor gitana.

"Betsabe, más decidida que nunca, abría sus piernas para exhibir sus muslos que iban a terminar en su rosado sexo, sus manos acariciaban su propia piel y sin despegar sus ojos de Marco, subía cuidadosamente sus faldas para dejarse ver. Sus labios vaginales brillaban al sol, donde cada rayo se reflejaba sobre la humedad que escapaba entre sus piernas. Las abría y cerraba, mientras su vientre temblaba, para expulsar su dulzona fragancia, revoloteaban inquietas cuando sus dedos apenas se acercaban. Marco alzó su vista, el cuerpo de la gitana se estremeció, y sin control empezó a temblar desde su interior. Sin hacer mueca visible, fijó la vista en la piel de cobalto que mostraba Betsabe entregada al roce de sus dedos. Marco, apretando sus dientes y mordiendo sus labios, se acercó a las piernas de la gitana, y sin decir nada, las separó con sus fuertes manos, dejando que su rostro se hundiera entre los muslos de aquella excitada ilusionista llena de deseo, para dejar que sus mejillas se deslizaran por la suave piel de la hembra en celo, hasta que su nariz, se fue a posar en el sexo mojado y ardiente, que sin pudor empujaba su sexo hacia él para sentir su aliento. El cuerpo de la muchacha se quebró en jadeos y un suave gemido se arrancó de sus labios entregada a los goces de los labios de Marco, hasta deshacerse entre ellos..".

Don Juan De Marco.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Cartas de Dulcinea... De "bello presagio" 16 de junio de 2009.

Bendita maldición que me hace suspirar cuando te siento cerca, tan cerca de mi pero tan lejos.

Sé que me deseas al igual como yo lo hago y seré eternamente tuya aqui en este espacio, siendo tu cielo, siendo tu dia de luz, tu claridad y ese oasis q necesitas. Seré siempre tu amante, la de los gemidos, la chica que sueña contigo, la chica que corre al baño cada vez que el deseo la hace recordarte, la chica del bar, la chica del tango, tu fantasia en rojo Ayanay...

Conoces mi piel mejor que cualquier otro, conocer mi deseo...

Bebe de mi cuantas veces quieras y perdamosnos en ese olor a sexo, a pasión, quiero tu sabor y mi sabor en mi boca, quiero tus dedos en mis labios mientras mi vientre aún se mueva contigo dentro.

Es imposible para mi no amarte, lo sabes, me gusta sentirme viva!!! me gusta, te amo y por eso te dejo libre amor, no puedo encarcelarte, perderias tu belleza y dejarias de ser mi Quijote adorado y yo dejaria de ser tu Dulcinea, dejarias de ser Mi Don Juan y yo dejaria de ser tu Doña Ana.

Como sabes si has amado a una mujer alguna vez?, yo lo sé, sé como tú amas a las mujeres, sé como me amas.

Todo en mi se volvia poema gracias a ti, gracias a tus labios, a tus caricias y a tu deseo, si soy una oda a la lujuria y a la sensualidad es gracias a tu pasión y a lo que despertaste en mi, soy feliz, contigo en mi piel y aprendiendo a amar.

En tu piel, en mi piel por siempre...

Katy

http://nectares.blogspot.cl/2009/06/bello-presagio-los-labios-de-ayanay.html

martes, 20 de septiembre de 2016

El juego de los Cisnes.

Al entrar en la habitación, sentí el vapor del baño inundándolo todo, acababa de bañarse y estaba acostada boca abajo en la cama, y enredada entre las sabanas desnuda, la mirada perdida en la luz que entraba por la ventana mirando hacia la cabecera de la cama, me daba la espalda y en consecuencia no podía ver sus ojos. Acostumbraba masturbarse cuando estaba a solas. Entonces me pidió que le levantara un poco la cola y pusiera una almohada de plumas bastante abultada a la altura de su pelvis y que me sentara en el sitial a los pies de la cama, que no la detuviera, que le excitaba que le mirara. Sabía bien lo que tenía que hacer. Con el culo un poco arriba paso su mano por debajo del vientre hasta que sus dedos alcanzaron la fuente del deseo.Metió su mano entre las piernas e introdujo sus dedos suavemente en su sexo, como le hace el cuello de un cisne al hundirlo en las aguas para alimentarse. Acariciaba suavemente sus labios vaginales agitando su piel , exactamente como el cisne las aguas. Comencé a masturbarme al tiempo que percibía como ella subía la temperatura a la cama. Aumentó el ritmo cuando percibió lo que hacía, percibía mi aliento agitado, luego la perdí, ella parecía desaparecer para mi y se sumergía en sus sensaciones olvidando casi que le miraba. Le hice cosquillas con mis dedos sobre su espina dorsal bajando delicadamente desde su cabeza hasta la baja espalda, su reacción fue arquearse aún más, lo cual hizo que su culo quedara más arriba, duro y redondo apoyado delicadamente sobre el plumón. Mis manos se posaron sobre sus nalgas abriéndolas despacio, apoyando los pulgares bien al borde del agujero rosado y contraído, para abrirlo al máximo posible, súbitamente le dejé sentir mi lengua recorrer toda la piel que le rodeaba, logrando contraer sus músculos suavemente, llenando por completo su cavidad con mi saliva. Este primer lamido, franco y pleno, le hizo gemir con exquisita ternura, era una niña consentida que se dejaba querer melosamente.
Continué con ellas haciendo serpentear mi lengua por sobre todo su rosado y delicioso paraíso de una forma ardiente, como si estuviera probando el más delicioso de todos los bocados. Sus dedos, no dejaban de entrar y salir de su sexo, danzando sobre el pequeño pedazo de seda que brotaba de entre sus labios empapado por el accionar de sus caricias, hundirlo y peyiscarlo suavemente con sus dedos.
Luego de un rato, puse mi dedo medio bien en punta y comencé a ejercer presión en la puerta de su rosado agujero. Su mano empapada de los fluidos, acariciaba mis dedos esparciendo el néctar que arrancaba furioso de su sexo, hasta que mis dedos estaban tan suaves y untados, que al presionar nuevamente sobre el agujero, cedió suavemente a mi bombeo y masaje delicado, permitiendo la entrada suave, y casi por completo.
Acompasado a la masturbación de sus dedos, los movimientos de los míos, hacían que la misma entrara y saliera ejerciendo en cada exploración más y más presión, lo que lograba, era ponerla más caliente, excitada a más no poder, gemía y jadeaba como tragando todo el aire de la habitación. Ya no solo se masturbaba frenéticamente, sino que ahora levantaba la cola más alto presionando aún más la profundidad que podían alcanzar mis dedos.Imploraba profundidad. Se dilato como si toda su vida hubiese estado esperando ese dedo.
Mientras sentía el dedo deslizarse por completo hacia su interior, inmediatamente comenzó a empujar sus nalgas hacia mi mano, acoplando el ritmo perfectamente a la masturbación que llevaba con su mano, aceleraba el ritmo.-"Si por favor. Así, no pares".- suplicaba, mientras yo empujaba con más fuerza, totalmente abandonada al placer, mientras sentía una bola de fuego crecer en su interior que le anunciaba, el mejor de los orgasmo. Ella continuaba cada vez más rápido con su festín cuando de golpe no aguantó más y acabó con todo su ser en un orgasmo lleno de espasmos y gemidos que parecía no tener fin. Sostuve mi posición aprovechando el placer que sentía hasta el último instante, apretando hacia adentro mientras su agujero se contraía y abría junto con los espasmos mientras gimoteaba de placer cayendo agitadamente sobre las sabanas revueltas por el juego que acababa de tener. Retiré el dedo suavemente de su interior, procurando no detener sus orgasmos, ni crearle dolor. Completamente agotada y feliz se dejó caer sobre la cama nuevamente empapada de sudor, con risa agitada y temblores que seguían batiéndola como una gelatina. Aún con el culo apoyado sobre el plumón, podía ver como se contraía el agujero tras cada nuevo orgasmo, uno tras otro, y sin pensarlo mientras ella cerraba sus ojos y trataba de volver a la calma, bajé la bragueta de mi pantalón, apoyando mi sexo sobre él y hundiéndole despacio, hasta introducir la la morada cabeza que succionado por las contracciones, no tardó en derramarse por la excitación haciendo aún más agradable sus orgasmos mientras me enterraba suavemente en ella.
Y ahí quedamos, uno dentro del otro tirados sobre el plumón recuperando el aliento de tan insinuante juego.

Juan de Marco ... el juego de los cisnes.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Hazme morir... (La última noche con Medea).

"Sólo sentí sus gemidos entre los vibradores, cuando entre, ella estaba agazapada y con sus manos atrapadas entre sus piernas, la vi temblar y quebrarse entre jadeos, chasquear su deseo. Agitada, gritaba entre dientes, ven aquí, aprovecha la humedad de mi cuerpo, la sabia que corre entre mis piernas, ven, desnúdate sin pudor, déjame verte mientras lo veo crecer, calmará mi noche. Hazme, morir.


Sus nalgas y senos se movían al compás de una danza salvaje, eran retorcidos por sus propias manos. El calor entre piernas, sus dedos no dejaban de entrar y calar profundo mientras yo me desnudaba para ella.Cuando lo estuve completamente, me acerqué a ella y sin palabras de buena crianza, sólo abrió sus piernas y pidió que la devorara... fue ahí donde descubrí que entre sus manos, el consolador de particular color, salía de dentro de ella, para entregarlo mojado, y listo para ser usado en cualquier momento.... no necesitaba nada, ya estaba temblando antes que mi lengua siquiera la rozara, y empapado lo pegó a mi boca apretando mi cabeza hacia sí, y enloqueció en gemidos, sus jugos me ahogaban, estaba tan mojada, que no deje de beberla hasta que sus piernas se cerraron sobre mi espalda y se sumió entre lamentos y gozo.


Antes que lograra impedirlo, enterré profundamente mis caderas entre sus piernas hundiendo toda mi humanidad en ella, empujando su placer al límite, al llanto, a gritos y palabrotas vulgares, que escapaban de su boca.. gemía como una gata herida y se doblaba para enterrarse aún más.... no pude contener mi excitación y me desvanecí entre sus piernas soltando todo el néctar dentro de ella, expulsado a chorros.... y salí de ella para soltar el segundo aliento sobre su vientre, dejando que mis dedos le siguieran consintiendo placeres mientras se desvanecía sin decir palabra... su cuerpo cayo inerte, parecía suspendida en el aire, sin soltar sus piernas amarradas entre si tras mi espalda y unas manos unidas en oración y suplica, le cerraron el paso a mis ganas pidiendo clemencia, mientras soltaba a delicados chorros todo lo que yo había dejado dentro...


Una vez su cuerpo calmo, le fui comiendo a sorbos cada milimetro de piel mientras sus carnes temblaban.. Luego deje mi sexo apoyado suavemente en sus labios, dejando que se alimentara de mis restos de deseos ... Ya estaba lejos, levitando entre el éxtasis y el placer de haberme hundido en el juego que sin mi había empezado".

Juan De Marco... Del Falo y la Berenjena ...

http://pasionesdemedea.blogspot.cl/2011/04/el-falo-y-la-berenjena.html

 "

domingo, 11 de septiembre de 2016

Temblores del alma

Entré en la bañera con mi piel hirviendo, quemaba el deseo que tenía por esa mujer, ni toda el agua del mundo podía calmarme, estaba a centímetros de la cosa más rica e irresistible que conocí en mi vida….las piernas carnosas con una forma perfecta, más arriba sus nalgas, eran una manzana dura y carnosa, madura y parada, preciosa, de esas que uno ver por la calle y dan ganas de morderlas y agarrarlas con las dos manos… seguir por su espalda, notando su cintura muy marcada, el sueño de cualquier mujer y terminando con unos hombros muy femeninos, proporcionados a su figura delgada y menuda.
Me apoyé en su cuerpo sin dejar espacios y la pegué a mí. En el instante que hicimos contacto, una electricidad nos recorrió, nuestra respiración se volvió pesada y profunda… hablaba por nosotros, no hacia falta palabras, ella giró la cara y capturó mi boca con su labios metiendo su lengua enredándola con la mía, mis manos las arrastraban hacia mi, su cadera en un movimiento muy sensual de ida y vuelta… deslizaban su sexo suavemente sobre el mío, provocando una gran erección, e hinchando las venas que la mantendrían dura y fuerte . Le devolví el beso de bienvenida… nos devoramos hambrientos, los dos teníamos los labios llenos, unas bocas dibujadas con las que podíamos pasar horas y horas comiéndonos en un placer único.
Continuábamos jugando con nuestras lenguas, lamiéndonos suavemente, respirábamos con la boca abierta, su cara pegada a la mía, primero acariciándome con su mano mi cuello y la nuca acercándome con fuerza hacia ella, Las mías por sus pezones pellizcando de una forma que la hacía temblar, apretando sus senos como si quisiera exprimirla, apoyó sus brazos sobre la pared de la ducha y se inclinó de forma que dejo su sexo casi metido en mi boca haciéndome explotar, regalándose como una virgen ofrecida en sacrificio.
-¿Así está mejor amor?.-Me dijo con vos excitada provocándome, abrió las piernas y sentí como chorreaba en mi boca el agua que caía desde la ducha, latiendo excitada, mi mente se nublaba y mi cuerpo reaccionó con una furia mezclada con deseo que no podía controlar, solo quería escucharla gemir, gritar y llorar como una adolescente en su primera vez …y por ahí empecé metiendo la punta de mis dedos, probando lo mojada que estaba y jugando un momento dentro suyo, con sus jugos esparciéndolos por todo su vientre, frotando muy duro toda la superficie abierta ante mis ojos, introduje mi lengua, y besando sus labios desnudos y recién rasurados. Sentía su respiración entrecortada disfrutando, jadeos suaves se escapaban de su boca …
Yo me la seguía cogiendo mientras le preguntaba con voz complaciente si le gustaba así., mi boca susurraba y la apoyaba con toda mi fuerza hasta el punto de exprimirla, mientras los dos nos movíamos a un ritmo lento pero intenso que nos fascinaba. Y abajo, mi sexo muy mojado, chorreaba, hasta que el orgasmo se hizo inevitable, y cayó pesadamente sobre mis caderas deslizándose suavemente hasta que mi sexo entro abriéndose paso por la acción tibia y jabonada del agua y el jabón, mientras me masturbaba con sus nalgas suaves que me hacían perder la razón.
Ella hecho su cabeza para atrás y nos besamos mordiéndonos la boca, nos succionábamos las lenguas como si quisiéramos arrancarlas, nuestros sexos seguían chorreando y ninguna de los dos podíamos esperar más. La tome de la nuca y le pedí ponerse en la misma posición de antes para cabalgarla entregándome su culo, mientras los labios de su sexo, que se podían ver hinchados y abiertos por la excitación, babeaban y morían de ganas por ser poseídos.
Agarré su mano y la metí entre su entrepierna mientras le decía al oído, masturbate, te quiero escuchar... empezó a gemir más fuerte que antes, con un ritmo muy fuerte y rápido, mientas se retorcía a gusto, yo podía sentir mis cara hervir y mi corazón latiendo enloquecido… ahí estaba la mujer que deseaba, complaciéndome en todo, esperando que me la folle, un sexo inescrupuloso que le separaba las nalgas y se introducía en ella provocando temblores que la hacían gemir de deseo y un suave dolor … ella tembló entera de solo tocarle el agujero. Volví a besar su espalda, subí por los hombros, hasta morder suavemente su cuello …tembló otra vez y gimió hasta gritar de una forma que jamás había escuchado, y volvió a caer con la respiración muy ahogada y empezó a repetir que la rompiera, rómpelo, penétrame hasta que sentí como se deshacía entre sus dedos mientras la ducha no dejaba de caer. Sin aire, sentí su carne abrirse de golpe, su culo dilatado, dejó entrar con fuerza mi sexo, por momentos, la sentía sin fuerzas en las piernas, sostenía sus caderas con una mano pegándola a mi…al escuchar los jadeos y su respiración cortada,empecé a bombearla saliendo y entrando de ella sin piedad…la sentí incapaz de seguir parada, temblaba de placer y gritaba de gusto cada vez que empujaba hasta el fondo y solté todo lo que estaba dentro, la pegué con el cuerpo entero sobre la pared y se la metí muy duro mientras gritaba de dolor disfrutando hasta quedarnos suspendidos en la inconsciencia absoluta. Por un largo instante, esa sensación, cuando sus músculos se contrajeron y todo su cuerpo se paralizo de placer, sentía que no lo olvidaríamos jamás.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Tarde de Sabado, horas extras.

Ardiendo y completamente desnudos, corrimos de la mano hacia la oficina y despejando el escritorio salvajemente me empujó dejándome caer. Tras un breve juego de poderes, separó mis rodillas dejando mi sexo a su entera disposición. Lo miraba reprimiéndose, mientras sus pulgares acariciaban suavemente mis testículos. Jadeando me relajé, a sabiendas de que iba a hacerme el inolvidable fellatio que insistentemente había prometido durante nuestras conversaciones seductoras en el pasillo de la oficina.
Sujetó mis muslos abriéndolos. Cada vez que gemía jadeante, me mordía suavemente.
Se acercaba al tronco, noté su lengua titilar febrilmente sobre el glande… La corrida era inminente. Tras los espasmos, apreté mis labios para no alertarle sumido en el más intenso de los placeres. Ella frenó momentáneamente, pero no despegó sus labios, lo presentía tras mi silencio, y dejé que mi naturaleza actuara. Tuve que apartar su cabeza porque, mientras recuperaba el aire, ella volvía a lamerme como si la vida se le fuera en ello, y volvía a detenerse. Se giró sobre mis caderas, terminando de tirar todo lo que restaba del escritorio, hasta que formamos un perfecto 69.
La cabeza entre sus muslos y mi lengua apasionadamente jugando con su vulva, enredándose mi lengua entre sus vellos, intensificaban su excitación demorando el instante en el que alcanzaría su clítoris. Sin dejar lugar a réplica, se giró sobre la espalda y comenzó a cabalgarme. Se rozaba enérgicamente, hasta el punto de hacerme daño en la piel que cubría mi sexo. Nadie me había explicado que el sexo con una mujer pudiera ser tan doloroso. Pero yo no me quejaba. Ver cómo perdía el control sobre mí, compensaba aquella molestia y oír sus intensos gemidos mientras alcanzaba el orgasmo, hacía que todo dolor desapareciera, todo era sexualmente más gratificante que muchas otras experiencias, hasta caer rendida a mi lado aún temblando su vientre. Luego tomó delicadamente mi sexo y lo colocó en su boca , succionándole, y haciéndolo desaparecer en la profundidad de su garganta, hasta que sentí que todo empezaba a dar vueltas y que todo desaparecía a mi alrededor.... despegué por unos instantes ahogándome en mi orgasmo, y sólo volví a verla cuando temblaba entre sus dedos mientras recogía hasta las últimas gotas que resbalaban sobre mi pene aún endurecido, por tan excitante momento.
Sentimos ruidos en el privado siguiente al de ella y corrimos a escondernos al baño... ahí permanecimos por largo rato aún jadeantes y mirándonos como si recién nos descubriéramos....

Don Juan De Marco