Seducidos

domingo, 18 de diciembre de 2016

Simbiosis y paradigmas.

Es tarde y no puedo dormir, mi corazón bombea excitado. Tu duermes semi desnuda entre las sábanas y la fragancia sale de tu cuerpo , el sudor, baña tu piel, excita mi cuerpo. Das vueltas en la cama, haciendo caer los senos de un lado a otro, como si estuvieran danzando para seducirme, tu cuerpo parece intranquilo, tu piel roza mis dedos y no puedo dejar de desearte cuando estás así.
Tu vientre respira intranquilo, ´deslizo mis dedos suavemente por tu piel, la tibieza y el sudor que siento resbalar por tu cuerpo me obliga a acercarme para tocarte apenas con mis labios y recoger las gotas que corren por tu vientre con mi boca. Te beso y no dejo de pensar en ese sabor que tantas veces he probado mientras duermes. Tu olor ahoga mi deseo por poseer cada rincón de tu cuerpo. Te beso y descubro la suavidad que tanto me estremece. Te deseo, y dejo que mis dedos me ayuden a despejar esa sensación que te intranquiliza, y aunque pareces no percibirlo conscientemente, cuando mis dedos entran por tu pequeña calzón, tu vientre danza excitado.
Estoy exhausto, pero te deseo hasta el cansancio. Siento como mis dedos se enredan en los vellos que aparecen al deslizar delicadamente esa prenda interior , hundo mi nariz hasta extasiarme entre tus piernas mientras el ritmo de tus caderas se empieza a acelerar, y tus piernas tratan de cerrarme el paso. Pero nada puedes hacer estas dormida, y mi nariz ya alcanzo la humedad que escapa de tu interior. Escucho tu susurro... nooo por favor... y dejo que mis labios te despierten besando tu sexo.
Ahora gimes y dejas que tus piernas se separen para recibir el cálido aliento que escapa de mi boca entre la humedad que ahora te desborda, jadeas aún semi dormida, pero te dejas sin reclamar y en
silencio, Tus senos se endurecen al roce de mis manos y tus pezones crecen entre mis dedos. Te deseo y no dejó de repetirlo a tus oídos. Me deslizo por tu vientre atrapando todo el sudor que me alimenta. Me detengo para hacer cosquillas en tu ombligo hasta despertarte,  el hormigueo de mi lengua recorriendo la profundidad de ese pequeño agujero que divide tu cuerpo en dos grandes placeres, tus senos y tu sexo sensible a mi deseo. Tu vientre se agita y murmura el encanto que te produce la magia de mis besos, hasta sentir como de convierte en mareas y deseos atrapados.  
Te deseo... y no dejo que tus gemidos y jadeos se detengan, para hundir mi rostro entre tus piernas y luego subir para llevar el sabor de tu deseo hasta tus labios. Nuestros labios y lengua se enredan en un placer más que divino, te entregas a mis caricias como el junco al paso del rio. 
Tus manos me empujan hacia abajo y tu boca ruega que me hunda entre tus carnes, separas las piernas para recibirme, mientras tu cuerpo tiembla y suplica. Es tarde para detenerse, y el éxtasis te hace  divagar entre el sueño y tus deseos... parece que estuvieras tan lejos cuando me pierdo en tu sexo , cuando mis labios besan tu delicada y excitada piel,  siento que levitas entre el deseo y el placer, entre la vida y la muerte, entre el paraíso y el infierno y me someto a tus caprchos que son los míos. 
El silencio se apodera de todo, estás a punto de explotar, y buscas mi sexo para aferrarte a él, lo agitas

y cuando estás a punto, lo llevas a tu boca y sientes como me corro y te dejas llevar por el éxtasis formando una simbiosis perfecta, única y dejamos que nuestros jugos fluyan alimentándonos de ellos mutuamente, hasta develar los paradigmas más profundos del deseo de convertirnos en un sólo ser, y fluir cada uno por separado de nuestro éxtasis...
Luego , volvemos a separar nuestras mentes para dejarnos batir por el sueño , mientras nuestros cuerpos se acarician , despejando la inquietud que nos había mantenido inquietos momentos antes de poseernos. 

Don Juan De Marco, tranquilizando el alma. 

sábado, 8 de octubre de 2016

Mis juegos con Elena, (una vez cuando niños).

Cuando su cuerpo salió del agua, las telas de sus bragas se habían adherido a su sexo llano y puro. Mi ojos no querían alejarse de esa hermosa visión... sus brazos se cruzaban cubriendo sus nacientes pechos, y dos casquillos empezaban a brotar. El frío le hizo pedir que le abrazara, sin lugar a dudas, lo más exquisito que había he hecho en mi vida. Y nos fuimos recuperando del frío, a la espera de que nuestra ropa interior se secara, con el poco sol que iba quedando.
Sus dedos empezaron a juguetear con su sexo, y sus piernas se fueron abriendo al baile de sus dedos, yo estaba extasiado. Su rostro, no se, si se desfiguraba o tomaba la forma más exquisita que había visto. Ese Brillo en sus ojos, y la delicadeza con que lo tocaba, cada movimiento parecía suceder en otra dimensión. Sus dientes se dibujaban apretando sus labios y su rostro se fue languideciendo de a poco, sus ojos se cerraban a cada caricia que ella le daba a su sexo. Sus pequeños pezones se disparaban y sus pechos se redondeaban. Su vientre dibujaba bellas figuras serpenteantes. Los gemidos eran dulces ronroneos. 
Su espalda se apoyó sobre mi, y su calor fue mojando mi cuerpo...el ritmo de su corazón era increíble, ese olor que sentía en el aire me envolvía. Llevó uno de sus dedos a mis labios y me hizo probar y oler, yo reía nervioso pero encantado de su fragancia... de pronto, su cuerpo se dobló y un gemido se ahogó entre sus labios, su cuerpo temblaba como una hoja en otoño queriendo escapar de las ramas, y tendiéndose sobre mis rodillas me pidió que agitara mi sexo hasta que yo sintiera lo mismo... a los pocos instantes, el semen brotó entre mis dedos saltando lejos, y parte de él, cayendo sobre sus manos que me acariciaban las rodillas... Ambos nos sorprendimos del resultado de ese juego... y se quedó mirándome a los ojos un poco asustada...
Con eso, que parecía denso al tacto entre sus dedos... luego una risotada saltó en el aire ... y ella se llevó los dedos a la boca para probar su sabor...

Juan De Marco

El Castigo y el perdón...

Dejé que mis dedos se deslizaran sobre su sexo abriendo las carnes enojadas, sentí como sus armas se rendían, y volteaba para que mis dedos gozaran de su piel, hasta que sintió los dedos dentro, y un gemido marcaba su rendición... pero su soberbia merecía un castigo... y antes de encender un orgasmo entre sus piernas, subí delicadamente por su vientre, mientras dejaba que su sexo se enfriara para atacar a sus senos descuidados y duros, y manipulando los pezones  como perillas, hice que su agonía fuera aún más larga, para volver a bajar por su vientre acariciando cada espacio de su piel... la rabia la consumía, porque era tan débil.
Ella quería que todo fuera más rápido para explotar y voltear hasta el otro día y no hablarme por un largo tiempo. Tenía rabia, pero esos dedos la derretían...y su ofuscación se transformó en jadeos...
La luz permanecía apagada, eso ayudaba a que su excitación no se notara, escondiendo su delirio... Quiso por un instante voltear para seguir con el castigo que se había propuesto cumplir, pero al sentir mis ágiles dedos detuvieron el movimiento sosteniéndole los muslos, y la mano se posó de lleno en su sexo apretado entre sus piernas, las que volvían a separarse encendiendo su delirio... los dedos no dejaban de buscar la humedad y fueron abriendo su vulva que se entregó levantando la bandera blanca...La rabia se volvió gemidos entonces, y su vagina se abría para someterse al motivo del castigo que quería imponer, pero la rabia se rinde al deseo, y se deja ultrajar por los dedos del que le desea. Ese hombre que somete con amor a las débiles carnes de su verdugo...

Juan de Marco

La viuda.


"...Mis manos separaron las telas del escote, para liberar sus senos llenos de deseo, y beber de ellos cada gota que emergía aprisionada por el tiempo, su cuello entregado a la caricia de mi barba des afeitada, fue convirtiendo la piel mustia en arroyo vivo, y el sudor volvió a aparecer en su cuerpo. Esos labios que sólo sabían de llanto, volvieron a descubrir los gemidos... y esa nariz siempre mojada, se secó para volver a sentir la fragancia y el sudor vivo de una nueva piel. 

Sus ojos cristalinos volvieron a tomar vida, y ya no se cerraban sólo para dormir la tristeza, sino que para dejar que las sensaciones le ahogaran cada lágrima y convertirlas en luces que se iban prendiendo en su interior, volviendo a chispear alegremente en el globo de sus ojos.

Fue así como su cuerpo volvió a sentir el deseo, hasta que sintió que la daga le separaba la piel para volver a sentirla viva dentro de sí, fue cortando los hilos de su tristeza para transformar sus murallas secas en manantiales de aceites untados por el deseo y suavemente sintió que la muerte la alcanzaba para volverla a la vida... entonces la otra imagen volvió al espejo para reflejar la alegría de sentirse una mujer deseada y complacida, que había borrado su tristeza... "

Juan de Marco... y la viuda.

La espera...

Me aferré a tus nalgas, mientras tus dedos, lo acomodaban entre los muslos, duro y desafiante... no decías nada... Mi sexo buscó entre tus labios vaginales, sin entrar, sólo resbalando entre tus carnes, dibujando cual pincel, lo resbaladizo de tu sexo, el que acoplado a mis deseos, resbaló por la vertical mojada hasta rozar el fruto almendrado que guardabas dentro, que ya se disparaba endurecido por las caricias... El vaivén de mis caderas acompañaba las delicias del  deleite que sentías.  Untado en tus fluidos, fue mojándose entre tus piernas apretadas, bañando de  húmedad tu piel mojada.
 La sensación exquisita que sentía, luego de la larga espera, hacía que lo resbaladizo del sendero, endureciera e hiciera palpitar mi cabeza  que fue llenándose de sangre para satisfacer el deseo que te consumía ... El baile frenético de mi cuerpo fue anunciando en húmedos fluidos, el fin de unos meses sin tocarnos. Tus nalgas se pegaron a ese ritmo de locura y frenesí, levantando tu pierna sobre mis caderas, permitiste el paso para desapareciera dentro, apoderándome de tu deseo, y palpitando, hizo que este reventara derramando el viscoso néctar entre tus piernas, las que no dejaron de moverse empapadas por la excitación, hasta clavarse la punta fuerte empujando tu clítoris deliciosamente para derramarte conmigo adentro...

Juan De Marco

Al amanecer...

"...Cuando sentí que su boca se abrió reclamando placer y sus piernas chorreaban, la di vuelta hacia el espejo y entré lentamente entre sus carnes, sacando lágrimas de sus ojos envueltos en rubor , y la embestí profundamente... mientras ella miraba en el espejo su rostro desfigurado de deseo ... arremetí contra ella hasta arrancar una seguidilla de orgasmos a cada embestida... finalmente mi cuerpo soltó todo el ardor que ella había acumulado en mi cuerpo durante la noche... ambos terminamos de rodillas en el suelo, tratando de recuperar el aliento, mientras, unas seguidilla de gemidos y jadeos se sucedían unos a otros..."

Juan De Marco

A la luz de la ventana.

"
Su cuerpo esta agitado, su deseo no la deja respirar y la levanto apoyándola en la ventana, entro suave entre sus piernas... gime y susurra delicias entre jadeos ahogados, entonces, su vientre tiembla... una y otra vez... su excitación no se deja esperar, y mis entradas hacen que su cuerpo reaccione... salgo y meto mi boca entre sus piernas, succiono suavemente su piel... explota... y su cuerpo se entrega a las delicias sin oponer resistencia... los orgasmos se suceden uno a uno, y antes de que su cuerpo se reponga vuelvo a entrar en ella con un sexo erguido... y profundamente me apodero de ella... sus nalgas se aprietan a la ventana... y sus senos golpetean mi boca... sorbo las gotas que corren mientras su cuerpo empaña el vidrio... hasta que su cuerpo resbala y cae al suelo extenuado... mis ojos no dejan de mirar el mar y su boca vuelve a cogerlo... lame suavemente sintiendo su olor y gusto en su rostro... es su olor, es su gusto mezclado con el mio... vuelvo a derramarme en su rostro... ríe nerviosa, pero no deja de volverlo a llevar a sus labios hasta extraer la última gota... el termostato marca 35º y yo me deshago entre sus labios una y otra vez... vuelvo a la cama y me recuesto desnudo, ella reposa sobre mi cuerpo manteniendo su boca ocupada con mi sexo, y juega a verlo desaparecer... llueve.. detrás de los cristales ... llueve..."

Juan De Marco

Amanteseres...

Sus bragas delatan , el encaje negro se despide de su cuerpo y recorre sus piernas llegando a sus tobillos, sus piernas se doblan y con las manos se quita la prenda completa, se levanta y recorre desnuda la habitación, sus nalgas tiemblan a cada paso, camina hacia mí y abriendo las piernas, se sienta a horcajadas , puedo sentir su aliento dulce y cálido bajando por mi cuello, me abraza, y baila sobre las telas delgadas de mi pantalón, dibujando con su sexo el mío, como si dos engranajes ensamblaran delicadamente. Mi erección siente su cuerpo y despide unas gotas, ella me recorre con la mano sobre las telas, cada detalle de mi Verga, despega las braguetas, y mete sus bragas para seducirme sin clemencia, sus manos entran delicadamente con ellas y tantean el flujo que que cae sutilmente, dibujando con sus dedos su erecta figura. 
Se levanta y vuelve nuevamente a la cama, desordena las sabanas enredándolas entre sus piernas, su sexo puede verse desnudo y abierto por fugaces momentos, cuando la luz blanca de la ventana golpea su desnudez. Sus pechos son perfectos y sus pezones están erectos al sentirse observada, la canción termina, la aguja vuelve a su lugar. Ella hace una reverencia y se despide aventando besos el aire. 

Juan De Marco

La maestra.


Cuando se acerco a mi, sentí que mis piernas temblaban. Sus manos acariciaron mi cara con suavidad, sentía como limpiaba mis deseos al roce de sus dedos, largos y suaves. Me tomó de la mano llevándome a su habitación. Al desnudarme lo hizo con ternura y cariño, dejando deslizar la ropa sobre mi cuerpo. Sus manos tibias recorrían mi cuerpo, sus dedos iban dejando la huella sobre mi piel, mis vellos se erizaban al roce.

Mi sexo se erguía como un bastión, sus labios recorrían mis pechos con dulces besos mientras sus manos iban descubriendo mi cuerpo. Al quedar desnudo, sus labios fueron surcando el camino al deseo, cada pliegue de piel se abría al depurado rozar de la suya contra la mía. Hilos de saliva iban marcando cuidadosamente su recorrido, como telarañas transparentes, se tejían, queriendo atrapar mi sexo en una cárcel de seda. 
Palpitante mi verga se contraía a sus caricias, sin ella haberla tocado, como una rama azotada suavemente por un riachuelo. buscando ser acariciado por las tranquilas aguas.

Sobre mi cuerpo, a horcajadas, se podían ver sus senos tempestuosos y la caída hasta sus caderas. Ante mis ojos, desnudando su piel, su corsé, se habría tira a tira cuando sus dedos desenredaban el complicado laberinto de sujetadores, que con gran esfuerzo lograban contener los abultados senos. Las aureolas de sus pezones se dejaban ver adornadas por encajes, que al soltarlo, dejó rebotando sus senos por un instante llenando un gran vacío. Los posó delicadamente sobre mis labios ofreciendo su néctar, semitransparente y blanquecino, dos gotas asomaban sobre sus puntas como perlas, los que fueron succionados por mi sedienta boca. Sus pezones eran duros como copas de mármol, oscuros y enrojecidos. Las gotas brillaban contra la luz tenue del cuarto. Bebí de ellos succionando gota tras gota, hasta liberar finos chorros que se disparaban sin dirección mojando mi cara. Tomando mi cabeza, me deslizó por su vientre, donde la suavidad de su piel acariciaba mis mejillas, que se iban humedeciendo entre el sudor y su deseo. Mis labios temblaban, hasta quedar entre sus piernas. Quise ir a su sexo, pero ella hábilmente me llevó entre sus muslos que deseaban ser besados antes que llegara ahí.
 - aprende lo que deseamos las mujeres.- Me desconcertaba, pero a la vez me fascinaba su forma de dirigir.
Su piel brillante por el sudor, me agitaba. Disfrutaba cada uno de los surco, que afloraban


como delicadas lineas, marcando la frontera entre el goce y el placer.
Sus piernas se fueron abriendo lentamente empezando a revelar sus secretos. Sus labios se hinchaban al roce de los míos, cada surco era dibujaba por mi lengua. Las gotas de sudor bajaban por su cuerpo, y eran recogidas suavemente por mis labios, como queriendo beber de sus pecados, los que brotaban uno tras otro, suplicando que me acercara a la miel de su carne. Sentí como su sexo buscaba mis labios intensamente, retorciéndose entre jadeos y gemidos. Finalmente ante mi, brillaban sus labios vaginales despegándose con hilos sedosos, y densos hilillos de fluidos que emergían del interior. Su apretada vulva, se dilataba, dejando ver su interior, pardo rojizo y bañado de miel, los que mediante sus brillos iban liberando la pequeña cabeza de oro, que asomaba tímidamente entre los pliegues húmedos. 
Mi lengua terminó se romper los hilillos que quedaban vírgenes,  rodié envolviendo la cabecilla entre mis labios succionando suavemente, su cuerpo se estremecía, dejaba correr un liquido que chocaba con mis pestañas provocando un intenso ardor, sus vellos púbicos se enredaban entre mis dedos dibujando el promontorio monte de Venus, donde caían sus deseos palpitando, dejándolos untados, mientras mi lengua jugueteaba entre sus carnosos deseos separando los labios. lamiendo y recogiendo el manantial que emanaba de su interior. Entre jadeos y gemidos su espalda se retorcía clamando para no detener el flujo de placer que brotaba, sus manos sujetaban mi cabeza entre sus labio aplastando su sexo contra mi rostro, su espalda se dobló bruscamente liberando toda la energía por su columna vertebral, hasta reventar entre gritos de placer. 
Me reincorpore enterrando mi sexo en ella, la que empujaba suplicando suavidad, pero embestí con fuerza hasta topar el último rincón de su alma, separando con violencia sus piernas bañadas de sudor, y me dejé caer sobre su vientre mordiendo sus labios bañados de saliva seca, arrancando y ahogando con frenesí, cada grito y gemido de su boca. Mi cuerpo batía el suyo sin piedad,  hasta reventar dentro de ella liberando mi energía  y mis horas de espera, para aprender de sus muslos los mil secretos que escondían, hasta caer sobre sus pechos hinchados de los que aún brotaba leche a goteos intermitentes. Finalmente tranquilizamos nuestros cuerpos entre besos y caricias dormidas de placer.

Don Juan De Marco "Donde se abren los labios de una mujer, siempre habrá sed, y un gusto que guardarás para siempre en tu memoria"

Blasfemia.

Su pasión por cristo lo traía a la vida para convertirlo en carne, beber del sudor de su cuerpo. Los labios de la monja circundaron los pezones del Cristo. La religiosa extasiada por la aparición demostraba su adoración bajando con su boca por el cuerpo que no dejaba de temblar entre sus dedos, hasta colgarse del genero que cubría el sexo sagrado de aquella imagen, que tantas veces había imaginado en sus sueños. El vientre de Cristo entumecido por los labios de la monja se convertía en agua, mientras su sexo erecto se dejaba ver sin pudor en gloria y majestad. La monja temblando entre sus dudas, lo rodeó con sus dedos para sostener el sagrado miembro del que nunca se había hablado, y menos , alguna vez blasfemado. Tirando de la delicada piel que le cubría, lo besó con pasión y deseo, mientras que de los labios del Cristo hecho carne, se escapaban delicados gemidos. Con ternura y amor, casi mágicamente, los dedos de la monja liberaron, clavo a clavo, las manos y pies del Cristo, que ya habían dejado de sangrar, y apoyando las perforadas manos en sus pechos, dejó que los delgados y finos dedos la desnudaran. La monja mordía sus labios dejando que el amor que le profesaba, hinchara sus senos y emergieran sus pezones levantados por el deseo, los que se fueron endureciendo entre los delgados dedos de Cristo. El hábito que cubría su cuerpo se fue deslizando por sus hombros hasta mostrarse en completa desnudez ante los ojos llorosos de la imagen convertida, ella se arrodilló, acercó su rostro hasta el sexo endurecido, para delicadamente tragarlo con deseo.
Don Juan De Marco

El último Deseo.


Las piernas separadas de Andrea, clamaban mojadas. El ying y el yang en perfecta armonía, buscaban sus sexos, ambos estaban bebiendo la energía del otro mientras sus cuerpos se dejaban beber mutuamente. Los que se convertían en lágrimas de deseo al engullirse. Ella, al deslizar sus labios por el duro miembro erguido por las venas llenas de sangre, él, entregado a los de ella, que engullía como una fruta jugosamente abierta por sus caricias y el juego de sus labios. 
Cada embestida de su boca, iban doblando las rodillas de Marco , quién la sujetaba en andas sobre sus hombros, hasta que por fin liberaron todas sus bendiciones en la boca de Andrea, la que al sentir el caliente zumo que escapaba y la enmudecía, caía extasiada sobre el frío suelo de roca, dejando abiertas sus piernas para ofrecer su cálido interior santificado por las promesas de fidelidad y sacrificio. Al despertar del éxtasis, sintió como el sexo duro de Marco le poseía. Angustiada por el deseo que sentía, dejó que su cuerpo bañado en fluidos, se entregara a la intensa penetración, y abriendo sus labios gimió su nombre:
-Marco......
Los delicados y celestiales movimientos en su interior, fueron sofocando su corazón, y entre contracciones y gemidos el aire se fue de su vientre para explotar en placer, espasmos y jadeos.... hasta que su corazón se detuvo para siempre...


Juan de Marco

La ducha.


Ella, tiró de la sabana, para dejarme desnudo y expuesto. Miró fijamente mi sexo en erección, se agachó para alcanzar mis labios, mientras mis manos daban exquisitos masajes en sus senos,  rozando sus pezones con delicadeza. Pero no quería detenerme ahí, y la tomé con fuerza tirándola encima de mí, procurando que su sexo quedara en contacto con el mío, y mis manos pudieran disfrutar de sus nalgas redondas y tiernas, las que apretaba con suavidad procurando que sintiera mis manos sin dañar su piel. La tendí sobre el colchón, y entre con mi rostro entre sus piernas apenas rozando su sexo húmedo, estaba mojada, extasiada por mi ímpetu y deseo… hasta que alcancé su clítoris, el que se fue hinchando entre golpeteo y chasquido de mi lengua, le vi crecer, le sentí mojarse, sentí como su sexo se convertía en charco, empujaba para que yo pudiera profundizar en su interior. Su fragancia era intensa y su sabor empalagoso… denso.. pero tan suave como jamás le habría podido adivinar. Su vientre se batía entre contracciones,su voz parecía desaparecer a ratos, y sus senos al masaje de mis manos, se fueron endureciendo, creando una locura en mi mente, mientras mis dedos torneaban sus pezones endurecidos para soltarlos y estirarlos suavemente mientras crecían duros entre mis dedos. Mi lengua quería separar y entrar lo más adentro que se podía, ella jadeaba y gemía de placer hasta las lagrimas, mientras su corazón amenazaba con escapar entre sus senos… su vientre era una serpiente enloquecida, que no dejaba de contraerse ante las abatidas de mi boca que no dejaban de saborear el manjar que más le apetecía, la miel más pura que jamás probaría, los gritos y jadeos se apoderaron del viejo cuarto, su cuerpo agitado hacía gruñir el somier, el bronce golpeaba las murallas, luego una corriente de néctar empapó mi garganta, me baño en miel espesa, ahogándome hasta la locura… abrí sus piernas y me deslicé dentro de ella hasta topar el fondo acerado y mojado de su interior… y baile mientras ella jadeaba y gritaba de placer, agarrada a mis nalgas las que  rasguñaba desesperada, clavando sus uñas en mi piel, hasta lacerar mis duras nalgas que no dejaban de clavarse en ella, hasta que por fin exploté dentro de ella soltando todo el caudal  que había retenido mientras  se bañaba y preparaba su sexo bajo las aguas de la ducha para mi… 

Juan de Marcos.

Taurus y Arkantis

La tendí delicadamente sobre la cama, y mis manos recorrieron su cuerpo llegando a sus pechos. Los presioné con fuerza espculpiéndolos con mis dedos, hasta terminar con un ligero pellizco en sus pezones. Me alejé de ella para desnudarme y asegurándome, que sus ojos, en un acto vouyerista, no se perdiera detalle. En la cama una vez desnudo, tomé las caderas de Arkantis para traerla hacia mi, y abriendo sus piernas e introduciendo las mías entre sus muslos, dejé caer mi sexo sobre el suyo. Comenzó a sentir como entraba dentro de su cuerpo y salia de ella mientras presionaba con fuerza sus senos. Arkantis, no soportaba las ganas de gemir y de gritar.... Doblé mi espalda hasta alcanzar su cuello y la besé apasionadamente hasta alcanzar con mis labios sus pezones, los que rozaba con mi lengua, hasta que mis dientes empezaron a morder, mientras la penetraba. Su deseo cada vez era mayor, jadeaba con fuerza y contenía el aire en cada embestida mientras la devoraba, y anunciándome su orgasmo, mientras su cuerpo se contraía, salí de ella con fuerza alzando mis caderas, expulsé todo el semen como blanca espuma sobre sus pechos, al tiempo que ella convulsionaba de éxtasis contrayendo su vientre como las olas del mar y soltando ahogados gemidos enajenados de delirio, mientras los fluidos que caían sobre sus senos recorrían su torso desnudo y agitado hasta depositarse en su ombligo, donde quedaban atrapados y esposados a la vez que nuestros cuerpos caían agotados por el deseo esparramado por todos los rincones de la cálida habitación ..
Delirios de Juan De Marco

Shang Yue...La perla

Las manos de ambos no permanecían sordas; parecía que ambos sabían que el tiempo apremiaba y no querían perderle. De un giro brusco, la puse de espalda y hacia la pared, subí el kimono empinando sus nalgas y bajé para lamerle el sexo donde el néctar, fluía entre sus piernas marcando las telas de la delicada prenda de seda que le protegía. Mis manos, empujaron entre sus piernas, para acariciar por encima de las bragas mojadas. Ella , jadeaba y gemía complacida... extasiada. Bajé mientras sus piernas temblaban y ella ayudándome a quitarlas, movía las piernas para facilitarme las cosas. Las bajé hasta sus rodillas, para emerger entre sus piernas y comerle el bulbo abierto introduciendo mi lengua a pulsos. Húmeda, emanaba fluidos desde el centro de su alma, aumentando aún más el lívido de la asiática. Sang Yue, se puso en pompas, semi horizontal, apoyada sobre el mesón, con las nalgas abiertas y abrió aún más las piernas para suplicar que le entrara con violencia, facilitando todo con esa posición. Tomando mi sexo, lo colocó ayudándose de su mano y la clavó con un impulso brusco, empujando todo su cuerpo hacia mi. Entregada al deseo, empezó a mover sus caderas mientras yo embestía entre sus piernas, empujando sin parar.
No podía sujetar las ganas de gritar por el placer que estaba estaba sintiendo, por lo que le tapé su boca con la palma de la mano, mientras la seguía enculando. Justo en el mismo momento que iba a explotar, vuelve a entrar la mujer, y al verla Sang Yue, soltó un orgasmo entre delirios y jadeos de placer, arrancando mi sexo y haciéndome acabar encima de sus nalgas abiertas, y en su desesperación por salir, tropezó cayéndose encima de un montón de barreños y palanganas que se encontraban detrás del mostrador, formando un desorden y estruendoso ruido ante el rostro de la sorprendida mujer.

Don Juan de Marco

viernes, 7 de octubre de 2016

Extraños...

Me miraba con unos ojos asustados he inquietos... mis pasos lentos sólo resaltaban bajo mi pantalón un alborotado sexo...hasta que posó  sus manos con impecable destreza y con un ligero apretón, susurró palabras de agradecimiento a quien me había traído hasta ella. Abrió lentamente la cremallera, y sacándolo de entre las telas, sus dedos lo recorrieron suavemente, como dibujándolo en su memoria... me acerque aún más a ella, y la dejé acariciar todo, sus manos eran verdaderos pinceles recorriendo mi sexo  erecto  frente a sus ojos. Mis rodillas se doblaban, tras cada roce de su boca, y mi corazón se apretaba dentro asfixiando mis pensamientos...
Entonces me dejé caer en su lecho, Ella como serpiente se fue enredando en mi, deslizando su ardiente cuerpo sobre mi piel... como si estuviera bañada en aceites. Mientras ella se deslizaba, mis manos acariciaban sus tibias nalgas y mi nariz, aprovechaba sus fragancias... ese particular olor formado por deseo y sudor. hasta que por fin nuestras bocas se acomodaron para beber mutuamente de nuestros cuerpos.
 Gozar del sexo del otro,  compactarse en exquisito vaivén como dos engranajes moviendo la fuerza del deseo.... los gemidos de ambos, acallaron las olas e hicieron desaparecer el mar. Eramos sólo nosotros, bebiendo de nuestros sexos mojados...temblábamos como niños en su primera vez, no nos conocíamos, pero sabíamos exactamente que hacer. Cada movimiento, cada caricia, cada beso...caían justo donde tenían que caer. Y luego como si fuéramos velas encendidas, nos fuimos mezclando entre aromas y sabores. Los jadeos y orgasmos, se desprendían de nuestros labios mientras absorbíamos las energías emergentes de dos cuerpos excitados, sobrepasados por el placer de bebernos, y se acercó a nuestras mentes el éxtasis de un pronto orgasmo. 
Entonces se tendió en la cama y abrió sus piernas de para en par, para que yo entrara en ella, aún entre temblores, y mi cuerpo se hizo al de ella, para resbalar a su interior quebrando las barreras de la angustia y el deseo, que ambos rogábamos obtener... y caímos en el abismo, eructando orgasmos que se sucedieron uno tras de otro, hasta caer extenuados entre las sábanas desordenadas, donde se había conocido el deseo de un encuentro de dos desconocidos.....
Don Juan... a ciegas,

De niña a mujer.

...Abrió sus piernas, dejando resbalar la punta de su lengua, entre las carnes agitadas, recorriendo, desde la base de la húmeda caverna del amor, entre las carnes trémulas, hasta la rozada y suave cabecilla que era ahorcada por labios llenos de deseo, creando convulsiones en el vientre de la primeriza, haciendo temblar el frenillo en delicioso compás. Mientras por la comisura de los labios corría lascíba y cálida, la sed de conocer la vid del deseo que generaba el fuego interior. 
La lengua , volvía a bajar por el mismo sendero... encendiéndola cada vez más y haciendo desaparecer a la niña. Su sexo se iba dilatando, dejando chorrear el viscoso deseo. Las manos no tocaban ni un pelo del cuerpo, sin embargo, su lengua la hacía fallecer entre súplicas pidiendo de una vez, ser poseída, y volvía hasta el clítoris de la princesa, para golpetear en apasionados compases la carne débil que emergía entre sus pliegues, dejando caer la cálida saliva en la encendida y rozada cabecilla, tornando suave el suplicio entre sus labios. Se estremecía por la excitación, gemía y corcoveaba entre los fuertes brazos del amante profesor, hasta que por fin dejó escapar el silencio, y gritando del placer, expulsó sus jugos más íntimos y empalagosos, explotando su piel, y cayó entre las convulsiones sobre la húmeda tierra a orillas del río, hasta conocer el primer orgasmo de su vida.


Don Juan De Marco.

Betsabe, la flor gitana.

"Betsabe, más decidida que nunca, abría sus piernas para exhibir sus muslos que iban a terminar en su rosado sexo, sus manos acariciaban su propia piel y sin despegar sus ojos de Marco, subía cuidadosamente sus faldas para dejarse ver. Sus labios vaginales brillaban al sol, donde cada rayo se reflejaba sobre la humedad que escapaba entre sus piernas. Las abría y cerraba, mientras su vientre temblaba, para expulsar su dulzona fragancia, revoloteaban inquietas cuando sus dedos apenas se acercaban. Marco alzó su vista, el cuerpo de la gitana se estremeció, y sin control empezó a temblar desde su interior. Sin hacer mueca visible, fijó la vista en la piel de cobalto que mostraba Betsabe entregada al roce de sus dedos. Marco, apretando sus dientes y mordiendo sus labios, se acercó a las piernas de la gitana, y sin decir nada, las separó con sus fuertes manos, dejando que su rostro se hundiera entre los muslos de aquella excitada ilusionista llena de deseo, para dejar que sus mejillas se deslizaran por la suave piel de la hembra en celo, hasta que su nariz, se fue a posar en el sexo mojado y ardiente, que sin pudor empujaba su sexo hacia él para sentir su aliento. El cuerpo de la muchacha se quebró en jadeos y un suave gemido se arrancó de sus labios entregada a los goces de los labios de Marco, hasta deshacerse entre ellos..".

Don Juan De Marco.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Cartas de Dulcinea... De "bello presagio" 16 de junio de 2009.

Bendita maldición que me hace suspirar cuando te siento cerca, tan cerca de mi pero tan lejos.

Sé que me deseas al igual como yo lo hago y seré eternamente tuya aqui en este espacio, siendo tu cielo, siendo tu dia de luz, tu claridad y ese oasis q necesitas. Seré siempre tu amante, la de los gemidos, la chica que sueña contigo, la chica que corre al baño cada vez que el deseo la hace recordarte, la chica del bar, la chica del tango, tu fantasia en rojo Ayanay...

Conoces mi piel mejor que cualquier otro, conocer mi deseo...

Bebe de mi cuantas veces quieras y perdamosnos en ese olor a sexo, a pasión, quiero tu sabor y mi sabor en mi boca, quiero tus dedos en mis labios mientras mi vientre aún se mueva contigo dentro.

Es imposible para mi no amarte, lo sabes, me gusta sentirme viva!!! me gusta, te amo y por eso te dejo libre amor, no puedo encarcelarte, perderias tu belleza y dejarias de ser mi Quijote adorado y yo dejaria de ser tu Dulcinea, dejarias de ser Mi Don Juan y yo dejaria de ser tu Doña Ana.

Como sabes si has amado a una mujer alguna vez?, yo lo sé, sé como tú amas a las mujeres, sé como me amas.

Todo en mi se volvia poema gracias a ti, gracias a tus labios, a tus caricias y a tu deseo, si soy una oda a la lujuria y a la sensualidad es gracias a tu pasión y a lo que despertaste en mi, soy feliz, contigo en mi piel y aprendiendo a amar.

En tu piel, en mi piel por siempre...

Katy

http://nectares.blogspot.cl/2009/06/bello-presagio-los-labios-de-ayanay.html

martes, 20 de septiembre de 2016

El juego de los Cisnes.

Al entrar en la habitación, sentí el vapor del baño inundándolo todo, acababa de bañarse y estaba acostada boca abajo en la cama, y enredada entre las sabanas desnuda, la mirada perdida en la luz que entraba por la ventana mirando hacia la cabecera de la cama, me daba la espalda y en consecuencia no podía ver sus ojos. Acostumbraba masturbarse cuando estaba a solas. Entonces me pidió que le levantara un poco la cola y pusiera una almohada de plumas bastante abultada a la altura de su pelvis y que me sentara en el sitial a los pies de la cama, que no la detuviera, que le excitaba que le mirara. Sabía bien lo que tenía que hacer. Con el culo un poco arriba paso su mano por debajo del vientre hasta que sus dedos alcanzaron la fuente del deseo.Metió su mano entre las piernas e introdujo sus dedos suavemente en su sexo, como le hace el cuello de un cisne al hundirlo en las aguas para alimentarse. Acariciaba suavemente sus labios vaginales agitando su piel , exactamente como el cisne las aguas. Comencé a masturbarme al tiempo que percibía como ella subía la temperatura a la cama. Aumentó el ritmo cuando percibió lo que hacía, percibía mi aliento agitado, luego la perdí, ella parecía desaparecer para mi y se sumergía en sus sensaciones olvidando casi que le miraba. Le hice cosquillas con mis dedos sobre su espina dorsal bajando delicadamente desde su cabeza hasta la baja espalda, su reacción fue arquearse aún más, lo cual hizo que su culo quedara más arriba, duro y redondo apoyado delicadamente sobre el plumón. Mis manos se posaron sobre sus nalgas abriéndolas despacio, apoyando los pulgares bien al borde del agujero rosado y contraído, para abrirlo al máximo posible, súbitamente le dejé sentir mi lengua recorrer toda la piel que le rodeaba, logrando contraer sus músculos suavemente, llenando por completo su cavidad con mi saliva. Este primer lamido, franco y pleno, le hizo gemir con exquisita ternura, era una niña consentida que se dejaba querer melosamente.
Continué con ellas haciendo serpentear mi lengua por sobre todo su rosado y delicioso paraíso de una forma ardiente, como si estuviera probando el más delicioso de todos los bocados. Sus dedos, no dejaban de entrar y salir de su sexo, danzando sobre el pequeño pedazo de seda que brotaba de entre sus labios empapado por el accionar de sus caricias, hundirlo y peyiscarlo suavemente con sus dedos.
Luego de un rato, puse mi dedo medio bien en punta y comencé a ejercer presión en la puerta de su rosado agujero. Su mano empapada de los fluidos, acariciaba mis dedos esparciendo el néctar que arrancaba furioso de su sexo, hasta que mis dedos estaban tan suaves y untados, que al presionar nuevamente sobre el agujero, cedió suavemente a mi bombeo y masaje delicado, permitiendo la entrada suave, y casi por completo.
Acompasado a la masturbación de sus dedos, los movimientos de los míos, hacían que la misma entrara y saliera ejerciendo en cada exploración más y más presión, lo que lograba, era ponerla más caliente, excitada a más no poder, gemía y jadeaba como tragando todo el aire de la habitación. Ya no solo se masturbaba frenéticamente, sino que ahora levantaba la cola más alto presionando aún más la profundidad que podían alcanzar mis dedos.Imploraba profundidad. Se dilato como si toda su vida hubiese estado esperando ese dedo.
Mientras sentía el dedo deslizarse por completo hacia su interior, inmediatamente comenzó a empujar sus nalgas hacia mi mano, acoplando el ritmo perfectamente a la masturbación que llevaba con su mano, aceleraba el ritmo.-"Si por favor. Así, no pares".- suplicaba, mientras yo empujaba con más fuerza, totalmente abandonada al placer, mientras sentía una bola de fuego crecer en su interior que le anunciaba, el mejor de los orgasmo. Ella continuaba cada vez más rápido con su festín cuando de golpe no aguantó más y acabó con todo su ser en un orgasmo lleno de espasmos y gemidos que parecía no tener fin. Sostuve mi posición aprovechando el placer que sentía hasta el último instante, apretando hacia adentro mientras su agujero se contraía y abría junto con los espasmos mientras gimoteaba de placer cayendo agitadamente sobre las sabanas revueltas por el juego que acababa de tener. Retiré el dedo suavemente de su interior, procurando no detener sus orgasmos, ni crearle dolor. Completamente agotada y feliz se dejó caer sobre la cama nuevamente empapada de sudor, con risa agitada y temblores que seguían batiéndola como una gelatina. Aún con el culo apoyado sobre el plumón, podía ver como se contraía el agujero tras cada nuevo orgasmo, uno tras otro, y sin pensarlo mientras ella cerraba sus ojos y trataba de volver a la calma, bajé la bragueta de mi pantalón, apoyando mi sexo sobre él y hundiéndole despacio, hasta introducir la la morada cabeza que succionado por las contracciones, no tardó en derramarse por la excitación haciendo aún más agradable sus orgasmos mientras me enterraba suavemente en ella.
Y ahí quedamos, uno dentro del otro tirados sobre el plumón recuperando el aliento de tan insinuante juego.

Juan de Marco ... el juego de los cisnes.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Hazme morir... (La última noche con Medea).

"Sólo sentí sus gemidos entre los vibradores, cuando entre, ella estaba agazapada y con sus manos atrapadas entre sus piernas, la vi temblar y quebrarse entre jadeos, chasquear su deseo. Agitada, gritaba entre dientes, ven aquí, aprovecha la humedad de mi cuerpo, la sabia que corre entre mis piernas, ven, desnúdate sin pudor, déjame verte mientras lo veo crecer, calmará mi noche. Hazme, morir.


Sus nalgas y senos se movían al compás de una danza salvaje, eran retorcidos por sus propias manos. El calor entre piernas, sus dedos no dejaban de entrar y calar profundo mientras yo me desnudaba para ella.Cuando lo estuve completamente, me acerqué a ella y sin palabras de buena crianza, sólo abrió sus piernas y pidió que la devorara... fue ahí donde descubrí que entre sus manos, el consolador de particular color, salía de dentro de ella, para entregarlo mojado, y listo para ser usado en cualquier momento.... no necesitaba nada, ya estaba temblando antes que mi lengua siquiera la rozara, y empapado lo pegó a mi boca apretando mi cabeza hacia sí, y enloqueció en gemidos, sus jugos me ahogaban, estaba tan mojada, que no deje de beberla hasta que sus piernas se cerraron sobre mi espalda y se sumió entre lamentos y gozo.


Antes que lograra impedirlo, enterré profundamente mis caderas entre sus piernas hundiendo toda mi humanidad en ella, empujando su placer al límite, al llanto, a gritos y palabrotas vulgares, que escapaban de su boca.. gemía como una gata herida y se doblaba para enterrarse aún más.... no pude contener mi excitación y me desvanecí entre sus piernas soltando todo el néctar dentro de ella, expulsado a chorros.... y salí de ella para soltar el segundo aliento sobre su vientre, dejando que mis dedos le siguieran consintiendo placeres mientras se desvanecía sin decir palabra... su cuerpo cayo inerte, parecía suspendida en el aire, sin soltar sus piernas amarradas entre si tras mi espalda y unas manos unidas en oración y suplica, le cerraron el paso a mis ganas pidiendo clemencia, mientras soltaba a delicados chorros todo lo que yo había dejado dentro...


Una vez su cuerpo calmo, le fui comiendo a sorbos cada milimetro de piel mientras sus carnes temblaban.. Luego deje mi sexo apoyado suavemente en sus labios, dejando que se alimentara de mis restos de deseos ... Ya estaba lejos, levitando entre el éxtasis y el placer de haberme hundido en el juego que sin mi había empezado".

Juan De Marco... Del Falo y la Berenjena ...

http://pasionesdemedea.blogspot.cl/2011/04/el-falo-y-la-berenjena.html

 "

domingo, 11 de septiembre de 2016

Temblores del alma

Entré en la bañera con mi piel hirviendo, quemaba el deseo que tenía por esa mujer, ni toda el agua del mundo podía calmarme, estaba a centímetros de la cosa más rica e irresistible que conocí en mi vida….las piernas carnosas con una forma perfecta, más arriba sus nalgas, eran una manzana dura y carnosa, madura y parada, preciosa, de esas que uno ver por la calle y dan ganas de morderlas y agarrarlas con las dos manos… seguir por su espalda, notando su cintura muy marcada, el sueño de cualquier mujer y terminando con unos hombros muy femeninos, proporcionados a su figura delgada y menuda.
Me apoyé en su cuerpo sin dejar espacios y la pegué a mí. En el instante que hicimos contacto, una electricidad nos recorrió, nuestra respiración se volvió pesada y profunda… hablaba por nosotros, no hacia falta palabras, ella giró la cara y capturó mi boca con su labios metiendo su lengua enredándola con la mía, mis manos las arrastraban hacia mi, su cadera en un movimiento muy sensual de ida y vuelta… deslizaban su sexo suavemente sobre el mío, provocando una gran erección, e hinchando las venas que la mantendrían dura y fuerte . Le devolví el beso de bienvenida… nos devoramos hambrientos, los dos teníamos los labios llenos, unas bocas dibujadas con las que podíamos pasar horas y horas comiéndonos en un placer único.
Continuábamos jugando con nuestras lenguas, lamiéndonos suavemente, respirábamos con la boca abierta, su cara pegada a la mía, primero acariciándome con su mano mi cuello y la nuca acercándome con fuerza hacia ella, Las mías por sus pezones pellizcando de una forma que la hacía temblar, apretando sus senos como si quisiera exprimirla, apoyó sus brazos sobre la pared de la ducha y se inclinó de forma que dejo su sexo casi metido en mi boca haciéndome explotar, regalándose como una virgen ofrecida en sacrificio.
-¿Así está mejor amor?.-Me dijo con vos excitada provocándome, abrió las piernas y sentí como chorreaba en mi boca el agua que caía desde la ducha, latiendo excitada, mi mente se nublaba y mi cuerpo reaccionó con una furia mezclada con deseo que no podía controlar, solo quería escucharla gemir, gritar y llorar como una adolescente en su primera vez …y por ahí empecé metiendo la punta de mis dedos, probando lo mojada que estaba y jugando un momento dentro suyo, con sus jugos esparciéndolos por todo su vientre, frotando muy duro toda la superficie abierta ante mis ojos, introduje mi lengua, y besando sus labios desnudos y recién rasurados. Sentía su respiración entrecortada disfrutando, jadeos suaves se escapaban de su boca …
Yo me la seguía cogiendo mientras le preguntaba con voz complaciente si le gustaba así., mi boca susurraba y la apoyaba con toda mi fuerza hasta el punto de exprimirla, mientras los dos nos movíamos a un ritmo lento pero intenso que nos fascinaba. Y abajo, mi sexo muy mojado, chorreaba, hasta que el orgasmo se hizo inevitable, y cayó pesadamente sobre mis caderas deslizándose suavemente hasta que mi sexo entro abriéndose paso por la acción tibia y jabonada del agua y el jabón, mientras me masturbaba con sus nalgas suaves que me hacían perder la razón.
Ella hecho su cabeza para atrás y nos besamos mordiéndonos la boca, nos succionábamos las lenguas como si quisiéramos arrancarlas, nuestros sexos seguían chorreando y ninguna de los dos podíamos esperar más. La tome de la nuca y le pedí ponerse en la misma posición de antes para cabalgarla entregándome su culo, mientras los labios de su sexo, que se podían ver hinchados y abiertos por la excitación, babeaban y morían de ganas por ser poseídos.
Agarré su mano y la metí entre su entrepierna mientras le decía al oído, masturbate, te quiero escuchar... empezó a gemir más fuerte que antes, con un ritmo muy fuerte y rápido, mientas se retorcía a gusto, yo podía sentir mis cara hervir y mi corazón latiendo enloquecido… ahí estaba la mujer que deseaba, complaciéndome en todo, esperando que me la folle, un sexo inescrupuloso que le separaba las nalgas y se introducía en ella provocando temblores que la hacían gemir de deseo y un suave dolor … ella tembló entera de solo tocarle el agujero. Volví a besar su espalda, subí por los hombros, hasta morder suavemente su cuello …tembló otra vez y gimió hasta gritar de una forma que jamás había escuchado, y volvió a caer con la respiración muy ahogada y empezó a repetir que la rompiera, rómpelo, penétrame hasta que sentí como se deshacía entre sus dedos mientras la ducha no dejaba de caer. Sin aire, sentí su carne abrirse de golpe, su culo dilatado, dejó entrar con fuerza mi sexo, por momentos, la sentía sin fuerzas en las piernas, sostenía sus caderas con una mano pegándola a mi…al escuchar los jadeos y su respiración cortada,empecé a bombearla saliendo y entrando de ella sin piedad…la sentí incapaz de seguir parada, temblaba de placer y gritaba de gusto cada vez que empujaba hasta el fondo y solté todo lo que estaba dentro, la pegué con el cuerpo entero sobre la pared y se la metí muy duro mientras gritaba de dolor disfrutando hasta quedarnos suspendidos en la inconsciencia absoluta. Por un largo instante, esa sensación, cuando sus músculos se contrajeron y todo su cuerpo se paralizo de placer, sentía que no lo olvidaríamos jamás.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Tarde de Sabado, horas extras.

Ardiendo y completamente desnudos, corrimos de la mano hacia la oficina y despejando el escritorio salvajemente me empujó dejándome caer. Tras un breve juego de poderes, separó mis rodillas dejando mi sexo a su entera disposición. Lo miraba reprimiéndose, mientras sus pulgares acariciaban suavemente mis testículos. Jadeando me relajé, a sabiendas de que iba a hacerme el inolvidable fellatio que insistentemente había prometido durante nuestras conversaciones seductoras en el pasillo de la oficina.
Sujetó mis muslos abriéndolos. Cada vez que gemía jadeante, me mordía suavemente.
Se acercaba al tronco, noté su lengua titilar febrilmente sobre el glande… La corrida era inminente. Tras los espasmos, apreté mis labios para no alertarle sumido en el más intenso de los placeres. Ella frenó momentáneamente, pero no despegó sus labios, lo presentía tras mi silencio, y dejé que mi naturaleza actuara. Tuve que apartar su cabeza porque, mientras recuperaba el aire, ella volvía a lamerme como si la vida se le fuera en ello, y volvía a detenerse. Se giró sobre mis caderas, terminando de tirar todo lo que restaba del escritorio, hasta que formamos un perfecto 69.
La cabeza entre sus muslos y mi lengua apasionadamente jugando con su vulva, enredándose mi lengua entre sus vellos, intensificaban su excitación demorando el instante en el que alcanzaría su clítoris. Sin dejar lugar a réplica, se giró sobre la espalda y comenzó a cabalgarme. Se rozaba enérgicamente, hasta el punto de hacerme daño en la piel que cubría mi sexo. Nadie me había explicado que el sexo con una mujer pudiera ser tan doloroso. Pero yo no me quejaba. Ver cómo perdía el control sobre mí, compensaba aquella molestia y oír sus intensos gemidos mientras alcanzaba el orgasmo, hacía que todo dolor desapareciera, todo era sexualmente más gratificante que muchas otras experiencias, hasta caer rendida a mi lado aún temblando su vientre. Luego tomó delicadamente mi sexo y lo colocó en su boca , succionándole, y haciéndolo desaparecer en la profundidad de su garganta, hasta que sentí que todo empezaba a dar vueltas y que todo desaparecía a mi alrededor.... despegué por unos instantes ahogándome en mi orgasmo, y sólo volví a verla cuando temblaba entre sus dedos mientras recogía hasta las últimas gotas que resbalaban sobre mi pene aún endurecido, por tan excitante momento.
Sentimos ruidos en el privado siguiente al de ella y corrimos a escondernos al baño... ahí permanecimos por largo rato aún jadeantes y mirándonos como si recién nos descubriéramos....

Don Juan De Marco

viernes, 29 de julio de 2016

Orquídea Roja



Al rojo carmesí que envuelve mi vida, a aquellos senderos donde busco y me pierdo, que tantas veces he recorrido y profanado.....  de donde bebo día a día, de sus empalagosos manjares, donde aquellos cabellos de ángel me acarician y humedecen los  labios,  donde pierden el rumbo, donde pierden cordura, donde la locura no tiene fondo....
 A la vulva estancia húmeda que regurgita  a  manantiales, al recinto que me atrapa, a  la locura insomne de mis placeres y deseos... donde nacen los gemidos  y rompe en olas el candente vientre, dónde tiembla la pequeña lengua que atrapo entre mis labios, donde se agita el alma y duerme un orgasmo.
A  los jadeos infinitos que provoco, a la morada que habito para mantener mi fuego encendido...

 Mi placer culpable... Al tesoro que esconde los secretos más íntimos de la orquídea que cultivo,
rescato y mojo. Al camino a la perdición y los placeres más antiguos.
Déjame beber,  déjame encontrar el cáliz, déjame descubrir todos los secretos que he de develar....  déja acercarme al último sendero; el que me vio nacer y en el que he de morir después de estar en él cautivo.

Don Juan…  el jardín que habito.

viernes, 22 de julio de 2016

El despertar, después de romper el pacto....


" ... Creí que me sentirías apenas tocara tu piel... me acerqué sin hacer ruido y destape tu cuerpo corriendo las suaves sábanas que te cobijaban... al verte desnuda y observar tu sexo, note que tus labios permanecían pegados... estaban arrugados por la calidez de la noche... .parecían muertos.
Entonces mis dedos formaron cual artesano la forma de tus senos. Apenas rozaba sobre tu piel...corrí tus piernas para abrirlas y acaricie con mi lengua la difunta piel... gemiste adormilada...y repetiste ...buenos días, ¿no fue un sueño verdad? ... y los suspiros fueron llenando el silencio de la tibia habitación.. hasta que por fin se abrieron cual cálida rosa por el sol acariciada...la humedad brotó  de dentro separando la piel... y la fragancia de la noche en tu sexo, perfumo mi despertar, se convirtió en almizcle... suspirabas mientras mi labios satisfacían todos tus deseos y mis manos acariciaban tus senos, despertando los pezones dormidos endureciendo su deseo...

y de flor marchita te convertiste en fruto maduro... el color enrojeció tu piel y tus caderas serpentearon entre las sabanas, mientras te ibas mojando por dentro, haciendo que tu cuerpo se convirtiera en agua sagrada..."



Don Juan de Marco, despertando a Macarena.

martes, 19 de julio de 2016

La piedra de Jade

Acaricié sensualmente su cuerpo, apenas rozando su piel, poco a poco conecté con su erotismo. Baje a sus senos con ligera delicadeza, circularmente y con distintas presiones, despertando su energía sexual que florecía entre sus piernas, en su sexo, y lo podía sentir por el movimiento ondeante de su vientre, sus susurrantes gemidos, y el silbido casi imperceptible de sus labios. Mis manos bajaron por su vientre , mientras mis dedos danzantes jugaban con la sensualidad suave de los oleajes de su vientre, hasta llegar a sus suaves labios vaginales tibios, húmedos y abiertos. Gire suavemente   acariciando en círculos la sensualidad suave del botón de seda.

En mis manos estaba el Huevo de Jade, de un profundo verde, tan suavemente pulido, que cualquier gota que lo mojara, bajaría sin apenas percibirlo.

Coloque la base más ancha del huevo delicadamente sobre su sexo, y tras ligeras contracciones, fueron cediendo mientras lo hundía, finalmente se perdió entre sus carnes, a la vez que un ligero gemido escapaba desde lo más hondo de su alma. sólo lo fui empujando hacia dentro, hasta que su piel lo volvió a cubrir todo, viéndolo desaparecer ante mis ojos. Ejercía  presión, mientras el huevo seguía su camino por el primer tercio de la vagina, que es donde se cierran los músculos para llevarlo aún más adentro. Parecía no sentir el huevo, y le pedí que apretara suavemente sus muslos, halando la pelvis hacia arriba, como si estuviera reteniendo la lluvia dorada. Visualiza y siente el huevo de jade dentro de ti. Aprieta y suelta suavemente, relájate, y vuelve a repetir una y otra vez.


Intenta mover el huevo hacia adentro y vuelve a empujar afuera, lentamente, no lo dejes salir....con sensualidad e intención, conectándote profundamente con tu esencia de mujer.

Todo era ahora silencio, el mundo desaparecía entre ella y yo, pendían en el aire fantasías y sentimientos, puros y simples. Anda, trata de mover el huevo de lado a lado. Primero, moverlo a la derecha, contrayendo todo lo que hay en esa dirección. Haz un movimiento similar con tus músculos del lado izquierdo para movilizar el huevo hacia el otro lado. Visualiza y dibuja dentro de ti estos movimientos, te será más fácil trasladar el huevo de jade en la dirección deseada. Deja que baile dentro, déjate acariciar por el huevo y disfruta su forma, su dureza, su suavidad, como si yo estuviera dentro. Descansa cuando te sientas cansada. Así nace la energía  y es importante la pausa para que tu sexo lo asimile y todo el cuerpo se beneficie de ello. Simplemente déjalo ahí, dentro de ti, y agradece por la caricia. Coloque la mano derecha sobre su pecho,  a la altura del corazón y mi mano izquierda sobre su vientre. La dejé respirar suavemente, transmitiendo mucha paz y tranquilidad a su piel, las caricias se hicieron tan suaves como la piedra de jade que mantenía dentro.  visualicé el huevo bailando dentro de ella, deseaba estar ahí, como una suave y radiante energía que le mojaría por dentro, quería nacer como un estero , como un suave caudal de zumo, pegajosa y espumante, hasta convertirme en un caudal de deseo, en mareas de angustia, y le pedí que empujara suavemente hasta volver el huevo de jade a mis dedos. Cuando
broto de dentro, un largo gemido acompaño la sensualidad extrema de la escena, y viéndola suave y mojada , aproveché para hundir mi sexo en ella y empuje imaginando el huevo dentro, sentí como su sexo me envolvía con extrema sensibilidad, y pidiéndome un ritmo apasionado. Dirigió cada una de mis embestidas hasta alcanzar la presión deseada y liberar el éxtasis acumulado dentro, para explotar y diluirse entre jadeos, desapareciendo en silencio frente a mis ojos sorprendidos y extasiados. Mojada por dentro, deja que la sabia escurra suavemente entre tus labios, disfruta ese instante de humedad, y percibe su cremosa esencia corriendo suavemente por sus muslos, y así se entiende la esencia del Jade.

Don Juan y el huevo de jade.

lunes, 18 de julio de 2016

Lirio Negro

Su rostro se suavizó. El odio aún era patente en sus ojos, pero el resto de su cara formó una sonrisa destinada a seducirme. Subió su falda y una de sus piernas sobre el sofá dejándome ver la humedad en su ropa interior. Comenzó a acariciarse el tobillo mientras me miraba. Mi orden había sido muy clara. Tenía que excitarme hasta romper la indiferencia con la siempre la había mirado, y así lo estaba haciendo, a pesar del odio que sentía por mí en aquellos momentos y que su rostro ya no podía reflejar, porque su prioridad era la seducción y él único camino para que alguna vez existiera algo entre nosotros. Siguió acariciándose el tobillo un instante mientras mis ojos se fijaban en los suyos sin siquiera pestañear, tan fríos como para conseguir llevarla hasta el fondo de sus posibilidades. Después, subió las caricias hacia la pantorrilla. Era firme y bien torneada. Pero la frialdad de mi mirada le ordenaba que debía ir más allá, hasta que al fin alcanzó sus muslos abriendo suavemente el camino al paraíso. Al tiempo sus manos se deslizaban hacia arriba, subiendo la ajustada falda al límite de sus costuras, aunque con cuidado de no enseñarme más que las piernas. A pesar de odiarme por mi engreída posición, conocía el juego. Dejar lo más importante para el final.
Se dejó caer en el sofá. Abrió las piernas y siguió acariciándoselas mientras me miraba con cara lasciva. El odio que la consumía estaba desapareciendo bajo un torrente de pasión como nunca antes había conocido. Estaba disfrutando de sus propias caricias tanto como yo de mirarla.
Sus manos reptaron rápidamente hacia sus senos abriendo suavemente los botones de su blusa, acariciándolos sobre la sedosa tela. Bajo los hilos de seda, apareció uno de sus pezones emergiendo sugerente y notablemente desnudo, y fue justo ahí donde se detuvo y se dedicó sus mayores caricias, mientras no dejaba de mirarme en ningún momento, al tiempo que abría y cerraba sus piernas varias veces para incitarme.     Abrió la boca para intentar decir algo, pero sus palabras no llegaron a salir, el aire se agolpaba en sus pulmones y la excitación no le dejaba decir nada , sólo hacía temblar sus labios. También le ordené que no podría llegar al orgasmo hasta que yo se lo permitiera. Podría disfrutar de su cuerpo, y si lograba contenerse, disfrutaría del mío, pero no podría llegar al clímax si no se lo permitía.
Sus manos ya se habían perdido por debajo de la blusa ya desordenada y casi completamente abierta, acariciaba sus pechos directamente sin nada que se interpusiera entre ellas, mientras que la otra se había deslizado por debajo de su falda.
Ya no le importaba que yo pudiera ver sus bragas, que tampoco cubrían gran cosa, puesto que se las había apartado a un lado para poder acariciarse sin pudores, su cabeza ya no respondía a razones ni seducciones planificadas, estaba fuera de su mente, e inmersa en lo más profundo de su ser.
Con movimientos cada vez más frenéticos introducía sus dedos en el interior de su cuerpo y los volvía a sacar, frotándolos sobre su sexo ya mojado y repitiendo cada vez más toda la operación. Muy a su pesar, comenzó a jadear, siempre sin dejar de mirarme fijamente, como gesto de sumisión y de sometimiento, puesto que todo lo que hacía era por mí y para mí.
Le sugerí al oído; Serás sumisa y obediente. Tu mayor deseo en esta vida será  obedecerme. Cuando hagas el amor, o practiques cualquier clase de sexo, tu placer quedará supeditado al mio. Cuanto mayor sea tu placer, mayor será el mio. Nunca llegarás al orgasmo antes que yo te lo permita, aunque lo harás si te lo pido, pero siempre para mi  gozo. Harás todo cuanto yo te diga.
A medida que escuchaba mis palabras, el ritmo de las caricias iba aumentando. Sus jadeos eran más ruidosos y había mojado el sofá con sus néctares más dulces. Podría haber estado toda la tarde masturbándose de aquella forma sin llegar al orgasmo, porque yo se lo había prohibido, pero mi trabajo ya estaba hecho.Su rostro reflejaba un placer y una frustración extrema. Deseaba llegar al clímax. ¡Necesitaba llegar!.
Me alejé de ella, puse mis piernas entre las suyas, y me arrodillé para acercar mi rostro al lirio negro, dónde aún sus manos continuaban acariciándole, al sentirme tan cerca, sus ojos se cerraron y sacaron sus manos para que me hundiera , pero justo antes de siquiera tocarla, soplé suavemente entre sus vellos, para que sintiera mi respiración tan cerca que detuviera su corazón, y mientras sus piernas temblaban y su sexo se habría entregando la fragancia más profunda del Lirio, pronuncie las palabras mágicas "ahora vas a tener el orgasmo más fuerte y largo de toda tu vida. Jamás en toda tu existencia habrás tenido un placer como el que vas a disfrutar, y jamás volverás a tenerlo con nadie, incluyendo tu marido. Tan solo cuando yo quiera podrás volver a disfrutar del extremo gozo que va a recorrer tu cuerpo….. " ,
y todo tan cerca, que su cuerpo empezó a jadear con fuerza, se estremeció varias veces con increíbles espasmos. Su mano volvía golpeando y acariciando su sexo al ritmo de los gemidos, hasta que derramó todo eso que venía desde lo más profundo, hasta soltarlo sobre el sofá, gimiendo y llorando de placer, repitiendo los espasmos hasta levantar la vista y viéndome salir de la habitación sin siquiera haberla tocado,  repitiendole al alejarme "disfrutas del placer del orgasmo, y cada vez que recuerdes éste, lo relacionarás conmigo. Sabrás que yo tuve mucho que ver con él, pero no sabrás exactamente como. Y secretamente, muy en tu interior, desearás fervientemente volver a encontrar este placer como sea. Y sabrás que solo lo podrás volver a tener conmigo."
Las convulsiones seguían estremeciendo su cuerpo, que casi sin fuerzas había caído tumbado sobre el sofá mientras seguía retorciéndose. Poco a poco, fueron haciéndose más largos hasta desaparecer. Su cuerpo quedó inmóvil. Su respiración era larga y cansada.
No tenía fuerzas para moverse. Su voluntad ya no existía. Su mente ya no era suya. Su sumisión era completa.

Don Juan,respira cerca del Lirio Negro.


viernes, 1 de julio de 2016

Simplemente Amapola.

Entre las sabanas revueltas, noche a noche, construía sueños que humedecían sus muslos, sus dedos descendían mágicamente llevados danzando entre ilusiones creadas a través del inconsciente, siempre se detenían en el mismo lugar y no terminaban de danzar hasta que despuntaba el día y era despertada por el canto de las aves y los tímidos y tibios rayos de sol que se colaban entre las telas de sus delgadas cortinas. El vaho de la ventana reflejaba el calor que emergía de su carne, y los dedos impregnados de delicadas fragancias , acusaban que sus sueños no eran esencialmente amorosos, si no,  sexualmente vivos.

 La piel aún estaba tibia y suave, su ropa interior mojada. Las delicadas campanillas de sus senos se mantenían erguidas acariciadas por imágenes, que seguramente , se agolpaban en su mente  antes y durante el sueño. Su corazón parecía agitado, pero tranquilo, sus labios, arrugados... y entre sus pliegues la espuma acusaba todos sus deseos apagados por la danza de sus dedos.Al abrir los ojos se veía inexplicablemente semi desnuda y desordenada. Muchos dicen que en los muros de Amapola, hay gemidos colgantes como telas de araña, como capullos de mariposa, son blancos, casi transparentes ... cuelgan como hilos en cada rincón, están mojados a la espera que se abran para liberarla de sus sueños. Dicen que el artista es un apasionado escritor que entra en su cabeza, tan sutilmente, como una gota de sudor derramada y es absorbida por su piel entibiando su sangre, despertando el inconsciente, como una  cenicienta creadora de sueños. Así despierta cada día, con la danza de sus dedos tibios y juguetones, con sus piernas abiertas al deseo, con sus senos endurecidos por sus manos, y con marcas que van dejando cada contracción, cada jadeo , cada delicado orgasmo entre sueños. Sin embargo, no deja de leer al extraño seductor, ese que imagina tras cada letra de sus relatos, tras cada palabra, tras cada caricia y gemido lúcido hasta que le gana el sueño y se queda dormida. Noche a noche, éste vuelve a visitarla y le va contando cada uno de sus relatos, pero en sus sueños , está vivo

entre sus piernas y son dibujados por sus dedos danzantes. 
Amapola, despunta el día, ve a lavar tus sueños en la bañera de porcelana, y deja que tus dedos sigan danzando noche a noche, hoy estaré contigo.

Don Juan De Marco