jueves, 8 de agosto de 2019

...Toda ella, todo yo...



"Desatada de locura, dejó que la penetrara lentamente, mientras me deslizaba entre sus nalgas , podía tocar sus gemidos y oler el perfume que liberaba su sexo... quería derramar en ella todo, quería desaparecer entre sus piernas y tomarla como nunca le habían poseído. Sus nalgas se apretaban tras cada embestida...empuje con tanta fuerza que sus carnes se rindieron y me enterré en ella hasta topar  fondo...toda ella, todo yo... había quebrado sus caderas llenándola de gozo...era todo lo que ella deseaba y yo estaba ahí para complacerla...  toda su esencia había sido mía, nada le iba a ser olvidar ese instante en que entregó todo su cuerpo al salvaje amante que se le había cruzado en el camino... se derramó por dentro dejando escapar gemidos de placer y jadear hasta el orgasmo.
El sol cubrió el cielo, mientras la luna satisfecha se perdía en el horizonte...."



Don Juan De Marco. 

Carne viva....

"Desatada de locura dejó que la penetrara lentamente, mientras me deslizaba entre sus nalgas podía tocar sus gemidos y oler el perfume que liberaba su sexo... quería derramar en ella todo, quería derretirme entre sus piernas y poseerla como nunca le había poseído nadie. Sus nalgas se comprimían tras cada embestida... pero mi insistencia en entrar en carne viva era todo lo que había en mi mente..
empuje con tanta fuerza que sus carnes se rindieron y finalmente me enterré en ella hasta topar el fondo  virgen que había en ella...toda ella, todo yo... había quebrado sus caderas llenándola de gozo ..era lo que ella deseaba y yo estaba ahí para complacerla...  toda su esencia había sido mía, nada le iba a ser olvidar ese instante en que entregó todo su cuerpo ... se derramo por dentro dejando escapar aullidos de placer hasta que el sol cubrió el cielo, mientras la luna satisfecha se perdía en el horizonte...."

Juan De Marco. 

jueves, 1 de agosto de 2019

Juan De Marco, Gustab, Rodrigo Fúster... ?

Ese hombre que vagaba con la mirada perdida orillando el mar, queriendo solucionar la vida... Divagando entre cuerpos desnudos, dejando que sus dedos rozaran el agua agachándose de vez en vez, como silueteando esos cuerpos que se iban disparando a cada caricia. El viento en su cara curtida por los años de di-vagante filosofía. Descifrando miradas y sonrisas que le regalaban al pasar. Arreglando su boina tras cada mirada, acariciando su entrepierna escondiendo la emergente figura tras los cierres de su pantalón, ocultando la humedad que lo invadía.
En tanto, una socarrona sonrisa era disimulada con sus ojos de tristeza. Pensaba en las damas que le acosaban queriendo obtener un buen rato de placer, suspendiendo en el aire el tiempo que lo ocuparían, que mas podrían pedir de él. Les atraía su cabizbaja mirada que seguía y contaba sus pasos. Le imaginaban desnudo paseándose frente a ellas sin pudor ni vergüenza, les gustaba la acariciante mirada de sus ojos sobre la piel incitándolas a desnudarse y entregarse a él sin preguntas... Él no era de nadie y era de todas, pero no querían compartirlo. Les atrapaba en cárceles de deseo y en palabras envolventes que ellas sabían que jamas compartiría no tendrían sentido, eran tan vagas como sus pensamientos.
Él era único, hipnótico, mágico, pero básico en esencia,nunca había aceptado ser civilizado, era salvaje por naturaleza y debían aceptarlo.
 Ese hombre, de filosofía barata y aparente de ignorancia, ese que parece negar el amor, o huir de él... Ese que lo encarcela en su cabeza para que ellas lo liberen de su condición de inconsecuente equilibrio , pero libre en esencia.

 Ese soy yo... Juan de Marco

jueves, 25 de julio de 2019

La Corrida.



Nos sentamos en una mesa no muy alejada de la de ustedes, yo frente a ti. Nuestras miradas se cruzan repetidamente con ardor. Estoy deseando follarte y supongo que tú también a mí.
En un momento te levantas y te diriges al baño. Voy tras de ti. Te cojo de la mano y te meto en una cabina. Te empujo contra la pared y te beso locamente.
Correspondes a mis besos . Mi mano se aventura bajo tu falda, toco tu ropa interior totalmente mojada y la arranco a girones. Has sacado mi sexo del pantalón, enhiesta y te embisto contra la pared.
Entro sin resistencia en el tuyo, húmeda, mojada. Me encanta como la aprisionas con las paredes de tu sexo. Entro en ti hasta arrancarte el placer que se escapa por tu boca a gemidos.

-Quiero que te corras dentro de mí – susurras al oído.

Juan De Marco

El deseo




Sientes como nazco entre tus manos, como un artesano modelando arcilla, contemplas tu obra terminada. Me vuelves loco, caricias, suaves e intensas, el jabón y el agua que cae sobre mi.
Quieres tenerme en tu boca. Te arrodillas en la bañera, tus labios me besan ardorosamente. No puedo pensar en otra cosa, tu lengua en gula sobre mi sexo me sostiene. Consigues volverme loco.
Sentirme en tu boca, que dirijas mi placer. En este momento te pertenezco totalmente. Me engulles, me acaricias con tus labios, me desarmas en tus manos, me desarmo cayendo al vacío, al abismo, hasta deshacerme en tu boca, desapareciendo entre tus dedos... te deseo.


Juan De Marco

Un Instante .. una vida

Nuestros rostros quedaron a la misma altura, su lengua buscó la mía hasta encontrarla, a la vez que movía sus caderas rozándose contra mí. Cogió mi cabeza con fuerza pegando su frente a la mía, sentía su aliento en la cara y sus primeros gemidos cuando comenzó a salirse para volver a caer sobre mí, iniciando así un lento sube y baja con su cuerpo sobre el mío.
Nuestra conversación se entrecortaba con jadeos, ella seguía dejando entrar y salir mi sexo lentamente, disfrutando el momento. Nuestras frentes seguían pegadas, su respiración y sus palabras en mi oído me derretían. 
El sudor lo mojaba todo, comenzó un juego en que aflojaba y presionaba a su antojo. Mi lengua recorrió cada milímetro de su rugosa piel, sus senos estaban duros y firmes, lo que facilitaba mis pequeños mordiscos que hacían que se estremeciese. Un gemido salió de su garganta, aferrándose con sus manos en la silla, se arqueo hacia atrás, moviéndose, haciendo que mi sexo saliera fuera del suyo.... se dejó caer suavemente, la atraje hacia mí coloqué mis

manos entre sus nalgas y entrelazó sus piernas con las mías , le di varias embestidas, ella me beso jadeando... volví a embestirla, se frotaba frenéticamente contra mi, aprovechando cada instante, hasta que inevitablemente llegó el orgasmo, que se prolongó hasta que se derrumbó sobre mí, quedando sentada sobre mis piernas mientras oía como su respiración se acompasaba y me decía.


– Mi madre jamás haría lo que yo te voy hacer a tí…


Juan De Marco. Un instante, una vida.

domingo, 21 de julio de 2019

Más Antes que después.

"Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo
y han de huir de mis pobres y trabajados dedos,
cual se olvida en la arena un gélido bagazo, residuos de fruto prohibido;
y tu boca, que es cifra de eróticos bríos,
tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,
tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo
como réproba y condenada llama saliéndose de un horno,
en una turbia fecha de cierzo, viento norte y amenazante, gimiendo
en que ronde la luna porque robarte quiera,
ha de oler a sudario y a hierba machacada,
a droga y a responso, a pabilo de mecha y a cera."

Es loco aquel que está limpio de todo poder. - ¿Cómo? ¿Acaso el enamorado no conoce ninguna excitación de poder?. El sometimiento es no obstante asunto mío: sometido, queriendo someter, experimento a mi manera la ambición de poder, la libido dominante. Sin embargo, ahí está mi singularidad; mi libido está absolutamente encerrado. No habito ningún otro espacio que el duelo amoroso. Ni un ápice de exterior, y por lo tanto ni un ápice de sentido gregario. estoy loco, no porque sea original sino porque estoy separado de toda sociabilidad. Si los demás hombres son siempre, en grados diversos militantes de algo, yo no soy soldado de nada, ni siquiera de mi propia locura, yo no socializo.
Tengo algunos dientes más largos para desgarrar, que brillan instalados en mis rojas encías caninas. Así que vivo el final con los ojos cerrados. No querrás ver de cerca una boca como ésta. Antes de la dentellada, antes de que se entregue a la destrucción de tus partes blandas, sus labios moteados se contraerán para lanzar un aullido de excitación. Ya sabes que sucederá así... más antes que después.
...Me embarga un estado de excitación agradable y al mismo tiempo útil. En casa me dirigo inmediatamente a la administración, exhibo mi billete rosa y así me dan la autorización para cerrar los cortinajes. 
Este derecho lo concedo únicamente los días sexuales. Habito siempre en vuestra casa transparente
 que parece tejida de aire, eternamente circundada de luz.... dónde hilarante, cuelgan detenidas las telarañas de jugos que salen y que cuelgan entre sus piernas abiertas, dónde los dedos ya no te dejan llegar.
A cada instante aparece una forma perfecta en una mano o en un rostro; cierta tonalidad sobre tu sexo o en el mar de tu mente excitada y tormentosa, la prefiero al resto; Un cierto carácter de pasión o de visión o de excitación intelectual, es irresistiblemente real y atrayente para usted tan sólo por aquel momento. No el fruto de la experiencia, sino la experiencia misma es la finalidad.
Había de todo, y todo valía mientras una excitación imprecisa, universal, corriera por las venas de las amantes, como un líquido brillante y espeso, capaz de hacer más brillante, más espesa su sangre.
De ahí al abismo, al salvaje golpeteo que producen dos cuerpos ardientes, desnudos y deseosos de experimentar la fiebre más alta y regada de sudores, donde se pierde un sexo dentro del hueco que lo recoja con hambre y gula. Donde se funde una piel con otra bebiendo de la sed del otro.
Más antes que después , abrirás tus muslos regados de deseo al dragón que habita mis infiernos más profundos mojándolo todo.

Don Juan de Marco, a mis mujeres.

sábado, 13 de julio de 2019

LA SEDA BLANCA QUE HOY TE CUBRE..

AQUELLAS SEDAS BLANCAS ESCUPIDAS A PULSOS POR EL AIRE, SACUDIENDO LOS SENTIDOS, CUBRIENDO CADA FORMA Y PERDIÉNDOSE ENTRE TUS SENOS, MAJÁNDOLO TODO... VOLVIÉNDOSE AGUA, ESCURRIÉNDOSE EN LOS LABIOS DE LA MÁS APASIONADA DE LAS AMANTES. AHÍ TIBIA , CAPRICHOSA Y SIN SENTIDO. DELIRANTE ENTRE TUS LABIOS, ASÍ LA QUIERO, PERDIDA ENTRE LOS PERLADOS DIENTES QUE SE CIERRAN PARA RETENERLA... ENTRE LABIOS CERRADOS DEJANDO QUE LIBERE Y ENSEÑE EL SABOR QUE LA INVADE...SEDA BLANCA Y DENSA, SUAVE Y ESPESA, SEDA PRENDIDA Y DESGARRADA A BESOS, BENDICIENDO LAS BOCAS MÁS PECADORAS , SUSURRANDO LA CURVATURA EN TUS OÍDOS, ARRUGANDO HASTA CERRAR TUS OJOS MIENTRAS GIMES ENTRE RISAS Y TU CORAZÓN PULSA ENTRE TUS PECHOS. DEJAS QUE LENTAMENTE SE DESHAGA ENTRE TUS LABIOS , EN LOS GUSTOS MÁS PROFUNDOS DE TU GARGANTA, EN ESQUINA ESA DONDE NUCA AH RODADO UNA LAGRIMA MÁS ESPESA Y LIMPIA, SUAVIZANDO CADA MILÍMETRO DE PIEL QUE TUS DEDOS ESPARCE. DÉJAME ENSEÑARTE COMO SE BEBE DEL FRUTO PROHIBIDO. COMO QUEMA, COMO ARDE PERDIÉNDOSE HASTA LAS PROFUNDIDADES DE MAS INFRUCTUOSO DESEO. BEBE QUE ALGUNA MANERA ALGUIEN LA HA CREADO PARA PALADARES EXTRAVAGANTES Y EXIGENTES... NO CIERRES LOS OJOS PORQUE SENTIRAS EL PODER DE HABERLO PROVOCADO.
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DON JUAN CUBRIENDO LOS DESIGNIOS

jueves, 4 de julio de 2019

La de las trenzas sueltas.


La de las trenzas sueltas se sentó a mi lado mientras comía, poniendo su mano en mi rodilla, me miro intensamente con aquellos demoledores ojos castaños, me recline, la bese, ella paso su mano por mi nuca y hundió su lengua dentro de mi boca laceando la mía. En su casa, solos sobre el sofá, semi desnudo.
Dejándome llevar, deslice una mano bajo su camiseta y acaricie suavemente uno de sus senos. Sentí como su casquillo crecía endureciéndose entre mis dedos, emergía como el botón de una rosa, suave y delicado, soltando pequeñas gotas transparentes, mi boca se iba perdiendo en su cuello, gemía de placer mientras le recorría humedeciendo su piel.  Ella bajaba su mano hasta alcanzar mi sexo con ansioso temblor dejando que sus dedos lo dibujaran sobre las telas del pantalón. Ardía en deseos de hacer el amor con ella, pero preferí que ella llevara la voz cantante, que fuera ella la que diera el primer paso y así fue. Desprendió los botones de su blusa, dejando libre los delicados senos que ya había acariciado con mis dedos. En ropa interior, se sentó a horcajadas sobre mí, mientras no dejábamos de besarnos,  aquellos maravillosos senos al aire suspendían gotas en el aire dejándolas caer entre mis labios. Bajo deslizándose por mis rodillas, hasta quedar de rodillas sobre el suelo, desabrocho mi pantalón, dejando mi sexo temblando al aire y tomándolo con su mano, inicio el más peligroso de los juegos, una masturbación lenta y magistral mientras me miraba fijamente, yo no daba crédito, tenía que cerrar de vez en cuando los ojos, para contener lo inevitable, producido por aquel terrible deseo. 
Dejo caer su boca envolviendo la piel, un hilo de saliva lubricaba aún más mi sexo, extendiéndolo con su mano, me miro una vez más y dejó que su lengua lo dibujara, enmarcado en el más delicioso de los escenarios, sus labios  Lentamente inclino su cabeza y lamió enjugando la brillante cabeza , dejé escapar un gemido que atrajo su vista perdiéndose en mi memoria, ella tomo su pelo y llevándolo a un lado, bajo de nuevo la cabeza y dejó hundirse mi sexo entre sus labios...aquello era increíble, aún me parecía un sueño, mi rey de bastos entraba y salía de su boca, de vez en vez , lamia toda la superficie con su lengua y me miraba con picardía, como pude deje escapar de mis labios un susurro avisándole  que ya no podía mas, pero ella ante mi asombro cerro su boca sobre mi glande y bajando por el tronco dejó que me deshiciera entre sus labios , solo quedo un un rastro de semen en una de sus mejillas, aquello me encendió otra vez,  girando sobre sus talones saco un preservativo de uno de los bolsillo de su pantalón y lo puso delicadamente,  besándola , la tumbe entrando brutalmente en su sexo.

Don Juan De Marco…. A la distancia.

viernes, 31 de mayo de 2019

todo en ti

Todo en ti se volvía poema...
Deseaba tocarte, tomarte entre mis brazos, y hacerte mi mujer una vez más. Al entrar en el cuarto todo estaba en silencio. Las fragancias de nuestros cuerpos inundaban el aire, almendras e inciensos, se tomaban el espacio. La brisa marina luchaba por apoderarse de todo, pero el olor de nuestras pasiones finalmente le arrebataba su lugar. Todo estaba a media luz, por la ventana sólo algunos rayos sobrevivientes del atardecer se colaban por las cortinas de gasa. Al acercarme a nuestra cama, pude ver como un rayo de sol, todavía acariciaba tu piel, las sabanas dividían tu cuerpo en dos, por un lado tu espalda desnuda, y por el otro, tus nalgas acariciadas por el sol. Una tremenda sensación se apoderó de mi mente, apoyándome en la cama, besé tu espalda desnuda, mientras mi mano se apoderaba de tus nalgas, quitando las manos del sol.
No despertabas de tu somnolencia, y tu cuerpo temblaba al roce de mi mano, mientras mis labios se daban un banquete con el sudor que corría por tu piel. Te acomodaste reclamando tu espacio entre ronquidos. Me levanté para desnudarme, y cuando lo había hecho, me recosté a tu lado procurando no molestarte, mientras mis ojos disfrutaban de tu cuerpo límpido y desnudo.
M
e acerqué para disfrutar de tus fragancias naturales. Tu sudor, tus senos empapados en perfume, tus nalgas redondas que guardaban la fragancia del calor del día, todo en ti se volvía poema, cada rincón de tu cuerpo era un verso a la lujuria y la sensualidad. Me encanta tu olor. Nuevamente mis labios recorrieron tu cuerpo, mientras mi nariz se hundía entre los pliegues de tu piel, arrogante, suave y sudorosa.
Al despertar, con tus ojos semi cerrados recorriste mi cuerpo, y pasando tus manos por mi pecho, me arrimaste a ti, colgándote de mis labios, como suplicante espera que se había gestado durante el día. Mis manos no se hicieron esperar, y tomándote de las caderas, te monte sobre mí. El gozo se iba dibujando en tu rostro, y tus piernas no demoraron en abrirse para disfrutar de la suave dureza de mi piel, suavemente lo deslizaste den
tro de ti, y tomando un ritmo cansino, dejaste que tu boca gimiera temblorosa de deseo mordiendo los labios con expresión apasionada, cada gesto de tu cara me excitaba y ponía a mil. Mi vientre no demoró en tomar el compás del tuyo, y resbalando por el cause de tu deseo, se dejó violar entre contracciones. No dejaba de rogar, sólo pedía que aumentaras la presión, hundiéndome en ti. Tus nalgas redondas tiritaban al compás de tus movimientos, mientras mis manos te apresaban entre las sabanas. Cada caricia era un gemido de dolor y placer, contenía mi cuerpo para que no explotara en orgasmo, pero tu boca pedía a gritos la crucifixión, y aumentando el infernal ritmo te apretabas cada vez más a mi, aumentando la presión y ordenando con rabia mi eyaculación. El deseo perturbaba tus sentidos, y cada vez te golpeabas con más pasión sobre mi, rugiendo entre gemidos, esclavizando mi deseo al ritmo que tu querías, y no paraste hasta hacerme explotar, mientras mordías los pezones de mi pecho y enterrabas tus uñas en mi piel, vencido por tu excitación me entregué a tus designios, y sin poder controlar mi cuerpo, me quebré entre convulsiones que no cesaron hasta escucharte gritar entregándote a tu éxtasis irrefrenable por el deseo que ardía en ti.
Caíste sobre mi cuerpo, para dormitar entre temblores, y juntos dejamos que nos cubriera la noche, entre palabras sin sentido y llenas de amor.


Juan de Marco.

martes, 8 de enero de 2019

Al aire del Jardín

Al  llegar por la noche, fumábamos fuera de la cocina mientras él estaba dentro, detras de la pantalla de su celular.   Intuí que la negra esperaba algo de compostura ante la presencia de su hijo en casa. Me quedé fumando mientras la miraba dentro de la humareda que salía de nuestras bocas, callado. Reí por dentro, después miré su vestido corto y vaporoso que movía el poco aire que se levantaba esa calurosa noche del jardín, como bamboleaban sus pechos, cada vez que reía callada mientras mordía sus labios tras la lasciva mirada. Un dejo de envidia aparcó en mi cabeza a ese aire que se escurría entre sus piernas acariciando sus muslos,  y la imaginé entre las sábanas.  Por el ceño, imaginé las imágenes que se movían dentro de su cabeza , de una imagen que merodeaba en su cabeza de la serie que acabábamos de ver en la televisión, ese hombre que arrojaba al escritorio a la mujer , para hundirse entre sus piernas y clavarla mientras ella apretaba con sus manos la boca para no gritar. Oí cuando dijo: “entonces no habrá fiesta”.
La vi radiante, traía el vestido negro floreado de cuello en círculo que dejaba ver el suave y abultado escote. Ella estaba apoyada en el dintel de la puerta. Yo enfrente, con una sonrisa insinuante. Me incliné sobre ella, cuchicheando a su oído, mientras mi boca se deslizaba por su cuello, ella observó a la brevedad mi entre pierna. Pude sentir su exclamación al respirar el champú de su pelo y el perfume dulce de su piel. La besé en el lóbulo y luego mordisqué  con mis labios. Ella había cerrado los ojos, quizá buscando en su interior un algo a que asirse para abortar la embestida. Del lóbulo bajé al escote, volví a su mejilla e intenté darle un beso en la boca. Ella ladeo la cabeza, me instalé sobre el cuello olisqueando su aroma joven, sin más prisa que la turbación de su aliento. Mi rostro  quedó a nivel de sus pechos y de su vientre. Sin evitar los senos en contra de su deseo, fueron mis manos las que tomaron la iniciativa y poco a poco levanté  su vestido y mi boca rodó en la piel de sus  muslos. Ella nunca imaginó tantas sensaciones en una brevedad, y abriéndolos, dejó que me enterrara en su sexo.
El vestido estaba hasta la cintura, quedaron al descubierto sus piernas acaneladas. mis manos exploraban sus caderas, buscaban el elástico de su ropa interior. Los índices al unísono se trabaron en el borde y poco a poco la prenda se deslizaba hacia un lado mientras mis dedos buscaban su interior, cuando descendía por sus glúteos, sentí como levantó sus caderas para que la bragas sedieran. Dueño del quehacer hice lo que me dictó la experiencia.
Sabía que la piel erizada de sus muslos, la caricia de sus manos sobre mi pelo, eran el permiso. Yo Escuchaba el silbido grueso de sus respiraciones, el rechino de sus dientes. Entre sus piernas y dentro, el olor del café, afuera el silente silbido se quebraba por el sonido que hacían mis lamidas en el corazón de su sexo.
La noche era joven, ella se hacía agua. La voltee hacia el muro, mordí sus nalgas y levantándome me fuí justo a enterrar entre sus piernas  enbistiendola hasta sentirla gemir entre dientes y jadeos ahogados, para esconder los gritos que no debían de salir de su boca  . Sus rodillas se rindieron y se dejó caer con su peso sobre mis muslos mientras no dejaba de jadear. Luego sus labios se hundieron en los míos y se quedaron unidos hasta tranquilizar su cuerpo. Yo dejaba su vestido en su lugar , mientras ella terminaba de vestir su sexo con la delicada prenda que yo acababa de rasgar.    
Juan De Marco ... A Gloria

jueves, 2 de noviembre de 2017

Humedad en su vientre.

Ella olía a cipreses , a helechos, a humedad... su cuerpo sudaba fresco. Podía sentir su fragancia mustia, como si ,el moho el paisaje se apoderara de ella, cuando me envolvía con sus brazos... Entonces, parecía poseer toda esa fragancia que se siente al sur del mundo, perdido en la patagonia, donde la Lenga y la tierra siempre permanece mojada, donde las maderas se asomagaban descomponiéndose entre las hojas eternas y acumuladas. 
Sin embargo, al acariciar su cuerpo, deslizándome por su piel, esa humedad se volvía tibia y fuerte. Ella sudaba deseo, sus piernas me ataban a sus caderas y el olor de sus piernas abiertas, me indicaba la huella que debían dejar mis besos. Su humedad lo mojaba todo, nada obligaba ni pedía, su cuerpo se dejaba amar sin condiciones, entonces apretaba sus muslos y me encadenaba a su sexo. Sus lagrimas de deseo, que aparecían de lo más profundo de la cavidad de su sexo, me encarcelaba entre las sabanas, mientras sus gemidos y jadeos se ahogaban en su garganta, como gime el viento frío del sur cuando se acerca el verano... 
En su cuarto colgaban los cueros recién curtidos que ahogaban la humedad que salía de su piel. cada vez que embestía, entre sus piernas aumentaba el calor en la pequeña habitación, donde los viejos maderos de verde Coigüe crujían, actuando como cómplices, escondiendo sus gemidos después de cada orgasmo... entonces y sólo entonces... ella me volteaba dejándome caer, para luego, montándose sobre mis caderas y en ritmo cadencioso, buscaba el mio empujando con sus caderas y resoplando suavemente, esperando los temblores de mi cuerpo que anunciaban, que el amante pasajero, entraba en el delirante camino a su propio orgasmo, deshaciéndome entre sus piernas, jadeando cada tres o cuatro balanceos y empujando  sus caderas hacia mi... 
El salvaje ritmo aumentaba junto con el ritmo hilarante de sus caderas, la que le habían deseado,
desde el otro lado de la barra, mientras sus labios se apretaban, los hielos se golpeaban entre si:,Esa mujer cabizbaja y sombría, la que  me miraba con ojos lujuriosos, mientras sus labios se humedecían a cada sorbo del fuerte brebaje, me calentaba por dentro. En ese momento fue cuando decidí que esa noche no dormiría solo. 
De pronto sentí que volvía entre las sabanas revueltas y los jadeos de aquella salvaje, que me había encontrado momentos antes entre las sombras del bar, al otro lado de la barra, y que descaradamente me había insinuado escaparse a tener sexo . Entonces al sentirla que se venía  y explotaba, me dejó llevar elevando sus gemidos y dejándome abusar . Luego, llegaría la flojedad tibia entre la aspereza de la manta y una espalda muda que me dejaba vestirme y que me fuera cuando quisiera.
Al día siguiente sólo guardaba un escaso recuerdo de su rostro en la cálida pieza de mi hostal , pero su olor estaba impregnado en mi, en mi cuerpo, en mi piel y una extraña sensación me tranquilizaba, aunque no sabia como había llegado .ahí, y sólo escuchaba la algarabía de las Bandurrias, Tiuques y Halcones que me llenaban un amanecer diferente.

Juan de Marco, perdido en la patagonia.

lunes, 23 de octubre de 2017

Mary de Venus

...y frente a ella, tan llena de contradicciones y recetas para huir de mi, me acerqué mirándola a los ojos, puse mi dedo para hacerla callar entre sus labios y baje lentamente el dedo por el cuello buscando la profundidad de su escote. Ella trataba de seguirlo con su vista, pero al entrar en su escote, elevo su mirada a las alturas dejándose llevar por el momento... sus defensas estaban quebradas, subí por los tirantes de su vestido, y con un ligero movimiento, deslice la tela por sus hombros hasta ver caer el vestido frente a mis ojos. Sus senos estaban indefensos, y una lagrima de sudor corría desbocada hasta caer por su escote, hasta perderse libremente entre sus senos.
 Mi mano no tardo en bajar deslizándose por su piel hasta medir la copa de sus pechos, mientras ella cerraba los ojos para dejar desnudo e indefenso su cuello para que bajara con mis besos. La atraje hacia mi, y tomándola de las caderas, ayudándome con mis dedos que engarzaban su sexo , juntamos el salvaje juego de dos genitales que querían ensamblar a dos furtivos amantes deseosos de lujuria y deseo.
 Lo demás fue unas piernas que se amarraban a mis caderas, haciéndome sentir único entre todos los que estaban en ese estudio, un suspiro, y luego un cuerpo en vilo que caía estrepitosamente entre las sabanas de raso negro, dos manos que desanudaban mi corbata y se apuraba en jalar de los botones despejando el camino para que sus manos se hicieran dueñas de mi, pero aún quedaban unas cartas bajo la manga, y no haciéndola sentir la dueña de la ocasión , baje con mi boca por su cintura saboreando cada espacio de piel desnuda, hasta perderme entre sus piernas... la habitación fue ahogada de gemidos... vi como su vientre se batía en oleajes de  angustia , mientras sus deseos se convertían en su peor enemigo. Mi boca se convirtió en un tormento para su sexo y sentí como se desvanecía entre mis labios.. el juego había empezado y era tarde para volver atrás. Nada que hubiese planificado para no rendirse a mis embestidas daba resultado, su cuerpo se movía paralelo a su mente, y nada evitaría el orgasmo que se venía...

Juan de Marco.

miércoles, 18 de octubre de 2017

El deseo...

El hombre de esta historia podría ser uno de los tantos a los que todos conocemos en su arquetipo de “Don Juan”, pero no, soy Juan De Marco y se lo que quieren y lo que quiero. Favorecido por la madre naturaleza, dotado de una demoníaca pasión, capaz de cautivar con una sola mirada a la más indómita criatura humana. Conocedor de esos poderes , juego con la destreza de un alquimista a enamorar sus almas. Cuanto más se resisten, más las asedio, siempre con respeto, pero con un dejo de perversión…
Esas, que se muestran  ingenuas y tiernas, como el capullo de una flor a punto de abrirse al suspiro del sol…, esas me despiertan mi más profundo instinto de cazador, su lascivia y el ardiente deseo de poseerlas mucho antes que alguien pudiera posar sobre ellas la mirada.
Sin abandonar mi seductora sonrisa que no conoce las barreras, asumo un rol de truhan y recibo con agrado los honores de sentirme el mejor. No desconozco las reglas que se necesitan para construir una leyenda , sólo  requiero de  carisma y seducción..
….Penetrar en sus mentes lentamente, como la claridad de la aurora, voy quitando de nuestra vista las sombras, como el lejano sonido de un barco adentrándose en las profundidades del océano, como las gotas de rocío, humedeciendo cada pétalo de una rosa… Asimismo, habré de ser la conquista de sus almas, y es que no alcanza con capturarles su atención y embelesarlas…eso es para principiantes, para polluelos aprendices de galanes. Lo verdaderamente grandioso y subyugante ha de ser bucear en ellas, atravesando todos los laberintos, ir por su sangre hasta llegar al centro de sus corazones a la humedad de su sexo… allí, donde reinan las verdaderas y las más sublimes de las pasiones.

Me dispuse a buscar entre sábanas lo dibujado en su mente, forcé y doblegé sus fuerzas para resistir la coalición de hormonas, entre el desliz de su cuerpo, aterricé entre un audaz beso de labios hinchados por la expectación , unos endurecidos senos  y unas piernas abiertas, y me recibió, como la roca espera a las olas... Intentando devorar el alma, cómo si fuese aquel último aliento.  

Que oportuna dirección señalaba mientras sujetaba sus manos sudorosas por encima de su cabeza, mis ojos clavados en los de ella , cómo si de perversión se tratase aquella belleza sublime. 

Mis ojos insisten en perder compostura, que mejor que complacer una dama en sus lujurias,
mientras derrito mi boca en su cuello, su boca entre abierta, cautiva mis instintos, disuelvo con mis labios la piel, sintiendo la hoguera, bajando hacia  el infierno entre un respiro cálido, la tomo, la doy vuelta para disfrutar de su piel en la espalda, en el cuello, caderas, entre sus nalgas habidas de ser devoradas, perfecciono cada beso en la medida que alcanzo las lagrimas de su sexo, cada apretón de dientes y labios , cada lamida. Vuelvo a voltearla , para enterrarme entre sus labios vaginales, para succionar cada gota que derrama mientras regurgita el deseo

Un sin fin de notas musicales emitida por sus cuerdas vocales escapan como gemidos. Es que así cada disfrute, cada locura se arremete en ella disparando su cuerpo contra el mío, mojandola por dentro, jadeando a cada arremetida, hasta verla deshacerse entre mis manos.... entro lentamente dejandola disfrutar de la profundidad y la forma de mi sexo, me detengo y vuelvo a embestir con fuerza.. una y otra vez siendo sus dientes mordiendo mis orejas, silenciado sus gritos de deseo, hasta sentir que su cuerpo se parte bajo el mío, una y otra vez, hasta dejar de escuchar su corazón, detenido por la excitación, colgando de un abismo en la que la dejaré caer hasta rebotar sobre las colchas y la almohada.. cerrar sus ojos y dejarla ir a libre albedrío entre sus sensaciones  ahogadas por un orgasmo, empujándola al fondo del abismo, y flotar entre las nubes rojas anaranjadas , cocida en sus propios jugos, su fuego, y sentir como se derrama bajo el calor de mi cuerpo sudado, mi calor, mis deseos... 

 Cada una sabe lo que espera , te lo dirá en el momento menos sospechado y si no estas atento puede que lo desaproveches, pero allí está la clave : Aprender a oírlas.


Juan de Marco. Adaptación de " la mujer con cara de plato.-" De María Ferretti.

lunes, 9 de octubre de 2017

La mañana del Hostal.

Empecé a andar por los pasillos de la vieja hostería, las antiguas baldosas de la terraza rojas y
blancas reflejaban el sol de oriente que rebotaba sobre ellas, desgastadas, recuperaban el brillo a esa hora de la mañana. Al pasar cerca de la cocina, la chica del aseo recogía las toallas del tendedero para cambiar las de las habitaciones antes de asearlas como todos los días; al empinarse para recogerlas, su delantal se levantaba hasta mostrar los relucientes muslos torneados como si fueran lustrosas carnes de mármol hasta la curvatura de sus nalgas con delicadas lineas marcadas por las estrías, de lo que suponía, que sería un embarazo. La miré lujuriosa y descaradamente, mientras ella se empinaba aún más para dejarme ver la linea de su ropa interior que las apretaban haciéndolas aún más deseables.   Entendió mi mirada porque no me había alejado ni 15 pasos, cuando de refilón, le vi que venía tras de mí.
Mi dormitorio estaba en el segundo piso, me detuve, pero ella esquivando el inminente diálogo, se apuro para alcanzar las escaleras sin dejar de mirarme directamente a los ojos y bajar la vista tímidamente, disimulando una mirada, que lujuriosamente, buscaba el bulto que se dibujaba debajo de mi pantalón, que no sé , si casualmente, o intencionalmente, esa mañana estaba sin ropa interior buscando provocar justamente esa mirada que tanto nos gusta a los hombres. La sensación fue excitante, al punto que le dejé pasar para subir las escaleras detrás de ella, procurando mantener la distancia para que , los empinados escalones me dejará mirar un poco más arriba de sus muslos. Al sentir que la seguía , dejó caer una toalla para agacharse y ofrecerme el más hermoso de los espectáculos, unas piernas desnudas y separadas por dos escalones, y un pequeño trozo de tela que dejaba escapar unos vellos claros que se escapaban entre los elásticos... y que descaradamente fueron peinados por sus dedos para esconderlos...
Todo esto me llevó al borde de la locura. Sin pensar quise alcanzarla con mis manos, pero volteó para mirarme nuevamente a los ojos, el mundo parecía detenerse justo en ese instante, sus ojos estaban muy abiertos y chispeaban al brillo de la luz que entraba por las ventanas... Se acomodó el delantal, y siguió subiendo las escaleras. Sin pensarlo, seguí tras de ella y cuando estaba a punto de cerrarse las puertas de la habitación , después del último escalón, entré tras de ella para cerrarla a mis espaldas.
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Según cerré la puerta, me cogió de la cintura y apretó sus senos contra mi. me dijo:
- “sólo tengo 10 minutos… “
- “más que suficiente…”- respondi
Me agarró por los brazos y me hizo sentar en la cama, se arrodilló y me separo con ambas manos las piernas, sin dejar de mirarme a los ojos, deslizo sus manos hasta agarrar mi cremallera y abrirla para dejarme expuesto a ella y sus caprichos.... sólo atinó a decir
-vaya, pensé que sería más difícil-.
Con mi sexo en su mano, la olía, acababa de bañarme, y la fragancia del jabón estaba en todo mi cuerpo. Un  flujo cristalino salía desde adentro, como un caramelo que se derretía en el brillo de la luz, pareció volverse loca, y sin preámbulo, su lengua salió para recogerlo y untarlo en sus labios con lasciva mirada.
Jamás había visto como una mujer se transformaba oliendo y saboreando  mi sexo. Aquello hizo que mi libido se disparase.
Introdujo su cabeza entre mis piernas, noté como me lamía con la lengua  subía hacia la corona por el tronco hasta envolverlo con sus tibios labios, sentí como la punta de su lengua recorría cada espacio de piel, luchando por tragarlo todo.
Mi sexo temblaba entre sus manos, palpitaba en su boca haciendo que mi cabeza diera vueltas en mi interior dibujando luces chispeantes, mis ojos permanecían cerrados aguantando cada embiste de sus boca, hasta que topaba en el fondo de su garganta , tan suave y lentamente , que no había caricia que se le comparase.
Saco su cabeza de entre mis piernas y me terminó de desnudar, tendiéndome en la cama. Sabía que es lo qué me iba a hacer. bajó el pantalón y mientras volvía a meter mi sexo en su boca, desabrochaba su delantal y se desvestía apuradamente. Luché por levantarme hasta hasta que logre tomarla por sus caderas y empujandola hacia un lado , la tome para acostarla de boca en el colchón desnudo. Separando sus nalgas empecé a lamer entre ellas hasta mojarla completamente, . Introduje un dedo hasta que logre juntar dos y hacer el espacio para empujar con mi sexo suavemente,  empezó a gemir y ceder  entre la saliva que había posado en él. Nos habíamos estado mirando cada mañana durante dos días.
No era mi primera vez que jodía por el culo, ni la suya, pero nunca de forma tan directa, sin preliminares, apenas había pasado unos segundos que había sentido un dedo en su agujero cuándo notó que una polla luchaba por penetrarla…aun estaba seca por dentro pero así y todo  pujaba y pujaba, parecía una fiera atacando a un animal indefenso…aquellas embestidas era lo que ella deseaba, se sentía como una puta usada, lo jadeaba a mis oídos, procurando que no escapara de la habitación, y eso la hacia sentirse muy perra.
Al cabo de unos minutos conseguí meterla entera dentro…sentía ganas de correrme …mis gruñidos debían ser increíbles pero yo ni me daba cuenta…por cada embestida su gozo era mayor.
Giré y me eche boca arriba sobre la cama, separe las piernas y le dije: nos quedan 5 minutos…se echo encima mio y sin ningún tipo de preámbulo, ni beso, ni caricia, agarro mi polla con la mano, la encamino hacia su sexo y la dejó deslizarse suavemente hasta dentro…sus caderas empujaban como una prensa endemoniada, fue todo tan violento, que el placer y el dolor fue todo uno. La saco aliviándose la presión, mojó su sexo y volvió a meterla, esta vez sí, todo fue placer.
Mientras nos mirábamos a los ojos, sin darnos ni un solo beso, estuvo enterrándose y sacándola hasta que  llegó el orgasmo. Fue intenso violento, y apretando sus dientes y labios se dejó caer sobre mi clavando sus dientes sobre mi pecho , mientras jadeaba hasta quedar rendida. Respirando y tomando aire suavemente, y con temblores en la voz, me preguntó que quería ahora, Levante sus caderas la tiré sobre la cama y separando sus piernas la embestí con mi sexo, hasta clavarme dentro de ella, empece a empujar , mientras apretaba con mis muslos los de ella, y  levantandole las caderas y él culo, no me detuve hasta  hasta correrme dentro, mientras le hundía la cabeza en la almohada , impidiendo que sus gritos se escucharan. Caí sobre su espalda y me mantuve dentro hasta que terminé de correrme. Sudados nos quedamos así hasta que nuestros cuerpos se calmaron, mientras temblábamos como niños.
Me subí los pantalones mientras ella se  secaba toda, y sin retirar los ojos de los míos dijo:
-¿Eso era lo que quería el caballero?
-Anda vete que ahora bajo…le vi salir mientras recogía sus bragas del suelo deseando volver a follar ... sus ojos parecían pedir más, aún su corazón estaba agitado…
-Esta noche voy a ser una perra y mi marido tendrá que follarme como una puta…- Refregó la pequeña prenda en mi nariz, y besó mis labios agradeciendo todo...la puso en mi mano diciendo:
- mañana volveré por tí.-

Juan De Marco, Seducido o seductor.?

domingo, 18 de diciembre de 2016

Simbiosis y paradigmas.

Es tarde y no puedo dormir, mi corazón bombea excitado. Tu duermes semi desnuda entre las sábanas y la fragancia sale de tu cuerpo , el sudor, baña tu piel, excita mi cuerpo. Das vueltas en la cama, haciendo caer los senos de un lado a otro, como si estuvieran danzando para seducirme, tu cuerpo parece intranquilo, tu piel roza mis dedos y no puedo dejar de desearte cuando estás así.
Tu vientre respira intranquilo, ´deslizo mis dedos suavemente por tu piel, la tibieza y el sudor que siento resbalar por tu cuerpo me obliga a acercarme para tocarte apenas con mis labios y recoger las gotas que corren por tu vientre con mi boca. Te beso y no dejo de pensar en ese sabor que tantas veces he probado mientras duermes. Tu olor ahoga mi deseo por poseer cada rincón de tu cuerpo. Te beso y descubro la suavidad que tanto me estremece. Te deseo, y dejo que mis dedos me ayuden a despejar esa sensación que te intranquiliza, y aunque pareces no percibirlo conscientemente, cuando mis dedos entran por tu pequeña calzón, tu vientre danza excitado.
Estoy exhausto, pero te deseo hasta el cansancio. Siento como mis dedos se enredan en los vellos que aparecen al deslizar delicadamente esa prenda interior , hundo mi nariz hasta extasiarme entre tus piernas mientras el ritmo de tus caderas se empieza a acelerar, y tus piernas tratan de cerrarme el paso. Pero nada puedes hacer estas dormida, y mi nariz ya alcanzo la humedad que escapa de tu interior. Escucho tu susurro... nooo por favor... y dejo que mis labios te despierten besando tu sexo.
Ahora gimes y dejas que tus piernas se separen para recibir el cálido aliento que escapa de mi boca entre la humedad que ahora te desborda, jadeas aún semi dormida, pero te dejas sin reclamar y en
silencio, Tus senos se endurecen al roce de mis manos y tus pezones crecen entre mis dedos. Te deseo y no dejó de repetirlo a tus oídos. Me deslizo por tu vientre atrapando todo el sudor que me alimenta. Me detengo para hacer cosquillas en tu ombligo hasta despertarte,  el hormigueo de mi lengua recorriendo la profundidad de ese pequeño agujero que divide tu cuerpo en dos grandes placeres, tus senos y tu sexo sensible a mi deseo. Tu vientre se agita y murmura el encanto que te produce la magia de mis besos, hasta sentir como de convierte en mareas y deseos atrapados.  
Te deseo... y no dejo que tus gemidos y jadeos se detengan, para hundir mi rostro entre tus piernas y luego subir para llevar el sabor de tu deseo hasta tus labios. Nuestros labios y lengua se enredan en un placer más que divino, te entregas a mis caricias como el junco al paso del rio. 
Tus manos me empujan hacia abajo y tu boca ruega que me hunda entre tus carnes, separas las piernas para recibirme, mientras tu cuerpo tiembla y suplica. Es tarde para detenerse, y el éxtasis te hace  divagar entre el sueño y tus deseos... parece que estuvieras tan lejos cuando me pierdo en tu sexo , cuando mis labios besan tu delicada y excitada piel,  siento que levitas entre el deseo y el placer, entre la vida y la muerte, entre el paraíso y el infierno y me someto a tus caprchos que son los míos. 
El silencio se apodera de todo, estás a punto de explotar, y buscas mi sexo para aferrarte a él, lo agitas

y cuando estás a punto, lo llevas a tu boca y sientes como me corro y te dejas llevar por el éxtasis formando una simbiosis perfecta, única y dejamos que nuestros jugos fluyan alimentándonos de ellos mutuamente, hasta develar los paradigmas más profundos del deseo de convertirnos en un sólo ser, y fluir cada uno por separado de nuestro éxtasis...
Luego , volvemos a separar nuestras mentes para dejarnos batir por el sueño , mientras nuestros cuerpos se acarician , despejando la inquietud que nos había mantenido inquietos momentos antes de poseernos. 

Don Juan De Marco, tranquilizando el alma. 

sábado, 8 de octubre de 2016

Mis juegos con Elena, (una vez cuando niños).

Cuando su cuerpo salió del agua, las telas de sus bragas se habían adherido a su sexo llano y puro. Mi ojos no querían alejarse de esa hermosa visión... sus brazos se cruzaban cubriendo sus nacientes pechos, y dos casquillos empezaban a brotar. El frío le hizo pedir que le abrazara, sin lugar a dudas, lo más exquisito que había he hecho en mi vida. Y nos fuimos recuperando del frío, a la espera de que nuestra ropa interior se secara, con el poco sol que iba quedando.
Sus dedos empezaron a juguetear con su sexo, y sus piernas se fueron abriendo al baile de sus dedos, yo estaba extasiado. Su rostro, no se, si se desfiguraba o tomaba la forma más exquisita que había visto. Ese Brillo en sus ojos, y la delicadeza con que lo tocaba, cada movimiento parecía suceder en otra dimensión. Sus dientes se dibujaban apretando sus labios y su rostro se fue languideciendo de a poco, sus ojos se cerraban a cada caricia que ella le daba a su sexo. Sus pequeños pezones se disparaban y sus pechos se redondeaban. Su vientre dibujaba bellas figuras serpenteantes. Los gemidos eran dulces ronroneos. 
Su espalda se apoyó sobre mi, y su calor fue mojando mi cuerpo...el ritmo de su corazón era increíble, ese olor que sentía en el aire me envolvía. Llevó uno de sus dedos a mis labios y me hizo probar y oler, yo reía nervioso pero encantado de su fragancia... de pronto, su cuerpo se dobló y un gemido se ahogó entre sus labios, su cuerpo temblaba como una hoja en otoño queriendo escapar de las ramas, y tendiéndose sobre mis rodillas me pidió que agitara mi sexo hasta que yo sintiera lo mismo... a los pocos instantes, el semen brotó entre mis dedos saltando lejos, y parte de él, cayendo sobre sus manos que me acariciaban las rodillas... Ambos nos sorprendimos del resultado de ese juego... y se quedó mirándome a los ojos un poco asustada...
Con eso, que parecía denso al tacto entre sus dedos... luego una risotada saltó en el aire ... y ella se llevó los dedos a la boca para probar su sabor...

Juan De Marco

El Castigo y el perdón...

Dejé que mis dedos se deslizaran sobre su sexo abriendo las carnes enojadas, sentí como sus armas se rendían, y volteaba para que mis dedos gozaran de su piel, hasta que sintió los dedos dentro, y un gemido marcaba su rendición... pero su soberbia merecía un castigo... y antes de encender un orgasmo entre sus piernas, subí delicadamente por su vientre, mientras dejaba que su sexo se enfriara para atacar a sus senos descuidados y duros, y manipulando los pezones  como perillas, hice que su agonía fuera aún más larga, para volver a bajar por su vientre acariciando cada espacio de su piel... la rabia la consumía, porque era tan débil.
Ella quería que todo fuera más rápido para explotar y voltear hasta el otro día y no hablarme por un largo tiempo. Tenía rabia, pero esos dedos la derretían...y su ofuscación se transformó en jadeos...
La luz permanecía apagada, eso ayudaba a que su excitación no se notara, escondiendo su delirio... Quiso por un instante voltear para seguir con el castigo que se había propuesto cumplir, pero al sentir mis ágiles dedos detuvieron el movimiento sosteniéndole los muslos, y la mano se posó de lleno en su sexo apretado entre sus piernas, las que volvían a separarse encendiendo su delirio... los dedos no dejaban de buscar la humedad y fueron abriendo su vulva que se entregó levantando la bandera blanca...La rabia se volvió gemidos entonces, y su vagina se abría para someterse al motivo del castigo que quería imponer, pero la rabia se rinde al deseo, y se deja ultrajar por los dedos del que le desea. Ese hombre que somete con amor a las débiles carnes de su verdugo...

Juan de Marco

La viuda.


"...Mis manos separaron las telas del escote, para liberar sus senos llenos de deseo, y beber de ellos cada gota que emergía aprisionada por el tiempo, su cuello entregado a la caricia de mi barba des afeitada, fue convirtiendo la piel mustia en arroyo vivo, y el sudor volvió a aparecer en su cuerpo. Esos labios que sólo sabían de llanto, volvieron a descubrir los gemidos... y esa nariz siempre mojada, se secó para volver a sentir la fragancia y el sudor vivo de una nueva piel. 

Sus ojos cristalinos volvieron a tomar vida, y ya no se cerraban sólo para dormir la tristeza, sino que para dejar que las sensaciones le ahogaran cada lágrima y convertirlas en luces que se iban prendiendo en su interior, volviendo a chispear alegremente en el globo de sus ojos.

Fue así como su cuerpo volvió a sentir el deseo, hasta que sintió que la daga le separaba la piel para volver a sentirla viva dentro de sí, fue cortando los hilos de su tristeza para transformar sus murallas secas en manantiales de aceites untados por el deseo y suavemente sintió que la muerte la alcanzaba para volverla a la vida... entonces la otra imagen volvió al espejo para reflejar la alegría de sentirse una mujer deseada y complacida, que había borrado su tristeza... "

Juan de Marco... y la viuda.

La espera...

Me aferré a tus nalgas, mientras tus dedos, lo acomodaban entre los muslos, duro y desafiante... no decías nada... Mi sexo buscó entre tus labios vaginales, sin entrar, sólo resbalando entre tus carnes, dibujando cual pincel, lo resbaladizo de tu sexo, el que acoplado a mis deseos, resbaló por la vertical mojada hasta rozar el fruto almendrado que guardabas dentro, que ya se disparaba endurecido por las caricias... El vaivén de mis caderas acompañaba las delicias del  deleite que sentías.  Untado en tus fluidos, fue mojándose entre tus piernas apretadas, bañando de  húmedad tu piel mojada.
 La sensación exquisita que sentía, luego de la larga espera, hacía que lo resbaladizo del sendero, endureciera e hiciera palpitar mi cabeza  que fue llenándose de sangre para satisfacer el deseo que te consumía ... El baile frenético de mi cuerpo fue anunciando en húmedos fluidos, el fin de unos meses sin tocarnos. Tus nalgas se pegaron a ese ritmo de locura y frenesí, levantando tu pierna sobre mis caderas, permitiste el paso para desapareciera dentro, apoderándome de tu deseo, y palpitando, hizo que este reventara derramando el viscoso néctar entre tus piernas, las que no dejaron de moverse empapadas por la excitación, hasta clavarse la punta fuerte empujando tu clítoris deliciosamente para derramarte conmigo adentro...

Juan De Marco

Al amanecer...

"...Cuando sentí que su boca se abrió reclamando placer y sus piernas chorreaban, la di vuelta hacia el espejo y entré lentamente entre sus carnes, sacando lágrimas de sus ojos envueltos en rubor , y la embestí profundamente... mientras ella miraba en el espejo su rostro desfigurado de deseo ... arremetí contra ella hasta arrancar una seguidilla de orgasmos a cada embestida... finalmente mi cuerpo soltó todo el ardor que ella había acumulado en mi cuerpo durante la noche... ambos terminamos de rodillas en el suelo, tratando de recuperar el aliento, mientras, unas seguidilla de gemidos y jadeos se sucedían unos a otros..."

Juan De Marco

A la luz de la ventana.

"
Su cuerpo esta agitado, su deseo no la deja respirar y la levanto apoyándola en la ventana, entro suave entre sus piernas... gime y susurra delicias entre jadeos ahogados, entonces, su vientre tiembla... una y otra vez... su excitación no se deja esperar, y mis entradas hacen que su cuerpo reaccione... salgo y meto mi boca entre sus piernas, succiono suavemente su piel... explota... y su cuerpo se entrega a las delicias sin oponer resistencia... los orgasmos se suceden uno a uno, y antes de que su cuerpo se reponga vuelvo a entrar en ella con un sexo erguido... y profundamente me apodero de ella... sus nalgas se aprietan a la ventana... y sus senos golpetean mi boca... sorbo las gotas que corren mientras su cuerpo empaña el vidrio... hasta que su cuerpo resbala y cae al suelo extenuado... mis ojos no dejan de mirar el mar y su boca vuelve a cogerlo... lame suavemente sintiendo su olor y gusto en su rostro... es su olor, es su gusto mezclado con el mio... vuelvo a derramarme en su rostro... ríe nerviosa, pero no deja de volverlo a llevar a sus labios hasta extraer la última gota... el termostato marca 35º y yo me deshago entre sus labios una y otra vez... vuelvo a la cama y me recuesto desnudo, ella reposa sobre mi cuerpo manteniendo su boca ocupada con mi sexo, y juega a verlo desaparecer... llueve.. detrás de los cristales ... llueve..."

Juan De Marco

Amanteseres...

Sus bragas delatan , el encaje negro se despide de su cuerpo y recorre sus piernas llegando a sus tobillos, sus piernas se doblan y con las manos se quita la prenda completa, se levanta y recorre desnuda la habitación, sus nalgas tiemblan a cada paso, camina hacia mí y abriendo las piernas, se sienta a horcajadas , puedo sentir su aliento dulce y cálido bajando por mi cuello, me abraza, y baila sobre las telas delgadas de mi pantalón, dibujando con su sexo el mío, como si dos engranajes ensamblaran delicadamente. Mi erección siente su cuerpo y despide unas gotas, ella me recorre con la mano sobre las telas, cada detalle de mi Verga, despega las braguetas, y mete sus bragas para seducirme sin clemencia, sus manos entran delicadamente con ellas y tantean el flujo que que cae sutilmente, dibujando con sus dedos su erecta figura. 
Se levanta y vuelve nuevamente a la cama, desordena las sabanas enredándolas entre sus piernas, su sexo puede verse desnudo y abierto por fugaces momentos, cuando la luz blanca de la ventana golpea su desnudez. Sus pechos son perfectos y sus pezones están erectos al sentirse observada, la canción termina, la aguja vuelve a su lugar. Ella hace una reverencia y se despide aventando besos el aire. 

Juan De Marco

La maestra.


Cuando se acerco a mi, sentí que mis piernas temblaban. Sus manos acariciaron mi cara con suavidad, sentía como limpiaba mis deseos al roce de sus dedos, largos y suaves. Me tomó de la mano llevándome a su habitación. Al desnudarme lo hizo con ternura y cariño, dejando deslizar la ropa sobre mi cuerpo. Sus manos tibias recorrían mi cuerpo, sus dedos iban dejando la huella sobre mi piel, mis vellos se erizaban al roce.

Mi sexo se erguía como un bastión, sus labios recorrían mis pechos con dulces besos mientras sus manos iban descubriendo mi cuerpo. Al quedar desnudo, sus labios fueron surcando el camino al deseo, cada pliegue de piel se abría al depurado rozar de la suya contra la mía. Hilos de saliva iban marcando cuidadosamente su recorrido, como telarañas transparentes, se tejían, queriendo atrapar mi sexo en una cárcel de seda. 
Palpitante mi verga se contraía a sus caricias, sin ella haberla tocado, como una rama azotada suavemente por un riachuelo. buscando ser acariciado por las tranquilas aguas.

Sobre mi cuerpo, a horcajadas, se podían ver sus senos tempestuosos y la caída hasta sus caderas. Ante mis ojos, desnudando su piel, su corsé, se habría tira a tira cuando sus dedos desenredaban el complicado laberinto de sujetadores, que con gran esfuerzo lograban contener los abultados senos. Las aureolas de sus pezones se dejaban ver adornadas por encajes, que al soltarlo, dejó rebotando sus senos por un instante llenando un gran vacío. Los posó delicadamente sobre mis labios ofreciendo su néctar, semitransparente y blanquecino, dos gotas asomaban sobre sus puntas como perlas, los que fueron succionados por mi sedienta boca. Sus pezones eran duros como copas de mármol, oscuros y enrojecidos. Las gotas brillaban contra la luz tenue del cuarto. Bebí de ellos succionando gota tras gota, hasta liberar finos chorros que se disparaban sin dirección mojando mi cara. Tomando mi cabeza, me deslizó por su vientre, donde la suavidad de su piel acariciaba mis mejillas, que se iban humedeciendo entre el sudor y su deseo. Mis labios temblaban, hasta quedar entre sus piernas. Quise ir a su sexo, pero ella hábilmente me llevó entre sus muslos que deseaban ser besados antes que llegara ahí.
 - aprende lo que deseamos las mujeres.- Me desconcertaba, pero a la vez me fascinaba su forma de dirigir.
Su piel brillante por el sudor, me agitaba. Disfrutaba cada uno de los surco, que afloraban


como delicadas lineas, marcando la frontera entre el goce y el placer.
Sus piernas se fueron abriendo lentamente empezando a revelar sus secretos. Sus labios se hinchaban al roce de los míos, cada surco era dibujaba por mi lengua. Las gotas de sudor bajaban por su cuerpo, y eran recogidas suavemente por mis labios, como queriendo beber de sus pecados, los que brotaban uno tras otro, suplicando que me acercara a la miel de su carne. Sentí como su sexo buscaba mis labios intensamente, retorciéndose entre jadeos y gemidos. Finalmente ante mi, brillaban sus labios vaginales despegándose con hilos sedosos, y densos hilillos de fluidos que emergían del interior. Su apretada vulva, se dilataba, dejando ver su interior, pardo rojizo y bañado de miel, los que mediante sus brillos iban liberando la pequeña cabeza de oro, que asomaba tímidamente entre los pliegues húmedos. 
Mi lengua terminó se romper los hilillos que quedaban vírgenes,  rodié envolviendo la cabecilla entre mis labios succionando suavemente, su cuerpo se estremecía, dejaba correr un liquido que chocaba con mis pestañas provocando un intenso ardor, sus vellos púbicos se enredaban entre mis dedos dibujando el promontorio monte de Venus, donde caían sus deseos palpitando, dejándolos untados, mientras mi lengua jugueteaba entre sus carnosos deseos separando los labios. lamiendo y recogiendo el manantial que emanaba de su interior. Entre jadeos y gemidos su espalda se retorcía clamando para no detener el flujo de placer que brotaba, sus manos sujetaban mi cabeza entre sus labio aplastando su sexo contra mi rostro, su espalda se dobló bruscamente liberando toda la energía por su columna vertebral, hasta reventar entre gritos de placer. 
Me reincorpore enterrando mi sexo en ella, la que empujaba suplicando suavidad, pero embestí con fuerza hasta topar el último rincón de su alma, separando con violencia sus piernas bañadas de sudor, y me dejé caer sobre su vientre mordiendo sus labios bañados de saliva seca, arrancando y ahogando con frenesí, cada grito y gemido de su boca. Mi cuerpo batía el suyo sin piedad,  hasta reventar dentro de ella liberando mi energía  y mis horas de espera, para aprender de sus muslos los mil secretos que escondían, hasta caer sobre sus pechos hinchados de los que aún brotaba leche a goteos intermitentes. Finalmente tranquilizamos nuestros cuerpos entre besos y caricias dormidas de placer.

Don Juan De Marco "Donde se abren los labios de una mujer, siempre habrá sed, y un gusto que guardarás para siempre en tu memoria"

Blasfemia.

Su pasión por cristo lo traía a la vida para convertirlo en carne, beber del sudor de su cuerpo. Los labios de la monja circundaron los pezones del Cristo. La religiosa extasiada por la aparición demostraba su adoración bajando con su boca por el cuerpo que no dejaba de temblar entre sus dedos, hasta colgarse del genero que cubría el sexo sagrado de aquella imagen, que tantas veces había imaginado en sus sueños. El vientre de Cristo entumecido por los labios de la monja se convertía en agua, mientras su sexo erecto se dejaba ver sin pudor en gloria y majestad. La monja temblando entre sus dudas, lo rodeó con sus dedos para sostener el sagrado miembro del que nunca se había hablado, y menos , alguna vez blasfemado. Tirando de la delicada piel que le cubría, lo besó con pasión y deseo, mientras que de los labios del Cristo hecho carne, se escapaban delicados gemidos. Con ternura y amor, casi mágicamente, los dedos de la monja liberaron, clavo a clavo, las manos y pies del Cristo, que ya habían dejado de sangrar, y apoyando las perforadas manos en sus pechos, dejó que los delgados y finos dedos la desnudaran. La monja mordía sus labios dejando que el amor que le profesaba, hinchara sus senos y emergieran sus pezones levantados por el deseo, los que se fueron endureciendo entre los delgados dedos de Cristo. El hábito que cubría su cuerpo se fue deslizando por sus hombros hasta mostrarse en completa desnudez ante los ojos llorosos de la imagen convertida, ella se arrodilló, acercó su rostro hasta el sexo endurecido, para delicadamente tragarlo con deseo.
Don Juan De Marco

El último Deseo.


Las piernas separadas de Andrea, clamaban mojadas. El ying y el yang en perfecta armonía, buscaban sus sexos, ambos estaban bebiendo la energía del otro mientras sus cuerpos se dejaban beber mutuamente. Los que se convertían en lágrimas de deseo al engullirse. Ella, al deslizar sus labios por el duro miembro erguido por las venas llenas de sangre, él, entregado a los de ella, que engullía como una fruta jugosamente abierta por sus caricias y el juego de sus labios. 
Cada embestida de su boca, iban doblando las rodillas de Marco , quién la sujetaba en andas sobre sus hombros, hasta que por fin liberaron todas sus bendiciones en la boca de Andrea, la que al sentir el caliente zumo que escapaba y la enmudecía, caía extasiada sobre el frío suelo de roca, dejando abiertas sus piernas para ofrecer su cálido interior santificado por las promesas de fidelidad y sacrificio. Al despertar del éxtasis, sintió como el sexo duro de Marco le poseía. Angustiada por el deseo que sentía, dejó que su cuerpo bañado en fluidos, se entregara a la intensa penetración, y abriendo sus labios gimió su nombre:
-Marco......
Los delicados y celestiales movimientos en su interior, fueron sofocando su corazón, y entre contracciones y gemidos el aire se fue de su vientre para explotar en placer, espasmos y jadeos.... hasta que su corazón se detuvo para siempre...


Juan de Marco