miércoles, 29 de abril de 2020

El colibrí y el espino


Hoy, en mi Jardín, acabo de ver al colibrí extrayéndole el  néctar a la flor del espino. El espino debe de ser uno de los árboles con más espinas, mortal para un pobre colibrí, que necesita de él para alimentarse, para tomar energía y volar grandes distancias, para no caer y morir. Aunque, vale la pena, si se trata de seguir con vida. Sólo un vuelo errático, y sus alas, quedarán prendidas entre filosos cuchillos que podría cortarlo, perdiendo no sólo las alas, sino también la vida y no volver a ver una flor más en su vida.
Así de despiadada y sensual es la vida. Un hombre enamorado y caliente por el cuerpo de una mujer, es el mismo caso. Si te dejas llevar por ese momento de sensualidad y excitación, una mujer te podría hacer el mismo daño, que un espino a las alas de un colibrí.
Hoy , enredada entre las sabanas, amaneció desnuda. El sol caía sobre su cuerpo iluminando y calentando su sexo que permanecía abierto y dilatado. Me quedé observando la belleza y sensualidad que sudan sus piernas, la dilatación de sus labios, que lo calientan todo. Semi abierto y mojado, y no pude detener mis instintos. 
Enterré mis labios en su sexo suavemente y extraje sus jugos como lo haría un colibrí. Mi lengua insaciable, se movía entre sus piernas, buscando rozar suavemente su piel, un hilo de saliva
transparente quedaba prendido entre sus labios vaginales que la harían florecer húmeda en mi boca. Ella ronroneaba como una gata en celo. Las piernas que permanecía cerradas, las fueron cediendo a las caricias, a mis labios. Gemía entre sus sueños. Su aroma , atraía mi boca exudando un néctar turbio denso y  transparente. Mi lengua se perdía entre sus ramas, como lo haría la flor de un espino excitada por la lengua ágil del colibrí. Estaba entregada a mis deseos y febriles acciones. 
Por fin se abrieron. Mi boca sin perder tiempo se hundió hasta alcanzar su flor madura y deseosa de una lengua habida y grácil que extrae cada gota en su interior. Ella lo desea todo, y toma mis cabellos para hundir mi cabeza entre sus piernas , jadeando en un amanecer cálido y apasionado. Ella es fuego entre los labios, como la flor al roce de la lengua del colibrí.
En un instantes estaba completamente abierta a mis juego, mojada en su interior, y aunque sus ojos permanecían cerrados, se dejaba hacer como si todavía durmiera. Sentí el jadear de su respiración  y como la sabia florecía entre sus carnes. Mis ojos no le quitaban la mirada de encima para ver como se dibujaba el placer en su cuerpo. El vientre, como marea salvaje , dibujaba olas de placer, ondeando excitada. Sus senos eran henchidos por mis dedos, se paraban duros como rocas, y dejaba que los moldeara con mis dedos apareciendo rozados sus pezones. Gotas sedosas, eran succionadas por mis besos, goteaba deseo y no era el momento de parar. 
Mi lengua no dejaba que su sexo se liberara de mi boca, y me fui hundiendo en su éxtasis procurando el clímax. Ella debía esperar, entonces me detuve , y el tiempo se congeló entre sus piernas, apretando aún más mi cabeza, no dejaba de pedir que no me alejara; Yo mantenía mi lengua detenida entre sus labios húmedos, hasta que un grito pidió más, apretó mi cabeza a su vulva y se dejó llevar por las contracciones de un orgasmo que la llevaba tan cerca del cielo como jamás estaría. Sus piernas apretaron mi cabeza contra su sexo y se dejó llevar hasta el templo del placer, yéndose por un instante de la vida. La pequeña muerte la llevaba del cielo al infierno haciéndola alcanzar el más profundo y caliente de los placeres , fundiéndose entre mis labios y elevando su espalda hasta caer rendida entre  sobre las sábanas por su orgasmo exquisito, hasta rendirse entre temblores en mi boca. 
Entonces, sus demonios se calmaron y sólo pedía besos acurrucada entre mis brazos, mientras sus manos jugaban con mi sexo. Su boca se saboreaba esperando el instante en que se recuperaría , para devolver tan exquisitos placeres. 
Sólo tenía que evitar el enamorarme y caer entre las espinas de sus ramas y el amor, porque no volvería a volar en libertad.

Juan de Marco, el colibrí.

lunes, 30 de marzo de 2020

Dulce y los visillos azules de Juan...

En esos días de pandemia y encierro que vivimos alguna vez, se me ha venido a la memoria la siguiente historia que les voy a contar.
En esos pueblos del sur, donde la cal cubre los muros, de calles estrechas y poca distancia entre las casas, detrás de los visillos azules, vivía yo. Dieciséis años entonces,  me lo pasaba encerrado entre los muros fisgoneando y buscando siempre tranquilizar las hormonas.
Los visillos permanecían cerrados para esconder mi maldad. Día a día me asomaba al sentir el ruido que hacían los colgaderos  entre las casas, en esos donde las mujeres colgaban sus ropas para que se secaran al sol.
Ellas cantaban y despertaban los mullidos sueños de los mozuelos que, en esa batalla hormonal, se perdían azotando sus cabezas contra las almohadas. Sus cuerpos eran sensuales y generosos en su forma, acogedoras para el amor.
Dulce, era uno de esos cuerpos. Y cada vez que asomaba por la ventana, yo , tras los visillos azules, la observaba. Solía vestir en enaguas llenas de encaje, sedosas y a veces , transparentes mostrando parte de sus bondades, pero escondiendo lo esencial. Era el abismo sin retorno.
Ese día, vestía una de satín  blanco invierno, no habían encajes, y su silueta se dejaba ver en todas sus formas tras las telas. El sol caía en su ventana iluminando sus acogedoras caderas, su vientre de hembra y sus generosos senos escondidos, pero dibujados en detalle por los delicados hilos que la construían. Abajo , nada , como todos los días. Cantaba algo así como una zaeta . Su voz era suave, pero parecía anunciar que se asomaría a la ventana. De alguna manera, ella me imaginaba al otro lado de los visillos observándola, o eso quería creer. Yo siempre estaba ahí cuando se acercaba. Dos o tres metros separaban nuestras ventanas. 
La vi apoyar sus senos en el marco de la ventana, para tirar de la cuerda. Al apoyarse se escapaban dibujando las aureolas rosadas de sus pezones, que sólo los casquillos le sujetaban en las costuras  del escote, sin dejarlos ver completamente.
La maldita erección emergía sin control, y las telas del pijama que llevaba puesto, acompañaban con delicada caricia el movimiento natural, rozando y provocando temblores en mi cuerpo.
 Ella sabía que le miraba, y presionaba sus senos aún más en la tirada del cordón, dejando escapar casi el seno  entero ante mis ojos, provocaba en cada esfuerzo una mayor erección. Miraba de reojo, sabía que estaba ahí mirándola y mordía sus labios, completando el cuadro. Me excitaba, provocando una ira agradable en mi cabeza por no poderla tocar.
Pero ese día, decidió ir aún más lejos. Luego de recoger la ropa tendida, acercó el sofá de terciopelo rojo a la ventana. Se sentó mirando a la mía,  liberó sus senos soltando los tirantes de la enagua, mostrando sin pudor, hasta sus erectos pezones, abrió ligeramente las piernas y cubriendo con su mano el sexo más carnoso que podría imaginar, se preparó para mostrarme lo que podía hacer una mujer frente a mis ojos.
Sus dedos se movían delicadamente presionando entre sus piernas, y se hundían para desaparecer entre sus carnes, bailaban a un delicado ritmo sobre su piel. Emergían una y otra vez brillando húmedos a la caída del sol. Su ojos se cerraban y abrían en cada movimiento mirando a mi ventana. Sus labios se mordían y dibujaban en su boca. Los volvía a cerrar, mientras mis manos liberaban mi sexo erecto atrapado por el pantalón del pijama.
Podía imaginar que mis dedos la alcanzaban. Su rostro iba pincelando cada movimiento con rubor, la lujuria se abría ante mis ojos , mientras tiraba de mi sexo para sentirla en mi piel. 
Su cuerpo jadeaba sometida al movimiento de sus dedos, a la profundidad que alcanzaban cada vez que presionaba, y se hundían en su intimo deseo de mostrar. Respiraba con dificultad, pero se hundía en el abismo de sus placeres, en la extraña sensación que la bañaba imaginando como yo la observaba escondido tras los visillos.
Entonces abrí las ventanas para mostrarme desnudo frente a ella , que al sentir el golpe de ellos sobre muro, abrió los ojos para gemir mirándome fijamente, mientras sus piernas se apretaban para sostener el aire que necesitaba antes de estallar. Todo se detuvo en el espacio entre ella y yo. Su vientre se inflaba y contraía jadeando y murmurando lo que se iba a venir, mientras sus dedos volvían a bailar entre sus carnes a un ritmo salvaje y sin control. La vi abrir sus piernas de par en par, mostrándome lo que sus dedos provocaban embistiendo todos los rincones que podían alcanzar. Entonces sentí que mi cabeza estallaba gritando a su ventana que terminara de una vez. Ella  al otro lado de la calle, dejó escapar un gutural sonido, mientras se derramaba en el terciopelo rojo del sofá, golpeando su cuerpo contra el respaldo que no lograba contenerla en su lugar, cayendo brutalmente al suelo , mientras su cuerpo no dejaba de temblar y resoplar entre las tablas de la habitación, sofocando el aire que escapaba por su boca, mientras yo mojaba todo a mi alrededor.
Cuando logre abrir los ojos y volver en mi, los visillos de su ventana se cerraban escondiendo sus ahogados gemidos que se perdía en el espacio de la habitación.
Sabía que me miraba, y la dejé por un rato observar antes de cerrar los míos.

Juan de Marco , frente a la ventana de Dulce despertar.     

sábado, 28 de marzo de 2020

El Purgatorio de Madamme.

"fuego genital transformado en delicia"... Así lo describiría un poeta.

Ella no piensa que los propios encantos sexuales irán disminuyendo con la edad, o con el aburrimiento erótico, y que mi lujuria,  permanecerá.
Me habló temprano para preguntarme a que hora tenía que venir, y le dije exactamente a las 3 de la tarde ni un minuto después. Mis indicaciones habían sido muy claras para mi madamme, tenía que presentarse con una falda vaporosa, liviana y sin bragas ni sostén. Aunque tenia los senos muy grandes para no llevarlos puesto y zapatos de taco alto.
Se había levantado temprano, nerviosa y a la vez excitada por lo que iba a ocurrir aquel día… Hacia mucho frío esa tarde y su entrepierna se estaba congelando, cuando llegó,  le hice sacarse toda la ropa a pesar del frío y le tapé los ojos con una venda negra, la llevé a mi  cuarto y le até las extremidades a los pies de la cama matrimonial.
 Al acercar mi mano estaba frío el palacio, húmedo,  pero no caldeado como me gustaba, pero atada, quedaba accesible,  abierta. Le introduje  un dedo para sentir si estaba excitada y lo saque seco, eso le gustaba, gemía tímida y perversa.
Fui  a buscar del congelador la cubitera, saqué dos hielos y los llevé al cuarto,  se los acerqué a su sexo para que sintiera el frío.  Jugué con eso por un rato, estaba desesperada, además, pellizcaba los pezones... quería verla suplicar, cosa que no tardo en hacer,  lloraba y pedía piedad. Yo parecía no escucharla y seguía su tortura. Cuando los cubitos se hubieron derretido, la dejé tendida  en la cama,, siempre atada con la ventana abierta. 
-Guarda silencio, no dejes que vea tu excitación.
Era su infierno, su demonio y la tenía a las puertas del purgatorio.
Sentado en el sofá oscuro de la habitación, la observaba desnuda y abierta, mientras su cuerpo temblaba, no sé, si de frío o excitación.
Si bien hizo lo posible por obedecer, se le escapo una gota entre las piernas, ella gemía, no podía creer lo que le estaba sucediendo…Me quité la ropa y quedé desnudo ante ella, me miraba bajo la tela que cubría sus ojos, despacio, como saboreando cada rincón y trazo de piel. 
Yo sentía cada vez más húmedo el palacio de cristal. Su vulva se inflamaba, y los pezones erectos completaban la infernal visión del deseo. Estaba tan excitado mirándola, y sabiéndola vulnerable a  merced, además del bulto tremendo que escondía entre mis manos,  que casi podía saborearla. Entonces me acerqué, y dejé que mis dedos le recorrieran su cuerpo mientras ella jadeaba en silencio.
El purgatorio, recordé y me detuve justo antes de tocar su caldeada humanidad. Detuve  mis dedos golpeando justo bajo el monte de venus, donde podía observar su gota correr perdiéndose entre sus muslos.
Sus manos luchaban por liberarse, sus piernas sacudían el cordón de algodón, pero era imposible liberarse. A horcajadas abrí mis piernas sobre su rostro, y la dejé sentir la fragancia del deseo que despertaba en mí, aunque quiso alcanzarla con su boca logré esquivarla y le ordene sólo sentirla palpitar. Gritaba, pero nadie la escucharía en la habitación, escupía palabrotas arrojando su aliento tibio sobre mis carnes, erecta y pulsando en su nariz. La primera gota que escapo de mi excitación , fue a dar justo en su boca, límpida, transparente y delicada. Dejó de gritar para murmurarme el gusto que tenía, y suplicar.

Mis dedos bajaron hurgueteando entre sus carnes abiertas, acariciando con delicadeza cada pliegue, cada rincón, hasta perderse sin volver, mojados y alborotados.
Era tanta su desesperación, que soltó lluvias doradas al acto de mis dedos, balbuceando palabras que ahogué, introduciendo mi sexo en su boca, hasta acallarla como el pezón en la boca de un niño hambriento. 
Sin dejar de empujar, la dejé hacer sobre mis carnes hasta derramarme en ella. Caí apoyado a la pared y jadie hasta empañarla con el vaho que salía de mi boca..
No dejaba de jadear y suplicar hasta soltar sus ataduras. Me dejé caer en el sofá y le ordené que se retirara y volviera mañana a la misma hora. Cuando terminaba de vestirse, golpee sus nalgas en agradecimiento a su obediencia y le pedí que cerrara las ventanas al salir.

Juan De Marco.  


Carne viva....

"Desatada de locura, dejó que la penetrara lentamente, mientras me deslizaba entre sus nalgas. Podía tocar sus gemidos y oler el perfume que liberaba su sexo... quería derramar en ella todo, quería derretirme entre sus piernas y poseer la como nunca le había poseído nadie. Sus nalgas se comprimían tras cada embestida... pero mi insistencia en entrar en carne viva era todo lo que había en mi mente..
empuje con tanta fuerza que sus carnes se rindieron y finalmente me enterré en ella hasta topar el fondo virgen que había en ella...toda ella, todo yo... había quebrado sus caderas llenándola de gozo ..era lo que ella deseaba y yo estaba ahí para complacerla... toda su esencia había sido mía, nada le iba a ser olvidar ese instante en que entregó todo su cuerpo ... se derramo por dentro dejando escapar aullidos de placer hasta que el sol cubrió el cielo, mientras la luna satisfecha se perdía en el horizonte...."


Juan De Marco.

lunes, 13 de enero de 2020

Reina de copas

Tantos surcos humedecidos por la avidez de mi boca, por el constante jugueteo de mi lengua entre tus carnes. Tantos gemidos sordos y sin palabras. Mudo entre tus carnes, esperando el momento por entrar más adentro, por resbalar entre tus murallas sedosas cubiertas de dulces matices y diferentes sabores ... Jadeos que retuercen el alma del que mira hambriento entre tus piernas, esperando el momento de la pequeña muerte, que te hará divagar entre el tiempo, estrellas y chasquidos. 
Ahí en la oscuridad de tus parpados cerrados, entre secos labios esperando ser humedecidos por fluídos estelares que caen en fuego, como laba expulsada por mi sexo, como magma salada estrellandose con tu rostro espectante, bañandolo todo, mojando tu alma. 
Bebe y no preguntes, sólo vivelo y recoge los sabores que te arrojo y provocan. No dejes que se pierda entre cortinas, abre los ojos y espera espectante los resultados de lo que provocaste. 
Reina de copas,  deja tu boca abierta y espera, que no tarda en morir el tiempo. No niegues tu naturaleza carichoza y caliente, ni le niegues a tu boca el placer de probarla . 
Deja que te bañe de espermas liberados por el deseo de tus sueños poderosos y esclavizantes, dejame morir mientras tus ojos me miran, y no supliques por algo que te mereces. Dueña de mi y mis extasiados pensamientos de naturaleza viva, de instinto y de mi esclavitud conquistada por tu excelsa figura y atolondrada boca.

Juan De Marco, en las manos de María.

lunes, 30 de diciembre de 2019

ENTRESENOS.



DE ESE SENO LIBERADO DEBERÍAN DE BEBER MIL BOCAS Y GASTARSE MIL LABIOS. DE ESE SENO DEBERÍAMOS ENCONTRAR LA LLAVE DEL SABOR, DE LA AMBROSÍA, DE ESA PERLA QUE CORONA MORDER LAS SENSACIONES MÁS ERÓTICAS.

HE RECORRIDO TANTAS VECES EL MISMO CAMINO SIN DEJAR DE ADMIRARME POR LA SENSUAL SILUETA QUE DE TI ME ACOMPAÑA. HE CAÍDO TANTAS VECES EN EL MISMO ABISMO, QUE RENAZCO CADA VEZ QUE TE VEO. EL SABOR DE TUS SENOS, LO SUAVE DE LA PIEL QUE LOS ENVUELVE, LA CAÍDA INFINITA ENTRE TUS CARNES, LA ENTRADA IMPRUDENTE DE UN EXTRAÑO, QUE NO DEJA DE COGER TUS IMÁGENES , AHÍ, TAN DENTRO DE MI, QUE SUELO ENCARCELAR CON MIS DEDOS EL VIGOR , LA HOMBRÍA ENTRE COSQUILLEO Y TEMBLORES .

EXCITAS MIS SUEÑOS Y LOS ATRAPAS, SACUDES MI MENTE. 

BENDITA LA PIEL QUE CUBRE CADA FORMA, CADA GEMIDO, CADA BRILLANTE RINCÓN DE CARNE QUE EXCITADA POR TUS DEDOS, IRRUMPES DESPERTÁNDOME EN LA ANTESALA DE MI ERÓTICO DESVARÍO... MUÉSTRAME EL SECRETO QUE MÁS ESCONDES , AQUEL DEL QUE BEBERÉ CADA GOTA QUE EN MIS LABIOS DERRAMES, ATIZANDO EL FUEGO QUE ME QUEMA Y EXTINGUE. 

DON JUAN DE MARCO, ENTRE LAS PIERNAS TEMBLOROSAS DE LUNNA

Sabia


Y ese minúsculo rincón donde late la vida, ese ínfimo retazo de piel que te arranca del silencio, donde mi lengua goza , donde mis labios besan, donde mi boca bebe y se pierde del tiempo real, para caer vertiginosamente en tu silencio, donde mis oídos escuchan lacerantes gemidos de placer y deseo...
Ahí, justamente ahí, donde nacen los oleajes de tu vientre, donde se esconde el más esperado de los deseos, donde te moja mi aliento tibio, donde derramas tu alma para suplicar piedad, cuando mis labios entre tus temblores se rehúsan a despegarse de tu piel que rezume jugos tu alma excitada para recoger en besos la sabia de tu alma.







Juan de Marco

domingo, 29 de diciembre de 2019

Al otro lado del espejo.

Pues aquí estoy, al otro lado de tu espejo.  Tu abriendo la piernas, y con los dedos, mostrando tus pétalos abiertos, vivos y rojos , para que te saque todo lo sabroso que dentro se esconde.. húmeda con el roció de la mañana y abierta para ser libada y exquisitamente preparada con las mejores galas de una flor en primavera. Extasiándote de besos, de caricias impertinentes, queriendo sacar la miel de ti como las abejas.  
Cerca el verano y el calor hace que se abran  y a mi beber de donde se guarda el líquido más dulce y cálido, la más exquisita de las ambrosías, el licor de los dioses que embriagan mis labios angustiados por probarte, lamiendo de ese interior aterciopelado, extasiado esperando tus gemidos, tus jadeos y orgasmos, queriendo quitarte la vida con mi boca... la miel con mis dedos.
"tomo de él y disfruto de su dulzura.. y que larga vida me dé"

Juan De Marco, Yo erecto de deseo, absoluto y pleno...

viernes, 27 de diciembre de 2019

El último rincón.

Me reincorpore enterrando mi sexo en ella, la que empujaba suplicando suavidad, pero embestí con fuerza hasta topar el último rincón de su alma, separando con violencia sus piernas bañadas de sudor, y me dejé caer sobre su vientre mordiendo sus labios bañados de saliva seca, arrancando y ahogando con frenesí, cada grito y gemido de su boca. Mi cuerpo batía el suyo sin piedad, hasta reventar dentro de ella liberando mi energía y mis horas de espera, para aprender de sus muslos los mil secretos que escondían, hasta caer sobre sus pechos hinchados de los que aún brotaba leche a goteos intermitentes. Finalmente tranquilizamos nuestros cuerpos entre besos y caricias dormidas de placer.


Don Juan De Marco "Donde se abren los muslos de una mujer,
guardarás para siempre el recuerdo en tu memoria"

El Debutante.

Yo era tan sólo un chiquillo, el sobrino atolondrado de su adorado esposo. Cuando se acerco a mi, sentí que mis piernas temblaban. Sus manos acariciaron mi cara con suavidad, sentía como limpiaba mis deseos al roce de sus dedos, largos y suaves. Me tomó de la mano llevándome a su habitación. Al desnudarme lo hizo con ternura y cariño, dejando deslizar la ropa sobre mi cuerpo. Sus manos tibias recorrían mi cuerpo, sus dedos iban dejando la huella sobre mi piel, mis vellos se erizaban al roce.
Mi sexo se erguía como un bastión, sus labios recorrían mis pechos con dulces besos mientras sus manos iban descubriendo mi cuerpo. Al quedar desnudo, sus labios fueron surcando el camino al deseo, cada pliegue de piel se abría al depurado rozar de la suya contra la mía. Hilos de saliva iban marcando cuidadosamente su recorrido, como telarañas transparentes, se tejían, queriendo atrapar mi sexo en una cárcel de seda. 
Palpitante mi verga se contraía a sus caricias, sin ella haberla tocado, como una rama azotada suavemente por un riachuelo, buscando ser acariciado por las tranquilas aguas. La vi sumergirse en su boca hasta perder los sentidos, todo era una sola sensación que me recorría por dentro tras cada rodeo de su lengua y el roce de sus labios, la agonía se hacía en mi deseo, y el umbral entre la vida y la muerte colmaba mis pensamientos. Sentí las mareas cubrir mis arenas, golpear con furia mis rocas y bañar de sal su boca. Un golpe vino a terminar desintegrando mi cabeza, sólo relámpagos y estrellas, un caudal salvaje llenando las sombras de la sed en su boca.
Sin despedir mis sacudidas , en vilo abrió sus muslos, para dejar resbalar la carne aún erguida dentro de los muros mismos del paraíso mojado , que le había llevado  a cometer tan vil y deseado adulterio.
-Mi Adorado Juan, mi atolondrado debutante, deja que yo lleve el Ritmo y disfruta de mis placeres.

Juan De Marco, debutante. 

Perlas y aureolas.

Sobre mi cuerpo, a horcajadas, se podían ver sus senos tempestuosos y la caída hasta sus caderas. Ante mis ojos, desnudando su piel, su corsé, se habría tira a tira cuando sus dedos desenredaban el complicado laberinto de sujetadores, que con gran esfuerzo lograban contener los abultados senos. Las aureolas de sus pezones y sus  perlas de carne, se dejaban ver adornadas por encajes, que al soltarlo, dejó rebotando sus senos por un instante llenando un gran vacío. Los posó delicadamente sobre mis labios ofreciendo su néctar, semitransparente y blanquecino, dos gotas asomaban sobre sus puntas como perlas, los que fueron succionados por mi sedienta boca. Sus pezones eran duros como copas de mármol, oscuros y enrojecidos. Las gotas brillaban contra la luz tenue del cuarto. Bebí de ellos succionando gota tras gota, hasta liberar finos chorros que se disparaban sin dirección mojando mi cara. Tomando mi cabeza, me deslizó por su vientre, donde la suavidad de su piel acariciaba mis mejillas, que se iban humedeciendo entre el sudor y su deseo. Mis labios temblaban, hasta quedar entre sus piernas. Quise ir a su sexo, pero ella hábilmente me llevó entre sus muslos que deseaban ser besados antes que llegara ahí.
- aprende lo que deseamos las mujeres.- Me desconcertaba, pero a la vez me fascinaba su forma de dirigir.
Su piel brillante por el sudor, me agitaba. Disfrutaba cada uno de los surco, que afloraban

Don Juan De Marco, Perlas de carne.

"Hilos de seda".

Sus piernas se fueron abriendo lentamente empezando a revelar sus secretos. Sus labios se hinchaban al roce de los míos, cada surco era dibujaba por mi lengua. Las gotas de sudor bajaban por su cuerpo, y eran recogidas suavemente por mis labios, como queriendo beber de sus pecados, los que brotaban uno tras otro, suplicando que me acercara a la miel de su carne. Sentí como su sexo buscaba mis labios intensamente, retorciéndose entre jadeos y gemidos. 
Finalmente ante mi, brillaban sus labios vaginales despegándose con hilos sedosos, y densos hilillos de fluidos que emergían del interior. Su apretada vulva, se dilataba, dejando ver su interior, pardo rojizo y bañado de miel, los que mediante sus brillos iban liberando la pequeña cabeza de oro, que asomaba tímidamente entre los pliegues húmedos.
  Mi lengua terminó se romper los hilillos que quedaban vírgenes, rodie envolviendo la cabecilla entre mis labios succionando suavemente, su cuerpo se estremecía, dejaba correr un liquido que chocaba con mis pestañas provocando un intenso ardor, sus vellos púbicos se enredaban entre mis dedos dibujando el promontorio monte de Venus, donde caían sus deseos palpitando, dejándolos untados, mientras mi lengua jugueteaba entre sus carnosos deseos separando los labios. lamiendo y recogiendo el manantial que emanaba de su interior. Entre jadeos y gemidos su espalda se retorcía clamando para no detener el flujo de placer que brotaba, sus manos sujetaban mi cabeza entre sus labio aplastando su sexo contra mi rostro, su espalda se dobló bruscamente liberando toda la energía por su columna vertebral, hasta reventar entre gritos de placer.

Juan de Marco, "Donde se abren los labios de una mujer, siempre habrá sed, y un gusto que guardarás para siempre en tu memoria"

jueves, 8 de agosto de 2019

...Toda ella, todo yo...




"Desatada de locura, dejó que la penetrara lentamente, mientras me deslizaba entre sus nalgas , podía tocar sus gemidos y oler el perfume que liberaba su sexo... quería derramar en ella todo, quería desaparecer entre sus piernas y tomarla como nunca le habían poseído. Sus nalgas se apretaban tras cada embestida...empuje con tanta fuerza que sus carnes se rindieron y me enterré en ella hasta topar  fondo...toda ella, todo yo... había quebrado sus caderas llenándola de gozo...era todo lo que ella deseaba y yo estaba ahí para complacerla...  toda su esencia había sido mía, nada le iba a ser olvidar ese instante en que entregó todo su cuerpo al salvaje amante que se le había cruzado en el camino... se derramó por dentro dejando escapar gemidos de placer y jadear hasta el orgasmo.
El sol cubrió el cielo, mientras la luna satisfecha se perdía en el horizonte...."



Don Juan De Marco. 

jueves, 1 de agosto de 2019

Juan De Marco, Gustab, Rodrigo Fúster... ?

Ese hombre que vagaba con la mirada perdida orillando el mar, queriendo solucionar la vida... Divagando entre cuerpos desnudos, dejando que sus dedos rozaran el agua agachándose de vez en vez, como silueteando esos cuerpos que se iban disparando a cada caricia. El viento en su cara curtida por los años de di-vagante filosofía. Descifrando miradas y sonrisas que le regalaban al pasar. Arreglando su boina tras cada mirada, acariciando su entrepierna escondiendo la emergente figura tras los cierres de su pantalón, ocultando la humedad que lo invadía.
En tanto, una socarrona sonrisa era disimulada con sus ojos de tristeza. Pensaba en las damas que le acosaban queriendo obtener un buen rato de placer, suspendiendo en el aire el tiempo que lo ocuparían, que mas podrían pedir de él. Les atraía su cabizbaja mirada que seguía y contaba sus pasos. Le imaginaban desnudo paseándose frente a ellas sin pudor ni vergüenza, les gustaba la acariciante mirada de sus ojos sobre la piel incitándolas a desnudarse y entregarse a él sin preguntas... Él no era de nadie y era de todas, pero no querían compartirlo. Les atrapaba en cárceles de deseo y en palabras envolventes que ellas sabían que jamas compartiría no tendrían sentido, eran tan vagas como sus pensamientos. 
Él era único, hipnótico, mágico, pero básico en esencia,nunca había aceptado ser civilizado, era salvaje por naturaleza y debían aceptarlo.
Ese hombre, de filosofía barata y aparente de ignorancia, ese que parece negar el amor, o huir de él... Ese que lo encarcela en su cabeza para que ellas lo liberen de su condición de inconsecuente equilibrio , pero libre en esencia.

Ese soy yo... Juan de Marco

jueves, 25 de julio de 2019

La Corrida.

Nos sentamos en una mesa no muy alejada de la de ustedes, yo frente a ti. 
Nuestras miradas se cruzan repetidamente con ardor. Estoy deseando follarte y supongo que tú también a mí.
En un momento te levantas y te diriges al baño. Voy tras de ti. Te cojo de la mano y te meto en una cabina. Te empujo contra la pared y te beso locamente.
Correspondes a mis besos . Mi mano se aventura bajo tu falda, toco tu ropa interior totalmente mojada y la arranco a girones. Has sacado mi sexo del pantalón, enhiesta y te embisto contra la pared.
Entro sin resistencia en el tuyo, húmeda, mojada. Me encanta como la aprisionas con las paredes de tu sexo. Entro en ti hasta arrancarte el placer que se escapa por tu boca a gemidos. 

-Quiero que te corras dentro de mí – susurras al oído. 

Juan De Marco

El deseo


Sientes como nazco entre tus manos, como un artesano modelando arcilla, contemplas tu obra terminada. Me dejas caer en el abismo. Caricias, suaves e intensas, el jabón y el agua que cae sobre mi.Quieres tenerme en tu boca. Te arrodillas en la bañera. Tus labios me besan ardorosamente. No puedo pensar en otra cosa, tu lengua en gula sobre mi sexo, me sostienes. Consigues volverme loco. Sentirme en tu boca, que dirijas mi placer. En este momento te pertenezco totalmente. Me engulles, me acaricias con tus labios, me desarmas en tus manos, me desarmo cayendo al vacío, al abismo, hasta deshacerme en tu boca, desapareciendo entre tus dedos... te deseo. 


Juan De Marco. A gloria.

Un Instante .. una vida

Nuestros rostros quedaron a la misma altura, su lengua buscó la mía hasta encontrarla, a la vez que movía sus caderas rozándose contra mí. Cogió mi cabeza con fuerza pegando su frente a la mía, sentía su aliento en la cara y sus primeros gemidos cuando comenzó a salirse para volver a caer sobre mí, iniciando así un lento sube y baja con su cuerpo sobre el mío.
Nuestra conversación se entrecortaba con jadeos, ella seguía dejando entrar y salir mi sexo lentamente, disfrutando el momento. Nuestras frentes seguían pegadas, su respiración y sus palabras en mi oído me derretían. 
El sudor lo mojaba todo, comenzó un juego en que aflojaba y presionaba a su antojo. Mi lengua recorrió cada milímetro de su rugosa piel, sus senos estaban duros y firmes, lo que facilitaba mis pequeños mordiscos que hacían que se estremeciese. Un gemido salió de su garganta, aferrándose con sus manos en la silla, se arqueo hacia atrás, moviéndose, haciendo que mi sexo saliera fuera del suyo.... se dejó caer suavemente, la atraje hacia mí coloqué mis manos entre sus nalgas y entrelazó sus piernas con las mías , le di varias embestidas, ella me beso jadeando... volví a embestirla, se frotaba frenéticamente contra mi, aprovechando cada instante, hasta que inevitablemente llegó el orgasmo, que se prolongó hasta que se derrumbó sobre mí, quedando sentada sobre mis piernas mientras oía como su respiración se acompasaba y me decía.
– Mi madre jamás haría lo que yo te voy hacer a tí…

Juan De Marco. Un instante, una vida.




sábado, 13 de julio de 2019

LA SEDA BLANCA QUE HOY TE CUBRE..

AQUELLAS SEDAS BLANCAS ESCUPIDAS A PULSOS POR EL AIRE, SACUDIENDO LOS SENTIDOS, CUBRIENDO CADA FORMA Y PERDIÉNDOSE ENTRE TUS SENOS, MAJÁNDOLO TODO... VOLVIÉNDOSE AGUA, ESCURRIÉNDOSE EN LOS LABIOS DE LA MÁS APASIONADA DE LAS AMANTES. AHÍ TIBIA , CAPRICHOSA Y SIN SENTIDO. DELIRANTE ENTRE TUS LABIOS, ASÍ LA QUIERO, PERDIDA ENTRE LOS PERLADOS DIENTES QUE SE CIERRAN PARA RETENERLA... ENTRE LABIOS CERRADOS DEJANDO QUE LIBERE Y ENSEÑE EL SABOR QUE LA INVADE...SEDA BLANCA Y DENSA, SUAVE Y ESPESA, SEDA PRENDIDA Y DESGARRADA A BESOS, BENDICIENDO LAS BOCAS MÁS PECADORAS , SUSURRANDO LA CURVATURA EN TUS OÍDOS, ARRUGANDO HASTA CERRAR TUS OJOS MIENTRAS GIMES ENTRE RISAS Y TU CORAZÓN PULSA ENTRE TUS PECHOS. DEJAS QUE LENTAMENTE SE DESHAGA ENTRE TUS LABIOS , EN LOS GUSTOS MÁS PROFUNDOS DE TU GARGANTA, EN ESQUINA ESA DONDE NUCA AH RODADO UNA LAGRIMA MÁS ESPESA Y LIMPIA, SUAVIZANDO CADA MILÍMETRO DE PIEL QUE TUS DEDOS ESPARCE. DÉJAME ENSEÑARTE COMO SE BEBE DEL FRUTO PROHIBIDO. COMO QUEMA, COMO ARDE PERDIÉNDOSE HASTA LAS PROFUNDIDADES DE MAS INFRUCTUOSO DESEO. BEBE QUE ALGUNA MANERA ALGUIEN LA HA CREADO PARA PALADARES EXTRAVAGANTES Y EXIGENTES... NO CIERRES LOS OJOS PORQUE SENTIRAS EL PODER DE HABERLO PROVOCADO.
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DON JUAN CUBRIENDO LOS DESIGNIOS

jueves, 4 de julio de 2019

La de las trenzas sueltas.


La de las trenzas sueltas se sentó a mi lado mientras comía, poniendo su mano en mi rodilla, me miro intensamente con aquellos demoledores ojos castaños, me recline, la bese, ella paso su mano por mi nuca y hundió su lengua dentro de mi boca laceando la mía. En su casa, solos sobre el sofá, semi desnudo.
Dejándome llevar, deslice una mano bajo su camiseta y acaricie suavemente uno de sus senos. Sentí como su casquillo crecía endureciéndose entre mis dedos, emergía como el botón de una rosa, suave y delicado, soltando pequeñas gotas transparentes, mi boca se iba perdiendo en su cuello, gemía de placer mientras le recorría humedeciendo su piel.  Ella bajaba su mano hasta alcanzar mi sexo con ansioso temblor dejando que sus dedos lo dibujaran sobre las telas del pantalón. Ardía en deseos de hacer el amor con ella, pero preferí que ella llevara la voz cantante, que fuera ella la que diera el primer paso y así fue. Desprendió los botones de su blusa, dejando libre los delicados senos que ya había acariciado con mis dedos. En ropa interior, se sentó a horcajadas sobre mí, mientras no dejábamos de besarnos,  aquellos maravillosos senos al aire suspendían gotas en el aire dejándolas caer entre mis labios. Bajo deslizándose por mis rodillas, hasta quedar de rodillas sobre el suelo, desabrocho mi pantalón, dejando mi sexo temblando al aire y tomándolo con su mano, inicio el más peligroso de los juegos, una masturbación lenta y magistral mientras me miraba fijamente, yo no daba crédito, tenía que cerrar de vez en cuando los ojos, para contener lo inevitable, producido por aquel terrible deseo. 
Dejo caer su boca envolviendo la piel, un hilo de saliva lubricaba aún más mi sexo, extendiéndolo con su mano, me miro una vez más y dejó que su lengua lo dibujara, enmarcado en el más delicioso de los escenarios, sus labios  Lentamente inclino su cabeza y lamió enjugando la brillante cabeza , dejé escapar un gemido que atrajo su vista perdiéndose en mi memoria, ella tomo su pelo y llevándolo a un lado, bajo de nuevo la cabeza y dejó hundirse mi sexo entre sus labios...aquello era increíble, aún me parecía un sueño, mi rey de bastos entraba y salía de su boca, de vez en vez , lamia toda la superficie con su lengua y me miraba con picardía, como pude deje escapar de mis labios un susurro avisándole  que ya no podía mas, pero ella ante mi asombro cerro su boca sobre mi glande y bajando por el tronco dejó que me deshiciera entre sus labios , solo quedo un un rastro de semen en una de sus mejillas, aquello me encendió otra vez,  girando sobre sus talones saco un preservativo de uno de los bolsillo de su pantalón y lo puso delicadamente,  besándola , la tumbe entrando brutalmente en su sexo.

Don Juan De Marco…. A la distancia.

viernes, 31 de mayo de 2019

El poema



Deseaba tocarte, tomarte entre mis brazos, y hacerte mi mujer una vez más. Al entrar en el cuarto todo estaba en silencio. Las fragancias de nuestros cuerpos inundaban el aire, almendras e inciensos, se tomaban el espacio. La brisa marina luchaba por apoderarse de todo, pero el olor de nuestras pasiones finalmente le arrebataba su lugar. Todo estaba a media luz, por la ventana sólo algunos rayos sobrevivientes del atardecer se colaban por las cortinas de gasa. Al acercarme a nuestra cama, pude ver como un rayo de sol, todavía acariciaba tu piel, las sabanas dividían tu cuerpo en dos, por un lado tu espalda desnuda, y por el otro, tus nalgas acariciadas por el sol. Una tremenda sensación se apoderó de mi mente, apoyándome en la cama, besé tu espalda desnuda, mientras mi mano se apoderaba de tus nalgas, quitando las manos del sol.
No despertabas de tu somnolencia, y tu cuerpo temblaba al roce de mi mano, mientras mis labios se daban un banquete con el sudor que corría por tu piel. Te acomodaste reclamando tu espacio entre ronquidos. Me levanté para desnudarme, y cuando lo había hecho, me recosté a tu lado procurando no molestarte, mientras mis ojos disfrutaban de tu cuerpo límpido y desnudo.
Me acerqué para disfrutar de tus fragancias naturales. Tu sudor, tus senos empapados en perfume, tus nalgas redondas que guardaban la fragancia del calor del día, todo en ti se volvía poema, cada rincón de tu cuerpo era un verso a la lujuria y la sensualidad. Me encanta tu olor. Nuevamente mis labios recorrieron tu cuerpo, mientras mi nariz se hundía entre los pliegues de tu piel, arrogante, suave y sudorosa.
Añadir leyenda

Al despertar, con tus ojos semi cerrados recorriste mi cuerpo, y pasando tus manos por mi pecho, me arrimaste a ti, colgándote de mis labios, como suplicante espera que se había gestado durante el día. Mis manos no se hicieron esperar, y tomándote de las caderas, te monte sobre mí. El gozo se iba dibujando en tu rostro, y tus piernas no demoraron en abrirse para disfrutar de la suave dureza de mi piel, suavemente lo deslizaste dentro de ti, y tomando un ritmo cansino, dejaste que tu boca gimiera temblorosa de deseo mordiendo los labios con expresión apasionada, cada gesto de tu cara me excitaba y ponía a mil. Mi vientre no demoró en tomar el compás del tuyo, y resbalando por el cause de tu deseo, se dejó violar entre contracciones. No dejaba de rogar, sólo pedía que aumentaras la presión, hundiéndome en ti. Tus nalgas redondas tiritaban al compás de tus movimientos, mientras mis manos te apresaban entre las sabanas. Cada caricia era un gemido de dolor y placer, contenía mi cuerpo para que no explotara en orgasmo, pero tu boca pedía a gritos la crucifixión, y aumentando el infernal ritmo te apretabas cada vez más a mi, aumentando la presión y ordenando con rabia mi eyaculación. El deseo perturbaba tus sentidos, y cada vez te golpeabas con más pasión sobre mi, rugiendo entre gemidos, esclavizando mi deseo al ritmo que tu querías, y no paraste hasta hacerme explotar, mientras mordías los pezones de mi pecho y enterrabas tus uñas en mi piel, vencido por tu excitación me entregué a tus designios, y sin poder controlar mi cuerpo, me quebré entre convulsiones que no cesaron hasta escucharte gritar entregándote a tu éxtasis irrefrenable por el deseo que ardía en ti.
Caíste sobre mi cuerpo, para dormitar entre temblores, y juntos dejamos que nos cubriera la noche, entre palabras sin sentido y llenas de amor.

Juan de Marco.

martes, 8 de enero de 2019

Al aire del Jardín

Al  llegar por la noche, fumábamos fuera de la cocina mientras él estaba dentro, detras de la pantalla de su celular.   Intuí que la negra esperaba algo de compostura ante la presencia de su hijo en casa. Me quedé fumando mientras la miraba dentro de la humareda que salía de nuestras bocas, callado. Reí por dentro, después miré su vestido corto y vaporoso que movía el poco aire que se levantaba esa calurosa noche del jardín, como bamboleaban sus pechos, cada vez que reía callada mientras mordía sus labios tras la lasciva mirada. Un dejo de envidia aparcó en mi cabeza a ese aire que se escurría entre sus piernas acariciando sus muslos,  y la imaginé entre las sábanas.  Por el ceño, imaginé las imágenes que se movían dentro de su cabeza , de una imagen que merodeaba en su cabeza de la serie que acabábamos de ver en la televisión, ese hombre que arrojaba al escritorio a la mujer , para hundirse entre sus piernas y clavarla mientras ella apretaba con sus manos la boca para no gritar. Oí cuando dijo: “entonces no habrá fiesta”.
La vi radiante, traía el vestido negro floreado de cuello en círculo que dejaba ver el suave y abultado escote. Ella estaba apoyada en el dintel de la puerta. Yo enfrente, con una sonrisa insinuante. Me incliné sobre ella, cuchicheando a su oído, mientras mi boca se deslizaba por su cuello, ella observó a la brevedad mi entre pierna. Pude sentir su exclamación al respirar el champú de su pelo y el perfume dulce de su piel. La besé en el lóbulo y luego mordisqué  con mis labios. Ella había cerrado los ojos, quizá buscando en su interior un algo a que asirse para abortar la embestida. Del lóbulo bajé al escote, volví a su mejilla e intenté darle un beso en la boca. Ella ladeo la cabeza, me instalé sobre el cuello olisqueando su aroma joven, sin más prisa que la turbación de su aliento. Mi rostro  quedó a nivel de sus pechos y de su vientre. Sin evitar los senos en contra de su deseo, fueron mis manos las que tomaron la iniciativa y poco a poco levanté  su vestido y mi boca rodó en la piel de sus  muslos. Ella nunca imaginó tantas sensaciones en una brevedad, y abriéndolos, dejó que me enterrara en su sexo.
El vestido estaba hasta la cintura, quedaron al descubierto sus piernas acaneladas. mis manos exploraban sus caderas, buscaban el elástico de su ropa interior. Los índices al unísono se trabaron en el borde y poco a poco la prenda se deslizaba hacia un lado mientras mis dedos buscaban su interior, cuando descendía por sus glúteos, sentí como levantó sus caderas para que la bragas sedieran. Dueño del quehacer hice lo que me dictó la experiencia.
Sabía que la piel erizada de sus muslos, la caricia de sus manos sobre mi pelo, eran el permiso. Yo Escuchaba el silbido grueso de sus respiraciones, el rechino de sus dientes. Entre sus piernas y dentro, el olor del café, afuera el silente silbido se quebraba por el sonido que hacían mis lamidas en el corazón de su sexo.
La noche era joven, ella se hacía agua. La voltee hacia el muro, mordí sus nalgas y levantándome me fuí justo a enterrar entre sus piernas  enbistiendola hasta sentirla gemir entre dientes y jadeos ahogados, para esconder los gritos que no debían de salir de su boca  . Sus rodillas se rindieron y se dejó caer con su peso sobre mis muslos mientras no dejaba de jadear. Luego sus labios se hundieron en los míos y se quedaron unidos hasta tranquilizar su cuerpo. Yo dejaba su vestido en su lugar , mientras ella terminaba de vestir su sexo con la delicada prenda que yo acababa de rasgar.    
Juan De Marco ... A Gloria

jueves, 2 de noviembre de 2017

Humedad en su vientre.

Ella olía a cipreses , a helechos, a humedad... su cuerpo sudaba fresco. Podía sentir su fragancia mustia, como si ,el moho el paisaje se apoderara de ella, cuando me envolvía con sus brazos... Entonces, parecía poseer toda esa fragancia que se siente al sur del mundo, perdido en la patagonia, donde la Lenga y la tierra siempre permanece mojada, donde las maderas se asomagaban descomponiéndose entre las hojas eternas y acumuladas. 
Sin embargo, al acariciar su cuerpo, deslizándome por su piel, esa humedad se volvía tibia y fuerte. Ella sudaba deseo, sus piernas me ataban a sus caderas y el olor de sus piernas abiertas, me indicaba la huella que debían dejar mis besos. Su humedad lo mojaba todo, nada obligaba ni pedía, su cuerpo se dejaba amar sin condiciones, entonces apretaba sus muslos y me encadenaba a su sexo. Sus lagrimas de deseo, que aparecían de lo más profundo de la cavidad de su sexo, me encarcelaba entre las sabanas, mientras sus gemidos y jadeos se ahogaban en su garganta, como gime el viento frío del sur cuando se acerca el verano... 
En su cuarto colgaban los cueros recién curtidos que ahogaban la humedad que salía de su piel. cada vez que embestía, entre sus piernas aumentaba el calor en la pequeña habitación, donde los viejos maderos de verde Coigüe crujían, actuando como cómplices, escondiendo sus gemidos después de cada orgasmo... entonces y sólo entonces... ella me volteaba dejándome caer, para luego, montándose sobre mis caderas y en ritmo cadencioso, buscaba el mio empujando con sus caderas y resoplando suavemente, esperando los temblores de mi cuerpo que anunciaban, que el amante pasajero, entraba en el delirante camino a su propio orgasmo, deshaciéndome entre sus piernas, jadeando cada tres o cuatro balanceos y empujando  sus caderas hacia mi... 
El salvaje ritmo aumentaba junto con el ritmo hilarante de sus caderas, la que le habían deseado,
desde el otro lado de la barra, mientras sus labios se apretaban, los hielos se golpeaban entre si:,Esa mujer cabizbaja y sombría, la que  me miraba con ojos lujuriosos, mientras sus labios se humedecían a cada sorbo del fuerte brebaje, me calentaba por dentro. En ese momento fue cuando decidí que esa noche no dormiría solo. 
De pronto sentí que volvía entre las sabanas revueltas y los jadeos de aquella salvaje, que me había encontrado momentos antes entre las sombras del bar, al otro lado de la barra, y que descaradamente me había insinuado escaparse a tener sexo . Entonces al sentirla que se venía  y explotaba, me dejó llevar elevando sus gemidos y dejándome abusar . Luego, llegaría la flojedad tibia entre la aspereza de la manta y una espalda muda que me dejaba vestirme y que me fuera cuando quisiera.
Al día siguiente sólo guardaba un escaso recuerdo de su rostro en la cálida pieza de mi hostal , pero su olor estaba impregnado en mi, en mi cuerpo, en mi piel y una extraña sensación me tranquilizaba, aunque no sabia como había llegado .ahí, y sólo escuchaba la algarabía de las Bandurrias, Tiuques y Halcones que me llenaban un amanecer diferente.

Juan de Marco, perdido en la patagonia.

lunes, 23 de octubre de 2017

Mary de Venus

...y frente a ella, tan llena de contradicciones y recetas para huir de mi, me acerqué mirándola a los ojos, puse mi dedo para hacerla callar entre sus labios y baje lentamente el dedo por el cuello buscando la profundidad de su escote. Ella trataba de seguirlo con su vista, pero al entrar en su escote, elevo su mirada a las alturas dejándose llevar por el momento... sus defensas estaban quebradas, subí por los tirantes de su vestido, y con un ligero movimiento, deslice la tela por sus hombros hasta ver caer el vestido frente a mis ojos. Sus senos estaban indefensos, y una lagrima de sudor corría desbocada hasta caer por su escote, hasta perderse libremente entre sus senos.
 Mi mano no tardo en bajar deslizándose por su piel hasta medir la copa de sus pechos, mientras ella cerraba los ojos para dejar desnudo e indefenso su cuello para que bajara con mis besos. La atraje hacia mi, y tomándola de las caderas, ayudándome con mis dedos que engarzaban su sexo , juntamos el salvaje juego de dos genitales que querían ensamblar a dos furtivos amantes deseosos de lujuria y deseo.
 Lo demás fue unas piernas que se amarraban a mis caderas, haciéndome sentir único entre todos los que estaban en ese estudio, un suspiro, y luego un cuerpo en vilo que caía estrepitosamente entre las sabanas de raso negro, dos manos que desanudaban mi corbata y se apuraba en jalar de los botones despejando el camino para que sus manos se hicieran dueñas de mi, pero aún quedaban unas cartas bajo la manga, y no haciéndola sentir la dueña de la ocasión , baje con mi boca por su cintura saboreando cada espacio de piel desnuda, hasta perderme entre sus piernas... la habitación fue ahogada de gemidos... vi como su vientre se batía en oleajes de  angustia , mientras sus deseos se convertían en su peor enemigo. Mi boca se convirtió en un tormento para su sexo y sentí como se desvanecía entre mis labios.. el juego había empezado y era tarde para volver atrás. Nada que hubiese planificado para no rendirse a mis embestidas daba resultado, su cuerpo se movía paralelo a su mente, y nada evitaría el orgasmo que se venía...

Juan de Marco.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Esencia de "Seductor".


El hombre de esta historia podría ser uno de los tantos a los que todos conocemos en su arquetipo de “Don Juan”, pero no, soy Juan De Marco y se lo que quieren y lo que quiero. Favorecido por la madre naturaleza, dotado de una demoníaca pasión, capaz de cautivar con una sola mirada a la más indómita criatura humana. Conocedor de esos poderes , juego con la destreza de un alquimista a enamorar sus almas. Cuanto más se resisten, más las asedio, siempre con respeto, pero con un dejo de perversión…
Esas, que se muestran ingenuas y tiernas, como el capullo de una flor a punto de abrirse al suspiro del sol…, esas me despiertan mi más profundo instinto de cazador, su lascivia y el ardiente deseo de poseerlas mucho antes que alguien pudiera posar sobre ellas la mirada.
Sin abandonar mi seductora sonrisa que no conoce las barreras, asumo un rol de truhan y recibo con agrado los honores de sentirme el mejor. No desconozco las reglas que se necesitan para construir una leyenda , sólo requiero de carisma y seducción..
Penetrar en sus mentes lentamente, como la claridad de la aurora, voy quitando de nuestra vista las sombras, como el lejano sonido de un barco adentrándose en las profundidades del océano, como las gotas de rocío, humedeciendo cada pétalo de una rosa… 
Asimismo, habré de ser la conquista de sus almas, y es que no alcanza con capturarles su atención y embelesarlas…eso es para principiantes, para polluelos aprendices de galanes.

Lo verdaderamente grandioso y subyugante ha de ser bucear en ellas, atravesando todos los laberintos    ir por su sangre hasta llegar al centro de sus corazones a la humedad de su sexo… allí, donde reinan las verdaderas y las más sublimes de las pasiones.
Me dispuse a buscar entre sábanas lo dibujado en su mente, forcé y doblegé sus fuerzas para resistir la coalición de hormonas, entre el desliz de su cuerpo, aterricé entre un audaz beso de labios hinchados por la expectación , unos endurecidos senos y unas piernas abiertas, y me recibió, como la roca espera a las olas... Intentando devorar el alma, cómo si fuese aquel último aliento. 
Que oportuna dirección señalaba mientras sujetaba sus manos sudorosas por encima de su cabeza, mis ojos clavados en los de ella , cómo si de perversión se tratase aquella belleza sublime. 
Mis ojos insisten en perder compostura, que mejor que complacer una dama en sus lujurias,  mientras derrito mi boca en su cuello, su boca entre abierta, cautiva mis instintos, disuelvo con mis labios la piel, sintiendo la hoguera, bajando hacia el infierno entre un respiro cálido, la tomo, la doy vuelta para disfrutar de su piel en la espalda, en el cuello, caderas, entre sus nalgas habidas de ser devoradas, perfecciono cada beso en la medida que alcanzo las lagrimas de su sexo, cada apretón de dientes y labios, cada lamida. Vuelvo a voltearla , para enterrarme entre sus labios vaginales, para succionar cada gota que derrama mientras regurgita el deseo
Un sin fin de notas musicales emitida por sus cuerdas vocales escapan como gemidos. Es que así cada disfrute, cada locura se arremete en ella disparando su cuerpo contra el mío, mojándola por dentro, jadeando a cada arremetida, hasta verla deshacerse entre mis manos.... entro lentamente dejándola disfrutar de la profundidad y la forma de mi sexo, me detengo y vuelvo a embestir con fuerza.. una y otra vez siendo sus dientes mordiendo mis orejas, silenciado sus gritos de deseo, hasta sentir que su cuerpo se parte bajo el mío, una y otra vez, hasta dejar de escuchar su corazón, detenido por la excitación, colgando de un abismo en la que la dejaré caer hasta rebotar sobre las colchas y la almohada.. cerrar sus ojos y dejarla ir a libre albedrío entre sus sensaciones ahogadas por un orgasmo, empujándola al fondo del abismo, y flotar entre las nubes rojas anaranjadas , cocida en sus propios jugos, su fuego, y sentir como se derrama bajo el calor de mi cuerpo sudado, mi calor, mis deseos... 
Cada una sabe lo que espera , te lo dirá en el momento menos sospechado y si no estas atento puede que lo desaproveches, pero allí está la clave : Aprender a oírlas.

Juan de Marco. Adaptación de " la mujer con cara de plato.-" De María Ferretti.

lunes, 9 de octubre de 2017

La mañana del Hostal.


Empecé a andar por los pasillos de la vieja hostería, las antiguas baldosas de la terraza roja y blanca, reflejaban el sol de oriente que rebotaba sobre ellas, desgastadas, recuperaban el brillo a esa hora de la mañana. 
Al pasar cerca de la cocina, la chica del aseo recogía las toallas del tendedero para cambiar las de las habitaciones antes del aseo, como todos los días;
Al empinarse para alcanzarlas, su delantal se levantaba hasta mostrar los relucientes muslos torneados, como si fueran lustrosas columnas de mármol, hasta la curvatura de las nalgas con delicadas lineas marcadas por las estrías.
 La miré lujurioso y descaradamente, mientras ella se empinaba  aún más, para dejarme ver la linea de su ropa interior que las apretaban haciéndolas aún más deseables. Entendió mi mirada porque no me había alejado ni 15 pasos, cuando de reojo, le vi que venía tras de mí. 
Mi dormitorio estaba en el segundo piso, me detuve, pero ella esquivando el inminente diálogo, se apuro para alcanzar las escaleras, sin dejar de mirarme directamente a los ojos y bajar la vista tímidamente. 
Lujuriosamente, buscaba el bulto que se dibujaba debajo de mi pantalón, que no sé , si casualmente, o intencionalmente, esa mañana estaba sin ropa interior buscando provocar justamente esa mirada que tanto nos gusta a los hombres.
 La sensación fue excitante, al punto que le dejé pasar para subir las escaleras detrás de ella, procurando mantener la distancia para que , los empinados escalones me dejará mirar un poco más arriba de sus muslos. 
Al sentir que la seguía , dejó caer una toalla para agacharse y ofrecerme el más hermoso de los espectáculos, unas piernas desnudas y separadas por dos escalones, y un pequeño trozo de tela que dejaba escapar unos vellos claros que se escapaban entre los elásticos... y que descaradamente fueron peinados por sus dedos para esconderlos... 
Sin pensar, quise alcanzarla con mis manos, pero volteó para mirarme nuevamente a los ojos, el mundo parecía detenerse justo en ese instante. Sus ojos estaban muy abiertos y chispeaban al brillo de la luz que entraba por las ventanas... Se acomodó el delantal, y siguió subiendo las escaleras. 
Cuando estaba a punto de cerrarse las puertas de la habitación , después del último escalón, entré tras de ella,  para cerrarla a mis espaldas.
Según cerré la puerta, me cogió de la cintura y apretó sus senos contra mi. me dijo:
- “sólo tengo 10 minutos… “
- “más que suficiente…”- respondi
Me agarró por los brazos y me hizo sentar en la cama, se arrodilló y me separo con ambas manos las piernas, sin dejar de mirarme a los ojos, deslizo sus manos hasta agarrar mi cremallera y abrirla para dejarme expuesto a ella y sus caprichos.... sólo atinó a decir
-vaya, pensé que sería más difícil-.
Con mi sexo en su mano, la olía, acababa de bañarme y la fragancia del jabón estaba en todo mi cuerpo. Un flujo cristalino salía desde adentro, como un caramelo que se derretía en el brillo de la luz, pareció volverse loca, y sin preámbulo, su lengua salió para recogerlo y untarlo en sus labios con lasciva mirada. . Aquello hizo que mi libido se disparase.
Introduje su cabeza entre mis piernas, la lengua subía hacia la corona por el tronco hasta envolverlo con sus tibios labios, sentí como la punta de su lengua recorría cada espacio de piel, luchando por tragarlo todo.
Mi sexo temblaba entre sus manos, palpitaba en su boca haciendo que mi cabeza diera vueltas en mi interior dibujando luces chispeantes, mis ojos permanecían cerrados aguantando cada embiste de sus boca, hasta que topaba en el fondo de su garganta , tan suave y lentamente , que no había caricia que se le comparase.
Saco su cabeza de entre mis piernas y me terminó de desnudar, tendiéndome en la cama. Sabía que es lo qué me iba a hacer. bajó el pantalón y mientras volvía a meter mi sexo en su boca, desabrochaba su delantal y se desvestía apuradamente. Luché por levantarme hasta hasta que logre tomarla por sus caderas y empujándola hacia un lado , la tome para acostarla de boca en el colchón desnudo. Separando sus nalgas empecé a lamer entre ellas hasta mojarla completamente, . Introduje un dedo hasta que logre juntar dos y hacer el espacio para empujar con mi sexo suavemente, empezó a gemir y ceder entre la saliva que había posado en él. Nos habíamos estado mirando cada mañana durante dos días.
No era mi primera vez que jodía por el culo, ni la suya, pero nunca de forma tan directa, sin preliminares, apenas había pasado unos segundos que había sentido un dedo en su agujero cuándo notó que una polla luchaba por penetrarla…aun estaba seca por dentro pero así y todo pujaba y pujaba, parecía una fiera atacando a un animal indefenso…aquellas embestidas era lo que ella deseaba, se sentía como una puta usada, lo jadeaba a mis oídos, procurando que no escapara de la habitación, y eso la hacia sentirse muy perra.
Al cabo de unos minutos conseguí meterla entera dentro…sentía ganas de correrme …mis gruñidos debían ser increíbles pero yo ni me daba cuenta…por cada embestida su gozo era mayor.
Giré y me eche boca arriba sobre la cama, separe las piernas y le dije: nos quedan 5 minutos…se echo encima mio y sin ningún tipo de preámbulo, ni beso, ni caricia, agarro mi polla con la mano, la encamino hacia su sexo y la dejó deslizarse suavemente hasta dentro…sus caderas empujaban como una prensa endemoniada, fue todo tan violento, que el placer y el dolor fue todo uno. La saco aliviándose la presión, mojó su sexo y volvió a meterla, esta vez sí, todo fue placer.


Mientras nos mirábamos a los ojos, sin darnos ni un solo beso, estuvo enterrándose y sacándola hasta que llegó el orgasmo. Fue intenso violento, y apretando sus dientes y labios se dejó caer sobre mi clavando sus dientes sobre mi pecho , mientras jadeaba hasta quedar rendida. Respirando y tomando aire suavemente, y con temblores en la voz, me preguntó que quería ahora, Levante sus caderas la tiré sobre la cama y separando sus piernas la embestí con mi sexo, hasta clavarme dentro de ella, empece a empujar , mientras apretaba con mis muslos los de ella, y levantandole las caderas y él culo, no me detuve hasta hasta correrme dentro, mientras le hundía la cabeza en la almohada , impidiendo que sus gritos se escucharan. Caí sobre su espalda y me mantuve dentro hasta que terminé de correrme. Sudados nos quedamos así hasta que nuestros cuerpos se calmaron, mientras temblábamos como niños.
Me subí los pantalones mientras ella se secaba toda, y sin retirar los ojos de los míos dijo:
-¿Eso era lo que quería el caballero?
-Anda vete que ahora bajo…le vi salir mientras recogía sus bragas del suelo deseando volver a follar ... sus ojos parecían pedir más, aún su corazón estaba agitado…
-Esta noche voy a ser una perra y mi marido tendrá que follarme como una puta…- Refregó la pequeña prenda en mi nariz, y besó mis labios agradeciendo todo...la puso en mi mano diciendo:
- mañana volveré por tí.-

Juan De Marco, Seducido o seductor.?

domingo, 18 de diciembre de 2016

Simbiosis y paradigmas.

Es tarde y no puedo dormir, mi corazón bombea excitado. Tu duermes semi desnuda entre las sábanas y la fragancia sale de tu cuerpo , el sudor, baña tu piel, excita mi cuerpo. Das vueltas en la cama, haciendo caer los senos de un lado a otro, como si estuvieran danzando para seducirme, tu cuerpo parece intranquilo, tu piel roza mis dedos y no puedo dejar de desearte cuando estás así.
Tu vientre respira intranquilo, ´deslizo mis dedos suavemente por tu piel, la tibieza y el sudor que siento resbalar por tu cuerpo me obliga a acercarme para tocarte apenas con mis labios y recoger las gotas que corren por tu vientre con mi boca. Te beso y no dejo de pensar en ese sabor que tantas veces he probado mientras duermes. Tu olor ahoga mi deseo por poseer cada rincón de tu cuerpo. Te beso y descubro la suavidad que tanto me estremece. Te deseo, y dejo que mis dedos me ayuden a despejar esa sensación que te intranquiliza, y aunque pareces no percibirlo conscientemente, cuando mis dedos entran por tu pequeña calzón, tu vientre danza excitado.
Estoy exhausto, pero te deseo hasta el cansancio. Siento como mis dedos se enredan en los vellos que aparecen al deslizar delicadamente esa prenda interior , hundo mi nariz hasta extasiarme entre tus piernas mientras el ritmo de tus caderas se empieza a acelerar, y tus piernas tratan de cerrarme el paso. Pero nada puedes hacer estas dormida, y mi nariz ya alcanzo la humedad que escapa de tu interior. Escucho tu susurro... nooo por favor... y dejo que mis labios te despierten besando tu sexo.
Ahora gimes y dejas que tus piernas se separen para recibir el cálido aliento que escapa de mi boca entre la humedad que ahora te desborda, jadeas aún semi dormida, pero te dejas sin reclamar y en
silencio, Tus senos se endurecen al roce de mis manos y tus pezones crecen entre mis dedos. Te deseo y no dejó de repetirlo a tus oídos. Me deslizo por tu vientre atrapando todo el sudor que me alimenta. Me detengo para hacer cosquillas en tu ombligo hasta despertarte,  el hormigueo de mi lengua recorriendo la profundidad de ese pequeño agujero que divide tu cuerpo en dos grandes placeres, tus senos y tu sexo sensible a mi deseo. Tu vientre se agita y murmura el encanto que te produce la magia de mis besos, hasta sentir como de convierte en mareas y deseos atrapados.  
Te deseo... y no dejo que tus gemidos y jadeos se detengan, para hundir mi rostro entre tus piernas y luego subir para llevar el sabor de tu deseo hasta tus labios. Nuestros labios y lengua se enredan en un placer más que divino, te entregas a mis caricias como el junco al paso del rio. 
Tus manos me empujan hacia abajo y tu boca ruega que me hunda entre tus carnes, separas las piernas para recibirme, mientras tu cuerpo tiembla y suplica. Es tarde para detenerse, y el éxtasis te hace  divagar entre el sueño y tus deseos... parece que estuvieras tan lejos cuando me pierdo en tu sexo , cuando mis labios besan tu delicada y excitada piel,  siento que levitas entre el deseo y el placer, entre la vida y la muerte, entre el paraíso y el infierno y me someto a tus caprchos que son los míos. 
El silencio se apodera de todo, estás a punto de explotar, y buscas mi sexo para aferrarte a él, lo agitas

y cuando estás a punto, lo llevas a tu boca y sientes como me corro y te dejas llevar por el éxtasis formando una simbiosis perfecta, única y dejamos que nuestros jugos fluyan alimentándonos de ellos mutuamente, hasta develar los paradigmas más profundos del deseo de convertirnos en un sólo ser, y fluir cada uno por separado de nuestro éxtasis...
Luego , volvemos a separar nuestras mentes para dejarnos batir por el sueño , mientras nuestros cuerpos se acarician , despejando la inquietud que nos había mantenido inquietos momentos antes de poseernos. 

Don Juan De Marco, tranquilizando el alma. 

sábado, 8 de octubre de 2016

Mis juegos con Elena, (una vez cuando niños).

Cuando su cuerpo salió del agua, las telas de sus bragas se habían adherido a su sexo llano y puro. Mi ojos no querían alejarse de esa hermosa visión... sus brazos se cruzaban cubriendo sus nacientes pechos, y dos casquillos empezaban a brotar. El frío le hizo pedir que le abrazara, sin lugar a dudas, lo más exquisito que había he hecho en mi vida. Y nos fuimos recuperando del frío, a la espera de que nuestra ropa interior se secara, con el poco sol que iba quedando.
Sus dedos empezaron a juguetear con su sexo, y sus piernas se fueron abriendo al baile de sus dedos, yo estaba extasiado. Su rostro, no se, si se desfiguraba o tomaba la forma más exquisita que había visto. Ese Brillo en sus ojos, y la delicadeza con que lo tocaba, cada movimiento parecía suceder en otra dimensión. Sus dientes se dibujaban apretando sus labios y su rostro se fue languideciendo de a poco, sus ojos se cerraban a cada caricia que ella le daba a su sexo. Sus pequeños pezones se disparaban y sus pechos se redondeaban. Su vientre dibujaba bellas figuras serpenteantes. Los gemidos eran dulces ronroneos. 
Su espalda se apoyó sobre mi, y su calor fue mojando mi cuerpo...el ritmo de su corazón era increíble, ese olor que sentía en el aire me envolvía. Llevó uno de sus dedos a mis labios y me hizo probar y oler, yo reía nervioso pero encantado de su fragancia... de pronto, su cuerpo se dobló y un gemido se ahogó entre sus labios, su cuerpo temblaba como una hoja en otoño queriendo escapar de las ramas, y tendiéndose sobre mis rodillas me pidió que agitara mi sexo hasta que yo sintiera lo mismo... a los pocos instantes, el semen brotó entre mis dedos saltando lejos, y parte de él, cayendo sobre sus manos que me acariciaban las rodillas... Ambos nos sorprendimos del resultado de ese juego... y se quedó mirándome a los ojos un poco asustada...
Con eso, que parecía denso al tacto entre sus dedos... luego una risotada saltó en el aire ... y ella se llevó los dedos a la boca para probar su sabor...

Juan De Marco

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