Seducidos

sábado, 8 de octubre de 2016

El último Deseo.


Las piernas separadas de Andrea, clamaban mojadas. El ying y el yang en perfecta armonía, buscaban sus sexos, ambos estaban bebiendo la energía del otro mientras sus cuerpos se dejaban beber mutuamente. Los que se convertían en lágrimas de deseo al engullirse. Ella, al deslizar sus labios por el duro miembro erguido por las venas llenas de sangre, él, entregado a los de ella, que engullía como una fruta jugosamente abierta por sus caricias y el juego de sus labios. 
Cada embestida de su boca, iban doblando las rodillas de Marco , quién la sujetaba en andas sobre sus hombros, hasta que por fin liberaron todas sus bendiciones en la boca de Andrea, la que al sentir el caliente zumo que escapaba y la enmudecía, caía extasiada sobre el frío suelo de roca, dejando abiertas sus piernas para ofrecer su cálido interior santificado por las promesas de fidelidad y sacrificio. Al despertar del éxtasis, sintió como el sexo duro de Marco le poseía. Angustiada por el deseo que sentía, dejó que su cuerpo bañado en fluidos, se entregara a la intensa penetración, y abriendo sus labios gimió su nombre:
-Marco......
Los delicados y celestiales movimientos en su interior, fueron sofocando su corazón, y entre contracciones y gemidos el aire se fue de su vientre para explotar en placer, espasmos y jadeos.... hasta que su corazón se detuvo para siempre...


Juan de Marco

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En mi jardín el deseo no tiene límites.