sábado, 8 de octubre de 2016

La espera...

Me aferré a tus nalgas, mientras tus dedos, lo acomodaban entre los muslos, duro y desafiante... no decías nada... Mi sexo buscó entre tus labios vaginales, sin entrar, sólo resbalando entre tus carnes, dibujando cual pincel, lo resbaladizo de tu sexo, el que acoplado a mis deseos, resbaló por la vertical mojada hasta rozar el fruto almendrado que guardabas dentro, que ya se disparaba endurecido por las caricias... El vaivén de mis caderas acompañaba las delicias del  deleite que sentías.  Untado en tus fluidos, fue mojándose entre tus piernas apretadas, bañando de  húmedad tu piel mojada.
 La sensación exquisita que sentía, luego de la larga espera, hacía que lo resbaladizo del sendero, endureciera e hiciera palpitar mi cabeza  que fue llenándose de sangre para satisfacer el deseo que te consumía ... El baile frenético de mi cuerpo fue anunciando en húmedos fluidos, el fin de unos meses sin tocarnos. Tus nalgas se pegaron a ese ritmo de locura y frenesí, levantando tu pierna sobre mis caderas, permitiste el paso para desapareciera dentro, apoderándome de tu deseo, y palpitando, hizo que este reventara derramando el viscoso néctar entre tus piernas, las que no dejaron de moverse empapadas por la excitación, hasta clavarse la punta fuerte empujando tu clítoris deliciosamente para derramarte conmigo adentro...

Juan De Marco

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En mi jardín el deseo no tiene límites.