Con el rostro cubierto por el sudado pañuelo, dejó que sus mantos cayeran a la arena.. denudo frente a la mujer, que perdida en el desierto no dejaba de preguntarse por qué un hombre tan moreno le seducía sin siquiera imaginar su rostro...pero su cuerpo desnudo prendía en deseo al verlo a sexo desnudo y pechos cubiertos de vellos rizados tan negros como la noche, unos pulmones que no dejaban tranquilo esos pechos donde las gotas de sudor corrían por las tetillas saladas que apagaban la sed. A besos fue bebiendo del sudor del beduino, mientras este se contoneaba de deseo y dejaba escurrir sus manos bajo las faldas de aquella turista, que no pensaba en nada más, que descubrir, a que sabía el cuerpo salvaje, de aquel extraño amante, surgido de las arenas candentes del abandonado desierto que le escondía a los ojos de las mujeres, que en esas arenas se perdían. Esos ojos negros que no dejaban de mirarla fijamente a los ojos...las calientes manos del beduino, sabían cómo excitar con sólo apretar aquellas nalgas semi desvestidas por los dedos del extraño amante vestido de negro en sedas traídas de oriente.Y la llevo a su choza en medio del desierto para que ella descansara. 
Ella lo esperaba a que volviera. Esa anciada espera que te va mojando por dentro, que va disparando tus pesones hasta alcanzar la dureza plena, que hace de agua los labios del beduino, mientras te imagina desnudo parada en el portal. Ahí , abrigada por la luz que se cuela entre las rendijas de la vieja puerta, aquella que el sol se va comiendo al pasar de los años.... sus piernas tiemblan mientras sus dedos buscan liberar la pasión contenida entre esos pliegues que exudan un aroma intenso, mientras por sus muslos corre el testigo del deseo. Ser alcanzada por los dedos salvajes del moro, que no dudaran en abrir sus labios vaginales, para huntarse de miel crisálida, espesa y profunda, arrancada de sus entrañas, por la pasión oculta del beduino, que desnudo golpeará tu puerta para hacerla suya, allá lejos quedaran las arenas muertas y doradas del desierto que alguna vez abrigó la soledad...
...Al entrar en la habitación, seguido por la arena del desierto, la morena dormida dejó que le cubriera el cuerpo del beduino... abrió sus piernas esperando que la lengua candente le abriera sus labios, y sin decir palabra, dejó que sus gemidos llenaran los aposentos donde eternamente había recogido la pasión del solitario cam
inante... una y otra vez su vientre se remeció, creando oleadas, que iban recogiendo el sudor que liberaba el sexo morisco que le penetraba. Gemidos, contraciones involuntarias jamás imaginadas.... Demencias de poseción, súplicas de besos y poderosos brazos que la mantenían fundida entre las sabanas.... Las fragancias del caminante se apoderaron de su existencia, y fueron liberando el codiciado néctar que él recogía con regocijo entre sus labios ... y la fué bebiendo, hasta que ésta , alcanzada por los orgásmos que tanto disfrute generaban, dejó de jadear para congelar su figura en la oscuridad de la choza cubierta de aromas a sexo y encierro, para romper en llantos de goce y placer, derramando todo lo que había dentro de ella...Luego, montando las caderas del moro, le cabalgó para hacerlo explotar en sus entrañas para llenarse de él ... Gozo eterno e infinito..."De Las Memorias de Don Juan De Marco































































