Despertares.

La primera vez tenía diez años, en el instante en que mi vista se posó en su figura desnuda, mis orejas ardieron despertando la lujuria, todo mi ser se estremeció de goce. Corrió la sangre y se me hincharon las ingles como impulsadas por el huracán que rodó rio abajo. 
Aquella parte inocente de mi ser, estaba a punto de estallar y esperó a que la utilizara como una gárgola, con un ardor que nunca había sentido, apenas  rocé sus pezones duros, después de recorrer la blanda y blanca redondez de sus senos, bases temblorosas llenas de vida donde colgaba un medallón barato e insignificante . Acusándome por mi ignorancia, jadeó indignada mientras gemía y se mojaba. 
Mis manos, de forma inconsciente, iniciaron su embestida, algo que nadie les había enseñado. Sentí que algo secreto emergía con paso angustiado, para ahogarme desde dentro. Estalló y trajo consigo un estasis  cegador cargado de electricidad esparciéndose por mi cerebro. 
Fue mi primera eyaculación, y también el principio, torpe y totalmente imprevisto de mis despertares.
Hoy, su sexo y sus senos vagan por mi mente aún sacudiendo mi cuerpo cuando estoy excitado.



                                                                                                             
Rodrigo Fuster. 


Fuego en las palabras. Otros relatos

Comentarios

  1. El recuerdo de las primeras veces. Lleno de erotismo y cierta torpeza del protagonista. Real como la vida misma. Gracias por participar.

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En mi jardín el deseo no tiene límites.

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