Seducidos

martes, 20 de septiembre de 2016

El juego de los Cisnes.

Al entrar en la habitación, sentí el vapor del baño inundándolo todo, acababa de bañarse y estaba acostada boca abajo en la cama, y enredada entre las sabanas desnuda, la mirada perdida en la luz que entraba por la ventana mirando hacia la cabecera de la cama, me daba la espalda y en consecuencia no podía ver sus ojos. Acostumbraba masturbarse cuando estaba a solas. Entonces me pidió que le levantara un poco la cola y pusiera una almohada de plumas bastante abultada a la altura de su pelvis y que me sentara en el sitial a los pies de la cama, que no la detuviera, que le excitaba que le mirara. Sabía bien lo que tenía que hacer. Con el culo un poco arriba paso su mano por debajo del vientre hasta que sus dedos alcanzaron la fuente del deseo.Metió su mano entre las piernas e introdujo sus dedos suavemente en su sexo, como le hace el cuello de un cisne al hundirlo en las aguas para alimentarse. Acariciaba suavemente sus labios vaginales agitando su piel , exactamente como el cisne las aguas. Comencé a masturbarme al tiempo que percibía como ella subía la temperatura a la cama. Aumentó el ritmo cuando percibió lo que hacía, percibía mi aliento agitado, luego la perdí, ella parecía desaparecer para mi y se sumergía en sus sensaciones olvidando casi que le miraba. Le hice cosquillas con mis dedos sobre su espina dorsal bajando delicadamente desde su cabeza hasta la baja espalda, su reacción fue arquearse aún más, lo cual hizo que su culo quedara más arriba, duro y redondo apoyado delicadamente sobre el plumón. Mis manos se posaron sobre sus nalgas abriéndolas despacio, apoyando los pulgares bien al borde del agujero rosado y contraído, para abrirlo al máximo posible, súbitamente le dejé sentir mi lengua recorrer toda la piel que le rodeaba, logrando contraer sus músculos suavemente, llenando por completo su cavidad con mi saliva. Este primer lamido, franco y pleno, le hizo gemir con exquisita ternura, era una niña consentida que se dejaba querer melosamente.
Continué con ellas haciendo serpentear mi lengua por sobre todo su rosado y delicioso paraíso de una forma ardiente, como si estuviera probando el más delicioso de todos los bocados. Sus dedos, no dejaban de entrar y salir de su sexo, danzando sobre el pequeño pedazo de seda que brotaba de entre sus labios empapado por el accionar de sus caricias, hundirlo y peyiscarlo suavemente con sus dedos.
Luego de un rato, puse mi dedo medio bien en punta y comencé a ejercer presión en la puerta de su rosado agujero. Su mano empapada de los fluidos, acariciaba mis dedos esparciendo el néctar que arrancaba furioso de su sexo, hasta que mis dedos estaban tan suaves y untados, que al presionar nuevamente sobre el agujero, cedió suavemente a mi bombeo y masaje delicado, permitiendo la entrada suave, y casi por completo.
Acompasado a la masturbación de sus dedos, los movimientos de los míos, hacían que la misma entrara y saliera ejerciendo en cada exploración más y más presión, lo que lograba, era ponerla más caliente, excitada a más no poder, gemía y jadeaba como tragando todo el aire de la habitación. Ya no solo se masturbaba frenéticamente, sino que ahora levantaba la cola más alto presionando aún más la profundidad que podían alcanzar mis dedos.Imploraba profundidad. Se dilato como si toda su vida hubiese estado esperando ese dedo.
Mientras sentía el dedo deslizarse por completo hacia su interior, inmediatamente comenzó a empujar sus nalgas hacia mi mano, acoplando el ritmo perfectamente a la masturbación que llevaba con su mano, aceleraba el ritmo.-"Si por favor. Así, no pares".- suplicaba, mientras yo empujaba con más fuerza, totalmente abandonada al placer, mientras sentía una bola de fuego crecer en su interior que le anunciaba, el mejor de los orgasmo. Ella continuaba cada vez más rápido con su festín cuando de golpe no aguantó más y acabó con todo su ser en un orgasmo lleno de espasmos y gemidos que parecía no tener fin. Sostuve mi posición aprovechando el placer que sentía hasta el último instante, apretando hacia adentro mientras su agujero se contraía y abría junto con los espasmos mientras gimoteaba de placer cayendo agitadamente sobre las sabanas revueltas por el juego que acababa de tener. Retiré el dedo suavemente de su interior, procurando no detener sus orgasmos, ni crearle dolor. Completamente agotada y feliz se dejó caer sobre la cama nuevamente empapada de sudor, con risa agitada y temblores que seguían batiéndola como una gelatina. Aún con el culo apoyado sobre el plumón, podía ver como se contraía el agujero tras cada nuevo orgasmo, uno tras otro, y sin pensarlo mientras ella cerraba sus ojos y trataba de volver a la calma, bajé la bragueta de mi pantalón, apoyando mi sexo sobre él y hundiéndole despacio, hasta introducir la la morada cabeza que succionado por las contracciones, no tardó en derramarse por la excitación haciendo aún más agradable sus orgasmos mientras me enterraba suavemente en ella.
Y ahí quedamos, uno dentro del otro tirados sobre el plumón recuperando el aliento de tan insinuante juego.

Juan de Marco ... el juego de los cisnes.

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En mi jardín el deseo no tiene límites.