lunes, 19 de septiembre de 2016

Hazme morir... (La última noche con Medea).

"Sólo sentí sus gemidos entre los vibradores, cuando entre, ella estaba agazapada y con sus manos atrapadas entre sus piernas, la vi temblar y quebrarse entre jadeos, chasquear su deseo. Agitada, gritaba entre dientes, ven aquí, aprovecha la humedad de mi cuerpo, la sabia que corre entre mis piernas, ven, desnúdate sin pudor, déjame verte mientras lo veo crecer, calmará mi noche. Hazme, morir.


Sus nalgas y senos se movían al compás de una danza salvaje, eran retorcidos por sus propias manos. El calor entre piernas, sus dedos no dejaban de entrar y calar profundo mientras yo me desnudaba para ella.Cuando lo estuve completamente, me acerqué a ella y sin palabras de buena crianza, sólo abrió sus piernas y pidió que la devorara... fue ahí donde descubrí que entre sus manos, el consolador de particular color, salía de dentro de ella, para entregarlo mojado, y listo para ser usado en cualquier momento.... no necesitaba nada, ya estaba temblando antes que mi lengua siquiera la rozara, y empapado lo pegó a mi boca apretando mi cabeza hacia sí, y enloqueció en gemidos, sus jugos me ahogaban, estaba tan mojada, que no deje de beberla hasta que sus piernas se cerraron sobre mi espalda y se sumió entre lamentos y gozo.


Antes que lograra impedirlo, enterré profundamente mis caderas entre sus piernas hundiendo toda mi humanidad en ella, empujando su placer al límite, al llanto, a gritos y palabrotas vulgares, que escapaban de su boca.. gemía como una gata herida y se doblaba para enterrarse aún más.... no pude contener mi excitación y me desvanecí entre sus piernas soltando todo el néctar dentro de ella, expulsado a chorros.... y salí de ella para soltar el segundo aliento sobre su vientre, dejando que mis dedos le siguieran consintiendo placeres mientras se desvanecía sin decir palabra... su cuerpo cayo inerte, parecía suspendida en el aire, sin soltar sus piernas amarradas entre si tras mi espalda y unas manos unidas en oración y suplica, le cerraron el paso a mis ganas pidiendo clemencia, mientras soltaba a delicados chorros todo lo que yo había dejado dentro...


Una vez su cuerpo calmo, le fui comiendo a sorbos cada milimetro de piel mientras sus carnes temblaban.. Luego deje mi sexo apoyado suavemente en sus labios, dejando que se alimentara de mis restos de deseos ... Ya estaba lejos, levitando entre el éxtasis y el placer de haberme hundido en el juego que sin mi había empezado".

Juan De Marco... Del Falo y la Berenjena ...

http://pasionesdemedea.blogspot.cl/2011/04/el-falo-y-la-berenjena.html

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1 comentario:

  1. ¡Extraordinario! Un relato francamente bueno, muy sensual y con una atmósfera envolvente.

    Un saludo.

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En mi jardín el deseo no tiene límites.