miércoles, 18 de octubre de 2017

El deseo...

El hombre de esta historia podría ser uno de los tantos a los que todos conocemos en su arquetipo de “Don Juan”, pero no, soy Juan De Marco y se lo que quieren y lo que quiero. Favorecido por la madre naturaleza, dotado de una demoníaca pasión, capaz de cautivar con una sola mirada a la más indómita criatura humana. Conocedor de esos poderes , juego con la destreza de un alquimista a enamorar sus almas. Cuanto más se resisten, más las asedio, siempre con respeto, pero con un dejo de perversión…
Esas, que se muestran  ingenuas y tiernas, como el capullo de una flor a punto de abrirse al suspiro del sol…, esas me despiertan mi más profundo instinto de cazador, su lascivia y el ardiente deseo de poseerlas mucho antes que alguien pudiera posar sobre ellas la mirada.
Sin abandonar mi seductora sonrisa que no conoce las barreras, asumo un rol de truhan y recibo con agrado los honores de sentirme el mejor. No desconozco las reglas que se necesitan para construir una leyenda , sólo  requiero de  carisma y seducción..
….Penetrar en sus mentes lentamente, como la claridad de la aurora, voy quitando de nuestra vista las sombras, como el lejano sonido de un barco adentrándose en las profundidades del océano, como las gotas de rocío, humedeciendo cada pétalo de una rosa… Asimismo, habré de ser la conquista de sus almas, y es que no alcanza con capturarles su atención y embelesarlas…eso es para principiantes, para polluelos aprendices de galanes. Lo verdaderamente grandioso y subyugante ha de ser bucear en ellas, atravesando todos los laberintos, ir por su sangre hasta llegar al centro de sus corazones a la humedad de su sexo… allí, donde reinan las verdaderas y las más sublimes de las pasiones.

Me dispuse a buscar entre sábanas lo dibujado en su mente, forcé y doblegé sus fuerzas para resistir la coalición de hormonas, entre el desliz de su cuerpo, aterricé entre un audaz beso de labios hinchados por la expectación , unos endurecidos senos  y unas piernas abiertas, y me recibió, como la roca espera a las olas... Intentando devorar el alma, cómo si fuese aquel último aliento.  

Que oportuna dirección señalaba mientras sujetaba sus manos sudorosas por encima de su cabeza, mis ojos clavados en los de ella , cómo si de perversión se tratase aquella belleza sublime. 

Mis ojos insisten en perder compostura, que mejor que complacer una dama en sus lujurias,
mientras derrito mi boca en su cuello, su boca entre abierta, cautiva mis instintos, disuelvo con mis labios la piel, sintiendo la hoguera, bajando hacia  el infierno entre un respiro cálido, la tomo, la doy vuelta para disfrutar de su piel en la espalda, en el cuello, caderas, entre sus nalgas habidas de ser devoradas, perfecciono cada beso en la medida que alcanzo las lagrimas de su sexo, cada apretón de dientes y labios , cada lamida. Vuelvo a voltearla , para enterrarme entre sus labios vaginales, para succionar cada gota que derrama mientras regurgita el deseo

Un sin fin de notas musicales emitida por sus cuerdas vocales escapan como gemidos. Es que así cada disfrute, cada locura se arremete en ella disparando su cuerpo contra el mío, mojandola por dentro, jadeando a cada arremetida, hasta verla deshacerse entre mis manos.... entro lentamente dejandola disfrutar de la profundidad y la forma de mi sexo, me detengo y vuelvo a embestir con fuerza.. una y otra vez siendo sus dientes mordiendo mis orejas, silenciado sus gritos de deseo, hasta sentir que su cuerpo se parte bajo el mío, una y otra vez, hasta dejar de escuchar su corazón, detenido por la excitación, colgando de un abismo en la que la dejaré caer hasta rebotar sobre las colchas y la almohada.. cerrar sus ojos y dejarla ir a libre albedrío entre sus sensaciones  ahogadas por un orgasmo, empujándola al fondo del abismo, y flotar entre las nubes rojas anaranjadas , cocida en sus propios jugos, su fuego, y sentir como se derrama bajo el calor de mi cuerpo sudado, mi calor, mis deseos... 

 Cada una sabe lo que espera , te lo dirá en el momento menos sospechado y si no estas atento puede que lo desaproveches, pero allí está la clave : Aprender a oírlas.


Juan de Marco. Adaptación de " la mujer con cara de plato.-" De María Ferretti.

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En mi jardín el deseo no tiene límites.