lunes, 23 de octubre de 2017

Mary de Venus

...y frente a ella, tan llena de contradicciones y recetas para huir de mi, me acerqué mirándola a los ojos, puse mi dedo para hacerla callar entre sus labios y baje lentamente el dedo por el cuello buscando la profundidad de su escote. Ella trataba de seguirlo con su vista, pero al entrar en su escote, elevo su mirada a las alturas dejándose llevar por el momento... sus defensas estaban quebradas, subí por los tirantes de su vestido, y con un ligero movimiento, deslice la tela por sus hombros hasta ver caer el vestido frente a mis ojos. Sus senos estaban indefensos, y una lagrima de sudor corría desbocada hasta caer por su escote, hasta perderse libremente entre sus senos.
 Mi mano no tardo en bajar deslizándose por su piel hasta medir la copa de sus pechos, mientras ella cerraba los ojos para dejar desnudo e indefenso su cuello para que bajara con mis besos. La atraje hacia mi, y tomándola de las caderas, ayudándome con mis dedos que engarzaban su sexo , juntamos el salvaje juego de dos genitales que querían ensamblar a dos furtivos amantes deseosos de lujuria y deseo.
 Lo demás fue unas piernas que se amarraban a mis caderas, haciéndome sentir único entre todos los que estaban en ese estudio, un suspiro, y luego un cuerpo en vilo que caía estrepitosamente entre las sabanas de raso negro, dos manos que desanudaban mi corbata y se apuraba en jalar de los botones despejando el camino para que sus manos se hicieran dueñas de mi, pero aún quedaban unas cartas bajo la manga, y no haciéndola sentir la dueña de la ocasión , baje con mi boca por su cintura saboreando cada espacio de piel desnuda, hasta perderme entre sus piernas... la habitación fue ahogada de gemidos... vi como su vientre se batía en oleajes de  angustia , mientras sus deseos se convertían en su peor enemigo. Mi boca se convirtió en un tormento para su sexo y sentí como se desvanecía entre mis labios.. el juego había empezado y era tarde para volver atrás. Nada que hubiese planificado para no rendirse a mis embestidas daba resultado, su cuerpo se movía paralelo a su mente, y nada evitaría el orgasmo que se venía...

Juan de Marco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

En mi jardín el deseo no tiene límites.